NARRA ASHTON
La mañana se me había hecho eterna. No podía esperar más para a verla, así que en la primera oportunidad que tuve salí a toda prisa de la universidad para llegar a la escuela de Maddie. Cuando llegue todavía faltaba un poco para que saliera, pero estar ahí de alguna manera calmaba mis ansias, la sentía cerca.
Sentí la mirada de alguien y enseguida encontré la causante de ello. Madison venía directo hacia mi y cuando la contemple juro por Dios que me quede sin respiración, se veía hermosa. Más que eso, estaba perfecta y una vez más me pregunte lo que ella había visto en mi.
Estaba seguro de que yo no le tenía miedo a nada pero todavía no me explicaba porque temblaba cuando la veía, era como si no tuviera control de mi cuerpo. Cuando se trataba de Maddie este reaccionaba solo, mi corazón se aceleraba de una manera impresionante y en mi estómago se instalaban un sin fin de sensaciones agradables. Madison me alteraba a gran manera y todavía no acababa de decidir si eso era algo bueno o malo.
—Hola —dije cuando estaba justo frente a mi.
—Hola —contestó, sus mejillas estaban encendidas. No podía ser más adorable.
—Te vez muy linda Maddie —bajo la cabeza avergonzada, pero pude notar una pequeña sonrisa luchando por salir.
—Gracias —dijo apenas en un murmuro —tú también te vez bien.
Sonreí tomándola de su barbilla alzando su cara para poder admirar aquella mirada azul grisácea llena brillo que me volvía loco. Estaba convencido de que podría ver sus ojos por horas y nunca me aburriría, eran algo digno de apreciar. No, toda ella era digna de apreciar.
—No tanto como tú.
—Ya, deja de hacer eso —frunció el ceño.
—¿Hacer qué? —pregunte divertido.
—Sabes a lo que me refiero.
—Hmm no —acomode un mechón rebelde tras su oreja —¿de qué hablas?
—Halagarme tanto, me podes nerviosa.
Solté una risotada —Maddie si hay alguien nervioso aquí, te juro que soy yo.
—Te aseguro que no eres el único.
—Entonces me agrada no serlo —me gire para abrir la puerta de copiloto —¿nos vamos? —asintió —bien sube.
—¿A dónde iremos? —abroche mi cinturón de seguridad y puse en marcha el auto —pensaba en ir a comer primero, después ya veremos.
—Esta bien ¿puedo poner música?
—Claro que sí —encendió la radio y buscó estación por estación hasta detenerse en una de su agrado.
—Me gusta esta canción.
—Es buena.
—¿Qué música escuchas tú?
—De todo un poco supongo, la verdad es que casi no escucho música —eso pareció sorprenderla.
—Vaya, yo lo hago todo el tiempo, me relaja.
—¿Qué tal te fue hoy? —pregunte.
—Todo estuvo bien.
—Me alegra.
—¿Y a ti?
—Se me hizo la mañana más larga del universo —escuche una risita de su parte y a punte mentalmente hacerla reír más seguido, ese sonido había sido el mejor de todos.
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Amores Que Curan
Novela JuvenilTras la muerte de su padre, la vida de Madison da un giro inesperado y se enfrenta a un montón de situaciones desconocidas, en donde el cambio parece ser su mayor temor. Pero el destino le enseña que no todo lo nuevo es malo y que para sanar también...
