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Ramiro Nayar nunca olvidará ese miércoles de tormenta que llegó al trabajo a las 10 am.
En el lobby estaba Carla junto a la mujer más espectacular que haya podido ver en su vida.

Rubia, de piernas estilizadas, piel blanca como la nieve y ojos claros, parecidos a los suyos.
Un cuerpo deslumbrante que se podía apreciar a través de la camisa de gasa blanca y el pantalón de vestir de igual color.

A penas conoció a Micaela la deseó. La deseó como nunca antes había deseado a alguien o algo.

Supo que esa mujer tenía que ser suya.

Cuando Carla los presentó no pudo evitar en percatarse de la mirada indiscreta de Ramiro a su nueva empleada. Ella supo que esa rubia iba a traer problemas y que Fernanda era quien iba a pagar esas consecuencias.

Como nunca antes, Ramiro se encargó de mostrarle la empresa a la nueva empleada y de enseñarle las reglas, horarios y demás. Era muy obvio, y no le importaba que la amiga de su novia se diera cuenta porque sabía que a fin de cuentas Fernanda sólo iba a creerle a él.

- Y esta va a ser tu nueva oficina - por último Ramiro le mostró el lugar que Micaela iba a ocupar.

Era un escritorio amplio y luminoso. Con plantas en una esquina que le daban un toque especial.

- Me encanta. Voy a poder trabajar tranquila y cómoda acá - sonrió ella ubicando su caja con pertenencias sobre el escritorio de madera.

- Esa es la idea. - acotó él. - Te dejo para que te acomodes. En un momento va a venir alguien a explicarte en específico tus tareas.

- Muchas gracias. - Lo saludó la rubia viéndolo salir de su nueva oficina. Sin dudas, su jefe era muy guapo y atento al parecer.

Porque te amoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora