Concubinato con Soledad

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Sonreí con ella,
platiqué con ella,
dormí con ella,
soñé con ella.

Ella jamás se fue,
ella nunca me abandonó,
ella me ayudó,
me ayudó, a no caer, y sí lo hacía debía levantarme.

No comprenden de qué hablo
no terminan de aceptar que la amo,
amo estar con ella,
la adoro.

Lo que odio es sentirla,
aquí,
muy dentro,
dónde no se puede sacar,
allí dónde mis manos no llegan,
aquél lugar en el cuál mi ser es inútil.

Sabanas Negras Y Una Almohada Roja ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora