Capítulo 3: Noche en el aeropuerto.

2.6K 122 18
                                        


Me encontraba sola en uno de los asientos del aeropuerto, habíamos llegado con 20 minutos de retraso, desde entonces ha pasado una hora y no hay señal de mis abuelos.

No quisiera revivir el momento en el que el pequeño Sam tomo su propio camino, cuando tuve que despedirme de él y tratar de contener las lágrimas.

En la vida, muy pocas veces conoces a gente tan especial a la que no se necesita más que un simple - Hola - para abrirle por completo tu corazón, darle toda tu confianza, y cuando se aleja, sentir que nada volverá a ser igual. En mi caso, es más complicado ya que estoy hablando de un niño de 11 años, pero tal vez el niño más especial que jamás conocí.

Puedes conocer a miles de personas, de las cuales menos de la mitad valen la pena, pero a la hora de decidir quien estará al lado tuyo para apoyarte, nunca sabemos escoger a las correctas.

¿Como es que puedes elegirlas si se van tan rápido de tu vida? ¿Como podrás aprender de ellos, si no tienes el tiempo suficiente para conocerlos?
¿Qué es lo que debí aprender de Sam?

Tantas preguntas y muy pocas respuestas.

Después de esperar más de 2 horas, disidí acomodarme en los asientos que estaban frente a la puerta de entrada para así ver a mis abuelos llegar.

Trate de ponerme lo más cómoda posible, tenía el extraño presentimiento de que no iban a venir así que extendí mis piernas en dos asientos, saque un abrigo de mi maleta y lo acomodé en mi cabeza.

En California el verano es la época más calurosa del año, pero en Londres es todo lo contrario, si no fuera por el abrigo que mi madre me había comprado antes de decirme que vendría a visitar a mis abuelos, me estaría congelando.

Mi vestimenta tampoco era muy adecuada, llevaba puesto unos pantalones cortos y una playera de tirantes, jamás pensé que necesitaría mas, pero agradecí que mi mama insistiera en comprarme ropa de invierno.

Antes de volver a acomodarme en los asientos, decidí ir al baño a cambiarme de ropa, opte por unos pantalones de piel color negros que parecían bastante cómodos, cambie mis converse rosas por unas botas de peluche muy cálidas, y por último cambie mi delgada polera por una más gruesa que cubría mis brazos enteros.

Regrese al mismo asiento y volví a acomodarme, ahora si estaba más adecuada ya que el frío había desaparecido con tanta ropa que llevaba encima.

Pero hubo algo que no pude evitar, el sueño estaba matándome y pensé que no me haría daño cerrar los ojos por un tiempo y descansar, al instante me quede dormida.

* * * * * *

- La vida es un asco, me refiero a que cuando tratas de dar lo mejor de ti la gente no lo aprecia, es como si vieran todo lo malo y no le prestarán atención a las cosas buenas, ¿puedes entenderme? -

Mis ojos empezaban a abrirse.

- Claro que no, ¡ni siquiera me oyes!, estoy hablando solo, como un idiota.-

- ¿Podrías callarte?, intento dormir.-

Dije inconscientemente, estaba tan dormida que no me di cuenta que aún seguía en el aeropuerto, creí estar de nuevo en casa.

Me acomode en el asiento hasta volver asentarme y me percate de que un chico desconocido me miraba apenado.

- ¿Quien eres? - pregunté extrañada.

- Perdón, no quería despertarte.-

Abrí y cerré los ojos para comprobar que no estaba alucinando o aún seguía dormida, pero no, había un chico sentado frente a mi, hablando sólo y a la vez conmigo.

The Gibson Studio |Editando|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora