Capítulo 16. Ahogándose

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Definitivamente, dormir sonaba como una muy buena opción, y si se le sumaba no despertar nunca más, era una aún mejor.

Me lancé al sofá de la sala de estar sin siquiera sacarme la chaqueta, y me encogí. El sueño me invadía, el calor comenzaba a volver, y todo por un momento parecía estar bien. Si... pero sólo lo parecía, porque cuando recordaba, el dolor volvía a mi pecho.

- HaNi, ¿vas a dormir?

- Solo unos minutos, Yoogeun. – respondí con los ojos cerrados.

- ¿Puedo acompañarte? – luego de asentir, sentí que unos pequeños brazos y piernas escalaban por mi cuerpo hasta posicionarse sobre mí.

Mi hermanito sabía, todos lo sabían; que prefería dormir a que me vieran llorar otra vez. Habían sido solo dos días, y había entrado en una especie de trance para dejar de sentir.

No más dolor.

- No estés triste, noona – murmuró suavecito en mi oído.

Sonreí débil y después sentí que volvió a acomodarse en mi regazo para suspirar profundo y abrazarme.

No más dolor.

El frío no acompañaba para nada el hielo que se había asentado en mi tórax, y por desgracia, hiciera lo que hiciera, el frío no se iba. Y no se iría tan pronto.

Eran las diez de la mañana, aproximadamente, y un gran grupo de personas había ido a despedir a mi mejor amigo al cementerio. Muchos del estacionamiento estaban ahí, algunos pandilleros, nosotros, sus amigos, mis padres, mis hermanos, y también su familia.

Sí, habíamos podido dar con uno de sus tíos, un hermano de su madre, y lograron llegar a tiempo gracias a mamá y sus habilidades telefónicas quien les avisó el mismo día del accidente. Al parecer ella si los recordaba, lo que era yo, nunca los había visto en mi vida, y dudaba de que Tony sí. Entonces, su familia, eran su tío, su esposa, y su hija que no pasaba de los diecisiete años, todos vivían en Estados Unidos.

Menuda familia que olvida a su sobrino al otro lado del mundo.

Todo transcurrió ¿normal?, si es que así puede decirse de un funeral, y pasada la hora, varios ya estaban yéndose a sus respectivos autos para volver a sus casas y a su vida. Los más cercanos, y su familia, nos quedamos alrededor de la lápida blanca que se encontraba enterrada en la tierra, rodeada de césped. Todo estaba en silencio, incluso Yoogeun, quien había insistido en acompañarnos y se negó rotundamente a quedarse con la señora Kim (haciendo un berrinche de aquellos).

- HaNi – me llamaron en un murmullo captando mi atención.- Esperaba que cuando, ya sabes, pasara todo esto, pudiésemos conversar sobre la casa en donde Tony y mi cuñada vivían.

- Bueno, sí. Es obvio, ustedes son su familia, deben querer saber de ello. – murmuré de igual manera. Aunque no supe a qué se refería con que todo "pasara".

- Sí, tenemos algunas intenciones con eso, así que sería bueno juntarnos a conversar, ¿qué te parece? Por su puesto que tus padres y hermanos también pueden estar.

- Estaríamos dispuestos a eso, señora Myeong. - interrumpió mi padre- ¿Qué tal si van a nuestra casa...?

Y hasta ahí quise escuchar, YO en realidad no estaba dispuesta a discutir del tema. ¿Qué esperaban? Desaparecen toda una vida y vuelven cuando su, al parecer, único sobrino por ese lado de la familia fallece en un fatal accidente solo para venir y quedarse con sus pertenencias, ¿y además querían que lo hablase con ellos? Iba a terminar muuy mal todo si eso es lo que creían.

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