Capítulo 6.

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Tenía abrazada sus rodillas y sobre estas apoyada su cabeza, no había podido dormir bien por culpa de soldado Choi, que se había atrevido a besarlo la noche anterior y eso lo tenía bastante confundido porque sabía que eso no debió suceder, que el hombre no debió haberlo besado ni él permitido, que debío haberse alejado después de que sus labios se posaran sobre su frente.

Si él se había acercado al soldado no fue con la intención de que eso sucediera, nunca lo hizo porque lo viera más allá de ser un soldado más, sólo que a veces pensaba que podía sentirse solo, que al no ser ese el pueblo en el que se crió necesitaba de personas conocidas, más no había otro tipo de interés. Al menos nadie los había visto la noche anterior, porque no quería tocar el tema con Jong In, el hombre podía ser tan molesto cuando se lo proponía, no iba a quejarse de su trabajo, porque era excelente en él, al igual que cuando él estaba asumiendo el suyo como rey, pero había ocasiones como esas en las que necesitaba estar solo y no encerrado en una recámara del castillo, parecía que era rey también se había olvidado de su lado humano, que él también sentía.

El crujir de una rama llamó su atención, mirando hacia atrás intentando saber quien lo había seguido ahí, o de qué animal salvaje tenía que defenderse, pero no vio nadie, sabía que ese lugar no era tan seguro como para que saliera sin guardias pero quería estar solo, era temprano y el cielo no había aclarado siquiera cuando él salió por la parte posterior del castillo como si fuera un ladrón, demasiado sigiloso al caminar entre el bosque hasta ese río en el que ahora se encontraba, un lugar al que solía frecuentar antes de ser rey, a pesar de que su padre siempre le hubiera advertido de los peligros que corría sobre todo en los tiempos de guerra, lo que ahora había terminado pero eso no quería decir que él se encontraba fuera de peligros.

Escuchó otra vez el crujir de una rama y ni siquiera miró hacia atrás para saber que era una persona la que estaba ahí y no un animal, sólo esperaba que fuera uno de sus guardias o Jong In que se había dado cuenta de su ausencia a pesar de que tan sólo empezaba a amanecer, pero sabía cómo el hombre estaría si no lo encontraba en su alcoba o en algún salón del castillo de los cuales él sabía frecuentar por las mañanas o durante la noche cuando no pudiera dormir, pero esto era diferente, porque en ese momento el rey sentía que necesitaba un lugar que lo entendiese y estar junto al río lo relajaba.

—Quién quiera que seas, sal ahora mismo.

Su voz fue fuerte y firme al dar aquella orden. En confirmación a sus palabras y pensamientos escuchó pasos detrás de él, los pasos eran demasiado cautelosos para que siquiera pensara que era uno de sus guardias, sin embargo su mano se encontraba envuelta alrededor de su espada, porque sabía del peligro que corría como para no llevar armas con él, porque además de esa espada también tenía una daga dentro de su bota, y tal vez podría no ganarle a la persona que estaba a sus espaldas, sin embargo sabía que podría lograr tiempo para correr por el bosque de regreso al castillo, claro que eso si sólo era una persona la que se acercaba a él.

—Lo siento por interrumpir, alteza.

No sabía si debería sentirse tranquilo o estar todavía más nervioso porque de todos los soldados que lo hubieran podido seguir era al que menos quería ver en ese momento, no después de lo que había hecho la noche anterior, porque si él estaba ahí era para despejarse, dejar de pensar en que había permitido que un soldado lo besara y tocara, si su padre continuara con vida y si se hubiese enterado de eso, la cabeza de Min Ho ya estuviera camino a la horca, o encerrado, pero Taemin había querido darle otra oportunidad a pesar de no ser la primera vez que sobrepasaba sus límites, el respeto que le debía tener por ser un rey.

Al menos esos eran los pensamientos coherentes que creía tener Taemin, porque cuando pensaba en el beso y más allá de un abuso e irrespeto hacia él, también pensaba en las palabras de su padre antes de morir y esa promesa que le había hecho, porque su padre a pesar de estar casi al morir había sido claro al decirle que sabía de sus preferencias entre hombres y mujeres, y que no le importaba mucho la descendencia cuando sabía que si tenía de pareja a otro hombre lo más probable era de que no tuviera hijos a menos de que consiguiera enamorarse de algunos de esos hombres que podían concebir, o tomase como concubino a alguno, tenía opciones si quería seguir con su descendencia.

PerjurioDonde viven las historias. Descúbrelo ahora