¿"En verdad haría eso?" Se preguntó una vocecita dentro de mi cabeza. "¿En verdad era capaz de besar a Liam?"
No había pregunta que contestar en ese momento, nada que en realidad importara, solo el hecho de que mis labios estaban a dos centímetros de los suyos.
Yo cerré los ojos, mientras que esperaba a que algún mínimo tacto en mi labio se sintiera, pero no. En lugar de eso, sentí como besaba mi frente.
Abrí los ojos de sopetón, preguntándome que había sucedido. Estábamos cerca, tan cerca de ese contacto, ese primer beso, solo 2 centímetros, ¿Como se pudo arrepentir a los 2 centímetros? Sin ninguna respuesta, me separé de el decepcionada, mientras que el soltaba mi mano y mi rostro. Volvió su mirada hacia el frente.
- mañana paso por ti a las 7:30. - dijo frio, eh indiferente. - por favor, lista a esa hora.- yo solo asentí la cabeza, mientras que todo eso que mi corazón había subido, se desplomo haciendo que se aplastara contra el suelo, matando mis vagas esperanzas.
Sin más que una enorme tristeza sobre mi espalda, bajé del coche, y cerré la puerta del copiloto.
- Sueña bonito. - dijo el asomándose por la ventana de mi lado.
- Tu igual. - dije una falsa y mal pagada sonrisa. Lo último que vi de Liam esa noche, fue su coche alejarse carretera abajo.
Entré al edificio, con la llave que Mona me había entregado el primer día En New York. El sonido de la desactivación de la alarma sonó. Yo pasé, y cerrando la puerta del edificio con cerrojo, el sonido de activación para la alarma contra ladrones sonó otra vez.
Desanimada, subí a rastras las escaleras, con unas enormes ganas de llorar. ¿Por que se abría arrepentido a punto de que nuestros labios se tocaran? Entonces, lo analicé un poco mejor, y caí en la conclusión de que quizás yo había imaginado todo. Quizás esos sentimientos eran cosas con las que me quería ilusionar. Tal vez aquellos halagos no fueron más que eso, simples halagos que se los pudo haber dicho a cualquier mujer que encontrara en la calle. Me auto ilusionaba, eso estaba claro.
Entré al departamento de mala gana, quitándome mi saco.
- ¿Mona? - pregunté al entrar. Dejé mi saco naranja colgado en el perchero, mientras que buscaba con la mirada a mi atolondrada prima. - Mona, ¿Estas ahí? - pregunté caminando hacia el pasillo. De la nada, Mona salió con una toalla en la cabeza, y en bata.
- ¡Wau! - dijo sorprendida. Caminó hacia la sala, y yo la seguí. - llegaste rápido... Bastante.
- Tengo mis medios. - dije mientras me sentaba en el sillón individual. Ella pareció ignorarme.
Se agacho a cuclillas frente al mueble del televisor, y abriendo uno de los cajones
de debajo de la tele, sacó el directorio.
- ¿Comida china? - preguntó con una gran sonrisa en el rostro.
- Comida China. - repetí del mismo modo, aunque por dentro, las ganas de llorar seguían latentes.
Tomé un sorbo a mi Jugo de naranja. Mona levantó los platos, y se los llevó al fregadero. Ambas seguíamos con nuestras pijamas encima.
Esa noche, se había pasado extremadamente bien, cosa rara, ya que con santo acontecimiento de la noche anterior, pensé que la noche se me iba a ir en suspiros y llanto. Pero fue verdaderamente lo contrario. No tengo registro del sueño, solo se que no tuve ninguna clase se pesadilla.
- Oye mona... - dije lento, meditando mis palabras. - ¿Que es lo que usualmente se usa para ir a ver una obra aquí en New York? - ella frunció el ceño, mientras que yo solo rezaba por que no me preguntara la razón a mi cuestionamiento.
Ese día, Liam me había invitado a ir con él al teatro, y para ser sincera, no tenía ni la mas mínima idea de lo que podría ponerme. Jamás había asistido a ningún evento así.
- Pues, depende de cómo quieras. - dijo con una sonrisa. - pequeña, esta ciudad es extraña. Puedes ir desde lujosa a morir, o en pijama, y a la gente le dará igual. - dijo ella mientras que tallaba los platos con el estropajo. - yo diría que, ni muy elegante, ni muy informal. Lo justo. - me miró con el rabillo del ojo. - ¿Porque? - allí estuvo mi presagio. Entrelacé mis manos, jugando con ellas, y mirando el mantel de color amarillo que mona había colocado en la mesa para desayunar. Yo no sabía que contestar para que la conversación se terminara ahí mismo.
- Hoy iré al teatro. - dije levantándome de la mesa, y tomando mi celular, solo para aparentar que hacía algo y justificar mi lentitud.
- ¿Al teatro? ¿Sola? No hay nada más deprimente que eso __TN... - dijo reprochándose a sí misma. - no te preocupes, yo te acompaño. - dijo con una sonrisa. Sentí como si un yugo hubiera caído sobre mi estomago, sacándome todo el aire de encima.
- Mona, yo....
- ¿Que? - preguntó saliendo de la cocina. - ¿Quieres ir sola?
- No, de hecho no, es solo que...
- ¿Que qué? - se recargó en la barra de la cocina, mientras que yo buscaba las palabras adecuadas. Al ver que me había tardado más de la cuenta, entrecerró los ojos, sospechando, mientras que yo sudaba frio. - espera. - levantó su dedo. - iras con alguien, ¿Cierto? - me miró, y yo simplemente no conteste. Entonces ella por descaramiento lo supo. - ¡Oh Dios Mío! - dijo casi en un grito. Saltó al sofá de al lado, mientras que papaloteaba con sus manos. - ¿Quien es? ¿Como se llama? ¿Como lo conociste? - preguntó en un radio de 3 segundos. Yo reí por la expresión de su rostro.
- Su nombre es Liam Payne, es un amigo, y lo conozco se Brownsville.
- ¿De Brownsville? - preguntó perpleja. - ¿Tu ya sabías que venía también? - alzó una ceja.
- De hecho, no. - suspiré y ambas sonreímos. - me lo encontré aquí de pura casualidad.
- Las casualidades no existen __TN. - dijo con una sonrisa que muy apenas cabía en su rostro. Si las casualidades no existían, eso podría contestar mi pregunta
¿Destino o Coincidencia?
Luego de esa pequeña charla, Mona se levantó rápidamente del sillón llevándome con ella a su habitación, más específicamente, a su closet. Era tanta la ropa que tenía, que me llegó a sentir intimidada por ella.
Mona aventaba ropa y telas caían a la cama como plumas. Todo lo "posible" lo ponía en el sillón individual que allí tenía. Pero lo que era "doblemente posible" me lo daba a mí.
- Bueno y, ¿Desde cuándo te guste este chico? - un palpitar extraño llegó hacia mi corazón, quizás por que jamás lo había planteado de ese modo. Jamás me había preguntado a mi misma si él me gustaba, aun que inconscientemente tenía ya la respuesta: me gustaba, y más de lo debido.
- Siendo sincera, no lo sé. - contesté sentándome en la cama haciéndome un espacio entre la ropa. Mona se inmutó, y no dijo nada más.
Y entonces, sacó un vestido de una bolsa. Era blanco, con pequeños botones del mismo tono en la parte del pecho. En la cintura, iba acompañado por un delgado cinturón de piel café. El largo era arriba de la rodilla, una mano y media sobre de ella.
- perfecto. - exclamo ella, sin quitarle la vista a los pequeños detalles del vestido.
Yo lo miré. De hecho, era hermoso. - tengo unos zapatos bajos que quedan a la perfección con este vestido. - me lo entregó. Parecía como si una ola de calma y paz le hubiera llegado de repente. - anda, ve y dúchate. - me dijo mientras ponía el vestido sobre la almohada, lejos de la otra ropa. Yo muy obediente, fui a mi cuarto por una toalla.
- Una vuelta más. - pidió mona. Yo solo reí y giré sobre mi eje. Ella aprovechó para mirarme enteramente. - ese vestido resalta tu pompa. - concluyo mientras se reía. Yo solo le di un pequeño golpe con la palma de mi mano en su brazo, y me reí.
- ¿Que horas son? - pregunté nerviosa.
- 7:24. - contestó mi prima. Empecé a sentir como empezaba a hiperventilar de lo nerviosa que me encontraba.
Tenía bastantes emociones revueltas en una misma cacerola. Me sentía emocionada, feliz, expectante, pero al mismo tiempo, había una vocecita dentro de mi cabeza que me recordaba minuto a minuto, que de quien hablaba, era de Liam, nada más y nada menos que de un chico frio, arrogante y poco tolerante con mi aparente lentitud. Solo me había invitado aquel día porque su hermana lo había cancelado, y como no tuve suficiente criterio ético como para negarme....
El timbre del departamento sonrió. Y un gran ataque de pánico entro a mi cuerpo.
Mona se acercó al intercomunicador.
- ¿Si? - dijo ella apretando el botón rojo para hablar.
- Si buena tardes, ¿Se encuentra __TN? - Mona me miró emocionada, mientras que mi corazón palpitaba descabelladamente. Ya estaba abajo.
- Ah si... Ya va para haya. - Liam ya no contestó.
Respiré hondo, viéndome por última vez en el espejo de la entrada. Llevaba mi cabello suelto, y ese vestido que Mona había encontrado en su closet, así como también los zapatos de piso que me dijo que tenía.
- Buena suerte pequeña. - me deseo mona, antes de que cerrara la puerta detrás de mi.
Con el corazón en mano, camine por todo el corredor, y comenzó a bajar la escalera. Al llegar a la primera planta lo vi. La puerta tenía uno de esos cristales en que es imposible mirar hacia adentro, pero de adentro hacia afuera se ve todo.
Yo sonreí. Se veía nervioso y distraído, mientras que jugaba con los bolsillos de su smoking. Esa era la primera vez que lo veía con zapato negro.
Respiré otra vez profundamente, hasta que decidida, y con paso vacilante, abrí la puerta. Aunque ya lo hubiera visto desde dentro, me causó otro ataque epiléptico el verlo cara a cara. Sonrió cálidamente, y entonces lo supe: si, me estaba enamorando de ese chico.
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