Matthew
Le doy un sorbo a la taza de café mientras intento ver si no tengo la corbata sucia con algo del desayuno. Al darme cuenta que está completamente limpia miro la hora en el reloj y me quedo sentado al ver que aún hay tiempo. Comienzo a tamborilear los dedos en la mesa y me pongo de pie después de rato de no hacer más que eso.
Comienzo a caminar por la casa y voy directo a las escaleras, camino por el pasillo iluminado por el ventanal con vista directa al gran jardín trasero y, al llegar a mi habitación, veo que la chica de anoche aún sigue acostada en la cama, ¿Lo peor de todo? dormida como si no quisiera irse.
Ni siquiera sé el nombre de la chica, sólo se que trabaja en el primer piso, donde están tomando capacitación las personas de nuevo ingreso. Es curioso como sólo bastó con una simple pregunta para terminar aquí.
Es curioso como no sabes su nombre pero sí el color de su ropa interior.
—Creo que deberías irte—le digo una vez que entro al cuarto y agarro el saco negro que está en el perchero.
La chica no se mueve de su lugar y parece que de verdad está dormida, pero su cuerpo se sacude levemente y después escucho una pequeña risita.
—¿Cuál es la prisa?—pregunta después de rato.
—Tengo que ir al trabajo—digo haciendo evidente las cosas— y por eso deberías irte.
Levanta la cabeza y se sienta en la cama sin importar que no tiene nada en el cuerpo salvo las sábanas. Me mira unos segundos y se muerde el labio, buscando la forma de decir lo que piensa.
—¿Acaso eres así con todas?
Al escuchar su pregunta no me sorprendo ni un poco, dado que es la pregunta que la mayoría hace, lo que me sorprende es la sonrisa que se carga, cómo si intentara saber si está teniendo algún beneficio o está perdiendo en está común situación.
—Sí.
Niega con la cabeza sin quitar aún su sonrisa, sólo que ésta es un poco irónica. Al fin se dio cuenta que estaba perdiendo.
Se sienta en la cama a recoger su ropa y niega con poco con la cabeza, y yo sólo me preparo para lo que vaya a decir, como todas las chicas lo hacen para hacerme sentir mal por haber pasado un buen rato con ellas.
—Es una lástima que todas den por ti y tu no des por nadie.
*
Las puertas del elevador se abren de par en par y comenzamos a salir en orden para no tirar el café que la mayoría trae en mano. Puede que en mi cara se note la pesadez y el aburrimiento de otro día de trabajo, pero intento poner la mejor sonrisa cuando veo a la secretaria de papá sentada entre todos los escritores llenos de papeles, computadores y muchos bolígrafos.
Su secretaria, una señora algo mayor, es una linda persona que, siempre le cuenta todo lo malo que me da por hacer y para ella, eso resulta satisfactorio porque papá me regaña y ella dice que eso es bueno, que no debo ser un chico maleducado que anda por la vida haciendo cosas malas, que hacen que ponga en mal el apellido de mi padre.
Aunque claro, sigo haciéndolas.
—Buenos días—me dice feliz.
—Buenos días.
Pero no tan buenos como la secretaría detrás de usted.
—Sé que es muy temprano para las malas noticias, pero su padre quiere verlo en la oficina—señala con la cabeza el piso de arriba, que es donde supongo que encuentra haciendo algo.
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Enamorada para siempre.
Novela JuvenilGracias por lograr este sueño. Libro publicado en físico por la editorial sélector. "-¿Hasta que el destino nos vuelva a juntar? -Hasta el destino nos vuelva a juntar. Se prometieron sin saber, que un día el destino los iba a juntar sólo para hacer...
