Me gusta Louis.
La rubia se sentía tan emocionada y contenta por su hermano, que no podía ocultar esa sonrisa divertida y llena de felicidad. ¡Quería contárselo en seguida a Louis! Se mordió el labio impaciente. Se moría de ganas de reír. Esos dos eran tan tontos como adorables.
No le importó la cara confundida que le puso el rizado, pues estaba demasiado ocupada intentando controlar la mezcla de emociones que sentía en su pecho. Sobre todo, las ganas de reír de emoción no desparecían. ¡Tenía que contárselo a alguien!
Así que sin decir nada más, se levantó y se fue tan rápido como sus saltitos llenos de emoción le permitían. Llegó al comedor y en cuanto vio a su madre sentada en el sofá leyendo con entusiasmo un libro bastante grueso, cerró la puerta y se precipitó hacia el sofá, dispuesta a compartir con la sabiduría de su madre, los nuevos cotilleos.
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Louis terminó de lavarse los dientes, y se miró en el espejo. No pudo evitar soltar una risita nerviosa, al ver en su mirada, todos los sentimientos que hacían de él, un remolino de inseguridad. Porque por favor, Harry se iba a quedar a dormir en su habitación, iba a estar a solo unos metros separado de él. Si se ponía nervioso solo con hablarle, ahora se moría de nervios. ¿Y si la cagaba?
No podía permitirse que eso ocurriera. ¡Era increíble lo nervioso que estaba! Sus... ¿Mariposas? En el estómago se lo demostraban. ¡Ese chico le volvía loco! Si es que era Louis Tomlinson, ¿De qué debía estar nervioso él? Ah sí, de cagarla en frente de Harry.
Suspiró con aún un fuerte pinchazo de nervios en el pecho, y se dirigió rumbo a su habitación. "Va a pensar que estaba cagando". Pensó acelerando el paso.
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"¿Me gusta Louis?" El corazón del dueño de esos pensamientos latía ansioso, con un atisbo de risa nerviosa en los labios. "¡Louis me gusta!" Su pecho y su estómago apretaban con fuerza, y sentía como si fuera capaz de hacer cualquier cosa. Sus mejillas empezaron a cobrar color. Sentía que la energía le sobraba. Se abrazó rodeándose la barriga con los brazos. Tenía ganas de saltar y de correr, de gritar hasta quedar sin fuerzas, y de esconderse donde nadie le pudiera encontrar nunca. Porque una infinita felicidad era lo que le provocaba el querer a su amigo, pero también era efímera, aunque supiese que no tuviera fin. Pues dentro de él, tenía aceptado que Louis nunca podría corresponderle, pero el pequeño aceptaba la felicidad que esos sentimientos le traían, aunque no pudieran ser devueltos. Porque se sentía feliz con ellos.
- ¿Estás bien? -el de ojos azules entró y se encontró con su querido amigo apretando su estómago, parecía como si le doliese.
- ¡Ah, sí! -respondió rojo y nervioso. ¿Y si le había leído la mente? ¿Y si se había enterado de lo que estaba pensando? Miró a su alrededor pensando en algo que decir, estaba actuando extraño, pero su nerviosismo golpeaba con fuerza, y simplemente no sabía qué hacer.
El otro chico, la verdad estaba confuso. ¿Por qué se ponía tan nervioso? ¿Le pasaba algo? Quería preocuparse, tenía preguntas que hacer, y dudas que quería resolver, pero era demasiado graciosa la expresión del chico mirando alrededor soltando pequeños "em..." intentando encontrar algo que decir. Simplemente era demasiado gracioso, como sus cejas se elevaban en inocencia y su boca se fruncía hacia abajo ocultando su labio superior bajo su labio inferior, y sus rizos color chocolate revoloteaban al ritmo del movimiento de su cabeza, girando de un lado a otro, como un búho.
El mayor no pudo evitar soltarse a carcajadas, deteniendo los movimientos de ave rapaz del otro.
- ¿Qué? -preguntó con una sonrisa divertida el rizado.
- ¡Me encanta la cara que has puesto! -dijo sin dejar de reír.
El aludido exclamó un "cállate" en respuesta, y le lanzó el cojín que más a mano, tenía. Haciendo que el de ojos azules fuera a coger otro cojín.
- ¡Louis, a dormir! -vociferó la voz de la madre del mayor desde el comedor, haciendo que ambos se fueran a dormir, no sin antes compartir unas últimas risas.
El sonido del teléfono de Harry despertó a ambos chicos. Y, asustado, el propietario de dicho aparato se levantó en seguida dispuesto a cogerlo. Su pecho dolía con fuerza incómodo y asustado, no quería despertar a nadie más y le sabía mal haber despertado a Louis.
Sacó el teléfono del bolsillo de sus pantalones que anoche había dejado sobre la silla de su amigo, y respondió con rapidez. - ¿Si?
Preguntó con incomodidad mirando de reojo al de ojos azules. Se sobresaltó al ver a su amigo sentado mirándolo, y bostezando. Mierda, lo había despertado. Se sentía mal. Ni si quiera prestó atención a la voz de Pablo que ya estaba hablando. Simplemente se disculpó con la mirada, y con ahora un más suave pero constante apretón en el pecho, salió de la habitación buscando un sitio donde no molestar a nadie. Bajó lo más sigiloso que pudo las escaleras, y decidió que la cocina sería un buen lugar para hablar.
- ¿Harry, me oyes? -preguntó la voz de Pablo.
-Sí, perdona. Es que he ido a la cocina para no molestar a Louis.
-Bueno, lo que te decía, no hay tiempo. Tu madre y yo hemos hablado con tus hermanos, y hemos decidido que lo mejor es que por ahora vayas a vivir con tu madre biológica.
Todo en el chico dolió. No pudo pensar en otra cosa que ya no quisieran estar con él. Y que le quisieran dejar con su madre biológica para deshacerse de él. Su pecho y su estómago dolían con fuerza, y en su garganta un indicio de nudo. Dolía. Quería hablar, pero no podía, dolía.
Un suspiro se escuchó desde el otro lado de la línea. -Harry, no es para nada lo que tú crees que es. -la voz del hombre sonaba comprensiva y un poco cansada. -Todos te queremos un montón, incluso los idiotas de tus hermanos. Te lo juro. -el dolor en el cuerpo del rizado se aligeró, y tragó saliva, intentando retirar el nudo que no quería irse. -Lo que pasa es que queremos centrarnos en tus hermanos, en... Guiarlos por el buen camino, ¿Sabes? Ayudarles. Y hemos pensado en que este sería un buen momento, ya que Sara ha pedido que vuelvas a su vida, nos parece un buen momento para centrarnos en ellos. Eso no significa que no te queramos, al contrario, te amamos mucho, bobo. -dijo con voz apachuchable, haciendo sonreír a su interlocutor. -He quedado con Sara que te dejaría hoy en su casa a Las 6:30, porque ella quería presentarte a su hijo, y llevaros a ambos al instituto. ¿Te parece bien?
- ¿Pero y si no les gusto?
- ¿Cómo no les vas a gustar? Eres el mejor chico que conozco. Venga, no digas tonterías que se nota que te acabas de levantar. -el rizado rió, y Pablo sonrió. - ¿Dónde vive tu amigo?
El hombre apacible y simpático no obtuvo respuesta. Harry no sabía exactamente la dirección de Louis, a ver, sabía dónde estaba, pero no como explicarle a Pablo como se llegaba. -Un momento.
Le sabía mal molestar a Louis, pero tenía que volver a su habitación a preguntarle. Así que con un poco de arrepentimiento por no querer molestar a su amigo, volvió a la habitación con pasos sigilosos. Abrió la puerta sin hacer ruido por miedo a despertar a los demás residentes de la casa, y se encontró con un Louis a medio vestir. Con unos vaqueros ya puestos, y buscando en su armario una camisa que ponerse. Dejando su torso descubierto.
El rizado no pudo evitar deslizar su esmeralda mirada sobre el cuerpo del chico de pelo liso y revuelto. El muchacho estaba de perfil al rizado, dejándose ver el hermoso rostro que el mismo poseía. Un pelo liso castaño que aún revuelto resultaba adorable, un rostro sexy y precioso, un cuerpo delgado y algo musculado, con brazos fuertes y algo de tableta. Sí, era una vista maravillosa.
"Sí, definitivamente, Louis es perfecto. Y me gusta"
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El nerd. (Larry) (Larcel)
Teen FictionHarry, es un chico tímido. Nerd le dice la gente. Todos se meten con él, o lo ignoran. Excepto Louis. Louis, un chico completamente diferente a Harry, que se lleba la ley por su mano. A Louis le gusta el pequeño nerd, pero hay un pequeño problema. ...
