Empolvada sonrisa vieja

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Lanzo mi brazo,
al otro lado de las sabanas,
vacías oliendo a desdén,
anhelando la estadía,
de una parte de mí,
que ya no está,
se marchó,
dónde el odio aleja,
y las mentiras desgarran besos.

Desperté sin aroma,
«faltabas»,
no logro entender el porqué,
mañanas carentes,
distantes de tacto nuestro,
privado de risas tuyas,
abandoné las memorias retenidas,
al sonar nuestra última nota,
mientras reposo en sábanas frías.

No queda de aquello,
de esto mucho menos,
entonces... ¿Qué somos?
Vacíos hambrientos de llanura,
inmpiadosos con cara dura,
somos todo y nada,
poesía apócrifa,
una historia censurada,
somos dioses de verso y prosa.

Sabanas Negras Y Una Almohada Roja ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora