Narrador omnisciente:
Los hermanos Elric junto con la princesa de Asmestris caminaron muy poco al subir una pequeña montana encontraron un pueblo, humilde, acogedor, que al parecer estaba "casi" perdido en el mapa.
—¿Qué es lo que sucede? —le preguntaba Edward a la princesa.
—Nunca había visto nada parecido... —le respondía ella asombrada y mirando todo su alrededor.
—Tal vez si lo habías visto, pero desde un carruaje, o en el mapa, o no lo sé! Tal vez es porque no te han reconocido.
—Bueno con este disfraz... —tomaba su vestido con sus manos.
—¡Si lo sé! ¡Hice un buen trabajo! —se señalaba a sí mismo y levantaba la cabeza con orgullo.
—¡Oye! ¡No seas tan presumido! —negaba con la cabeza.
—Eso es como decirle a un rio que no corra. —opinaba Alphonse susurrando.
—¡Hou! —se detenía en seco— ¡Jajajajajaja! —explotaba en risas.
—Ya vasta —decía Edward. ¡Gotita al estilo anime!
—Que te sucede? No te enojes, no es para tanto! Solo era una broma! —trataba de suabisar las cosas la prinsesa sorriendo.
—Como que no es para tanto!? —gritaba Edward enojado.
Y así los dos: el alquimista de acero y la princesa de comenzaron una pelea. Alphonse miraba siendo imparcial, pero aun seguían caminado. Todos los miraban, no era natural ver a personas nuevas en el pueblo, llegaron a la plaza comercial, muchos los miraban y encontraron un volante en uno de los postes del centro de la plaza.
Lo escrito en el volante: —se le pide de favor al alquimista de acero Edward Elric reportarse lo más pronto posible a la oficina militar de este u otro pueblo. Att: el coronel general Roy Mustan, el alquimista de fuego. —
Cuando Alphonse vio el volante lo tomo y trato de llamar la atención de su hermano junto con la de la princesa, a Edward se le había pasado por alto al tratar de ganar la pelea. Les tomo un poco de tiempo pero al final todos se dirigieron a la oficina militar de ese pueblo.
—Buenos días en que podemos... —decía monótonamente una secretaria antes de ver a una armadura de 3 metros entrar por la puerta— ¡Es el alquimista de acero! —grito y todos corrieron a verlo.
Todos querían estrechar la mano del que suponían, era el famoso alquimista estatal.
—Este... yo no soy... ¡es mi hermano! —decía Alphonse con un circulo de personas alrededor.
—¿Tu eres el alquimista? ¡Pero si eres un enano! —le decía la secretaria señalándolo.
—¿¡QUE!? —gritaba Edward.
—¡Tranquilo! ¡Tranquilo! ¡Cuando estés enojado cuenta hasta tres y recuerda que matar es ilegal! Je-je-jee-jeee... —le decía la princesa colocándose enfrente de él para tratar de detenerlo.
—¡Bien! —decía Edward con un puchero en el rostro y después de alguno segundos se calmó— Estamos aquí por el coronel general Mustan! —decía con voz firme.
—¡Oh sí! —afirmaba la secretaria juntando la manos y asintiendo con la cabeza— ¡El paso dejando esos volante por todos los pueblos cercanos! Parece ser que los buscaba con urgencia.
—¿En donde se encuentra? ¿O... en donde podemos encontrarlo? —preguntaba Edward.
—Esperen un segundo lo llamare por teléfono. —sonreía— ¿Gustan comer algo? —preguntaba amablemente.
Se le iluminaron los ojos a Edward al escuchar esas palabras— ¡¡¡COMIDA!!! —gritaba levantando las manos hacia el cielo.
—No es para tanto... —susurraba la princesa.
Pero no tuvo que pasar mucho tiempo cuando la puerta de la oficina militar se abrió de golpe y el coronel Mustan entro a paso veloz, tomo a Edward por el cuello del abrigo y salió sin decir ninguna palabra. Nadie estuvo en contra, pero los tres chicos subieron al auto, ya que no dudaban que el alquimista de fuego los matase (metafóricamente) en cualquier momento.
—¿Edward, que rayos le hiciste a la princesa!? —preguntaba Mustan.
—E-Es un disfraz... —tartamudeaba un respuesta.
—Solo lo preguntare una vez. —decía calmado con un dedo en su frente y algunas venas de su cabeza palpitando— ¿¡EN DONDE ESTABAN!? —gritaba con todas sus fuerzas y casi empujaba a los tres chicos.
Nadie respondió, ni hablo durante las siguientes horas del viaje, todos esperaron a que las cosas se suavizasen.
(...)
Y después de algunos kilómetros, llegaron a la primera parada de su viaje, Youswell. Aun que debieron haber llegado un día antes, el coronel general sentía un alivio al haber llegado. Ahora tenía reportar a sus superiores el retraso.
Y cuando bajaron del auto; los últimos fueron la princesa y Mustan.
—¿Crees que con ese retraso, o retrasando la misión, te salvaras? —preguntaba.
La princesa no respondió.
—Recuerda cual es el motivo de esta misión y su importancia, como puedes pensar en ti misma y no en tu pueblo, recuerda con quien está tu lealtad y que te ha sido encomendado. —decía saliendo del auto.
Mustan era siempre serio y muy patriota.
—Justo lo que esperaba de un perro del ejército... —susurraba la princesa, agachando la cabeza, apretando los puños y dientes, mientras aguantaba las lágrimas.
Un baldazo de agua o más bien, de realidad.
Continuara...............................
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FMA: el alquimista y la princesa!
FanfictionEsta es la historia que fue omitida en el anime. En ciudad central en el año 1915 a un alquimista le fue asignada una misión. La mas importante de su tiempo: trasladar a la hija del rey de Amestris. La misión era de suma importancia y gran peligro...
