Capitulo 6

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- Soy… - hiso una pausa dramática. – el Mago de Oz, y vengo a buscar a mi león cobarde. ¿Se encuentra por ahí? – entonces, pude saber de quien se trataba. –

- Ahora yo soy el León cobarde? – bromee. –

- Claro que si, eres muy cobarde. –

- no naci para ser una temeraria Leo. – reí. - ¿Qué sucede? –

- ¿quieres ir a cenar conmigo? Ya sabes, Hot dogs de Don Marcus. – (Don Marcus era un señor que todas las noches se ponía con su carro de Hot Dogs en una esquina de un parque. – no quiero ir solo. –

- huy! No te vallan a secuestrar…. Ahora el León Cobarde toma el papel de niñera 

¿no? – ambos reimos. –

- Ja, Ja, Ja, que graciosita eres. – la ironia era evidente. –

- Okey, vamos, pero pasa por mi. No quiero ir hasta tu casa. –

- ni que viviéramos tan lejos, vivimos a unas cuadras de distancia. –

- aun así, ven tu. – volvi a objetar. –

- esta bien, cúbrete bien, hace frio afuera. –

- estas peor que mi papa, ¿Sabias eso? – volvi a reir, aunque a el no le pareció tan gracioso como para reírse conmigo. –

- Soy el mejor amigo que podrías desear, no me culpes. – ya casi hasta podía ver su enorme sonrisa detrás del teléfono. –
-
JAJAJA, - rei muy fuerte. – tienes razón, perdón si heri tus sentimientos. – bromee. –

- Sal ya, estoy en la esquina. – cambio de tema. –

- Okey, ahí voy. – cerré el teléfono, y tome una chaqueta gruesa. Me envolví una bufanda rosada en el cuello, y entonces me di cuenta de que tenia la pijama. Aun así, Sali. La pijama era calientita, aparte de todo, en la colonia ya era bien conocida, y todo mundo salía siempre en pijamas, así que no importaba tanto.
Apage la luz de mi cuarto, y la única luz que se veía era la de la calefacción, los botones prendidos.

Sali del cuarto, cerrando la puerta, y cruce el pasillo.

- ¿ A donde vas a salir? – me pregunto mi papa en cuento entre a la sala. –

- Leo me invito a comer unos hot dogs. ¿Te molesta? – el asintió con entendimiento. –

- Para nada, confio siegamente en leo. – me guiño el ojo. – aun así, no abuses de mi confianza. – sabia de antemano a lo que se refería. –

- tranquilo, solamente iremos a los Tacos de Marcus, no es gran cosa. –

- Okey, pero ten cuidado. –

- Si, estaremos juntos, no te preocupes por nada. – en ese instante, sono el timbre. Abri apresurada, y allí estaba leo, 

Leo saludo a mi papa con un simple hola señor, y después salimos a caminar hacia los hot dogs. Ambos metimos las manos en los bolsillos, para calentarnos. –

- ¿Hiciste todas las tareas? – me pregunto probablemente sabiendo ya la respuesta. –

- no, - mentí. – soy tan cobarde, que ni siquiera me atrevo a tomar el lápiz por miedo a pincharme el dedo. – juge un poco con su chiste. El rio fuertemente.


Caminábamos calle por calle, que tan solo eran iluminadas por los faros de las calles.

En cada cuadra, habían mas y mas arboles, todos tupidos, aunque ahora se estaban empezando a caer las hojas, por el otoño, que había llegado un poco tarde, mas de lo normal.

Caminamos unos minutos mas en silencio, con un solo enfoque: Los Hot Dogs.

Esa es una de las mayores razones por las que amo a Leo, por que puedo hablar con el tranquilamente, sin miedo a que valla a decir algo, o me valla a traicionar. 

No me gustaba, ni mucho menos, ni física, ni mentalmente. No es lo que busco en una pareja, así que creo que es algo bueno, por que jamás podría haber algo entre el y yo, ya que no me atrae. Es alto, (bastante) flaco, (mas bien flacucho). Tiene pelo pelirojo, y ojos que cambian de color depende del color de ropa que use, pero en natural, son como verdes, con café. Es lindo, si, tienes bonitos rasgos, también, pero jamás como para salir con el. Creo que esa es la mayor razón por lo cual el es mi mejor amigo. 

Siempre me defiende, me protege, me quiere como su hermana menor, (aunque me gana tan solo por 1 mes, el cumple el 9 de Abril, mientras que yo cumplo el 14 de mayo) en fin, es todo lo que una chica podría desear para su mejor amigo.

Llegamos a los hot dogs, y el señor Marcus nos saludo como siempre. ‘Hola leo, Hola __TN, ¿Lo de siempre? ‘ pregunto. Íbamos tan seguido, que Marcus hasta a bromado con poner nuestra foto en el carrito, y si la gente preguntara, el diría que somos los clientes del mes. ‘Lo de Siempre Marcus’, contestamos ambos al mismo tiempo.

Marcus comenzó a preparar nuestros hot dogs, mientras que Leo y yo tomabamos haciento en las bancas que estaban allí, frente al carrito, para comer más a gusto.
Una vez que termino mis 2 hot dogs, y los 4 de Leo, (aunque esta flaco, come como si tuviera un desague en su estomago) ambos los tomamos, y comenzamos a comerlos.

No sabia que era exactamente, si alguna escencia, o la forma en que cocinaba a fuego lento la salchicha, pero los hot dogs de Marcus eran mi delirio. Los amaba, los podría comer diario si puediera, pero no me es posible.

Cuando terminamos de comer, nos pusimos a bromear con Marcus, ya que tan solo quedábamos Otra pareja de señores de unos 30 años, y nosotros 2. Los otros señores se nos unieron a las risas, mientras terminaban de comer sus hot dogs, al igual que nosotros.

Una vez que terminamos, ya eran las 9. No era tan tarde, pero aun así, no quería estar hasta la madrugada caminando.

Ambos nos dirigimos hacia mi casa, y de allí leo se iría a la suya, que le quedaba de paso.

Todo estaba normal, silencioso. A lo lejos se escuchaba los monótonos ruidos del trafico, y en una que otra cosa se escuchaba música muy alta.

Nos faltaban 3 cuadras para llegar a mi casa, en ese instante, dimos vuelta hacia la derecha en una calle, y con lo que me encontré, creo que fue lo mas inesperado en ese momento.

Había una figura frente de mi, un chico, con una chamarra de cuero hasta la rodilla. Tenia algo en las manos, que se lo metia por la nariz.

Por inercia, Leo tomo mi mano, quedándose detrás de mi. Yo di un paso en falso, tratando de no hacer nada de ruido para evitar que aquel drogadicto notara nuestra presencia.
- Vamonos de aquí. – me susurro Leo al oído. Respire profundamente, y sin quitarle la vista de encima a ese chico, di un paso hacia atrás, entonces, todo se volvió una pesadilla.

En pleno otoño, las ramas y las hojas de los arboles caen, dejándolo al elixier de cualquiera. Cada hogareño es responsable de limpear su banqueta, para evitar accidentes, lo malo, es que el hogareño de la casa en la que estábamos, (bueno, en la banqueta de la casa en la que estábamos) no había seguido con esas reglas.

Leo y yo estábamos tan en shock, que por tratar de movernos lento, creamos mas ruido aun, sin gracias a no habernos dado cuenta, de que había un monton de ramas y hojas amontonadas en una pila junto a la cerca blanca de madera estilo ochentero. 

Al dar yo el paso hacia atrás, pise 3 ramas, que estaban entrelazadas entre si,lo cual provoco aun mas ruido. El drogadicto levanto la mirada, asustado, y tratando de esconder lo que tenia en su mano. Entonces, me lleve una desagradable sorpresa.

El chico me miro figamete. Tenia sus ojos rojos, que prácticamente brillaban en la obscuridad. Aun y con la mirada perdida por el susto, lo llege a reconocer.

- Liam. – susurre. ¿Era un drogadicto? Por lo que veía, así era.

Leo me apretó la mano, para recordarme de que aun que lo conociera, y fuera mi compañero de banca en Literatura, estaba drogado, y con toxinas dentro del cuerpo, uno pierde el control.

Liam me miro otra vez, se veía arrepentido. La verdad, no parecía ‘drogado’ en si. No se tambaleaba, ni alardeaba, como e escuchado que los drogadictos hacen.

Se veía bien, aparte de que tenia algo en la mano que se metia por la nariz, y por sus ojos rojos, pero fuera de eso, se veía normal. De la nada, en un abrir y cerrar de ojos, 

Liam salió corriendo en dirección contraria ha donde estábamos nosotros. Me asuste, ya que paso por mi lado. Leo me abrazo cuando nos rozo el hombro, para evitar que me hisiera daño en caso de que lo intentara. De un momento a otro quedamos Leo, Yo, y la luna en compañía.


C o n t i n u a r a –

The Red Pawn- Liam y TuDonde viven las historias. Descúbrelo ahora