Cuando un viajero en el tiempo alerta a la sede del gobierno británico que una invasión alienígena está en camino, naturalmente no le creen.
Sin embargo, las cientas de pruebas que dejó con ellos dejaron muy en claro lo contrario. No podían haber c...
El hombre de ojos verdosos ingresó a la cabina telefónica a paso apresurado. Una vez dentro, marcó los once dígitos que llevaba escritos en un trozo de papel y esperó a que del otro lado de la línea se atendiera el teléfono. Una voz masculina respondió.
Del otro lado de la línea se oyó un silencio, él solo esperaba no haberse equivocado en el deletreo. La voz que se escuchó luego fue diferente.—Informe de situación, kardian.
El hombre pensó bien en qué decir a continuación—La Reina filtró a tres de nosotros en la nave británica. Yo debía estar incluido entre ellos, solicito transporte vía maritima de inmediato a las c-
—Su participación en la misión ya no es requerida, soldado. Absténgase de cualquier intento por conseguir a los individuos. Ya tuvo su oportunidad.
Sus índigos se abrieron como platos, no solo por la sorpresa, sino por el temor a ser desechado.—Los individuos dentro son una amenaza potencial para los nuestros, los están poniendo en riesgo de ser descubiertos. Sé información valiosa sobre un oficial a bordo. Solicito permiso-
—Denegado, soldado. Vuelva a incógnito hasta recibir nuevas órdenes.
—En la nave est...—Al otro lado de la línea se oyó la línea muerta. El castaño soltó un alarido y devolvió el dispositivo con ira.—¡Mierda!
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Esta misión era demasiado importante como para echarse a perder. Él debía llegar a la nave costase lo que costase, antes de que fuese tarde y el plan mayor fuese obstruido por fuerzas mayores.
Estaría infringiendo las reglas, y seguramente sería penalizado por ello. Pero tenía que llegar a la nave antes de que algo le sucediera a ella. Si algo le pasaba, no se lo perdonaría. Además, necesitaban un líder y un conocedor, un cazador. Él debía ser incluido en la misión a toda costa.
Observó su carnet de identificación con el nombre “Marcus J. Oscar” en él. De una manera u otra, aprovecharía su previligiado puesto en la organización secreta para ganarse un viaje hasta el AIMA.
Miércoles 13 de junio Abordo de AIMA 13:40 p.m.
Habían transcurrido tres días ya desde la última vez que alguno de ellos había probado comida. La sensación de estar hambriento era tortuosa e intolerable a ese punto. Ninguno lograba conciliar el sueño con el estomago vacío y recuperar sus fuerzas a la mañana siguiente. El solo beber agua había ayudado para que no se secaran también. Pero para obtenerla, debían ir y venir de la cascada a unos cientos de metros lejos de ellos, justo cruzando la pradera. Esto debido a que también les habían cortado el suministro de agua. Y a pesar de beberla en cantidad, el agua jamás saciaba sus ganas por alimento comestible, además de que se iba toda de su organismo a la primera meada. Debían comer pronto o desfallecería en cosa de días.