EPÍLOGO

34 7 0
                                        

Un años después
Camino bajo La Luz de las farolas, llevo una mochila grande, una bolsa de lona y una maleta mediana.
Pero nada de eso pesa tanto como lo que voy a hacer.
Me paro frente a la parte de atrás una enorme casa de color blanco.
Una luz en una de sus ventanas se enciende, sonrío y pronto diviso la figura de Natalia.
Deja caer una enorme mochila y atada a una cuerda una maleta gigantesca.
Le sonrío cuando llega hasta mí.
Son las 3 de la mañana y hace frío.
Empiezo a caminar y recogemos a Óscar, un taxi nos lleva hasta el aeropuerto.
El hombre sospecha, pregunta sobre nuestro destino y miento diciéndole que nos vamos a París de viaje.
Supongo que porque daba la sensación de que nos estábamos escapando, justo lo que estábamos haciendo.
Entramos en una fila casi inexistente esperando a embarcar y los miro.
Natalia mira de un lado a otro, nerviosa.
Óscar se muerde las uñas, asustado.
—podéis coger un taxi, volver a casa, entero en la cama y hacer como que no ha pasado nada—Digo apretando el collar con los restos de Matt—Él no querría que os obligase a venir—
Ellos se niegan mientras sonríen.
Quieren venir conmigo, me van a seguir allá donde valla.
Subimos al avión miramos la hora y nos apartamos las manos.
Justos ahora se despiertan nuestros padres.
Justo ahora la ciudad despierta.
Nos quitamos los gorros, chaquetas y gafas.
Natalia quien era de pelo castaño hasta la cintura y de ojos marrones, ahora era pelirroja de ojos verdes (utilizando las lentillas que utilizó para Halloween)
Óscar de pelo negro y ojos castaño ahora es rubio con medio pelo al cero.
Y yo acostumbrada a ser rubia, de pelo largo y liso, ahora tengo el lado derecho azul y el izquierdo Violeta, rizado.
Casi podíamos escuchar los gritos de mis padres.
Selena, Natalia y Óscar habrían muerto.
Ya no hay marcha atrás.

Mi último veranoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora