Capítulo 65

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Fue hace un año en que me puse totalmente violento, golpeé a los Álvarez y golpeé a Mónica.

Un año pasé en el reformatorio psiquiátrico. Ese lugar fue...mejor no lo digo, no valdría la pena que les contara lo malo que fue estar ahí.

Muchos dirán que no soy digno de regresar a la escuela a la cual pertenecí alguna vez, pero la verdad, es que ya no soy el mismo de antes que gritaba y se enfurecía de cualquier cosa.

También sé que se estarán preguntando cómo es que le voy a hacer para los exámenes del tercer parcial que me perdí hace un año. La verdad, eso me los van a reponer cuando entre de nuevo a la escuela.

Supongo que también se preguntarán cómo le voy a hacer para cursar tan rápido el tercer y cuarto semestre. Fácil, me van a hacer un simple examen para sacar mi calificación de cada materia que me correspondía cursar en el tercer y cuarto semestre.

Pero...para qué les resuelvo estas dudas si creo que ya mi nombre ni lo recuerdan o no lo quieren recordar. Así que vayamos al grano.

Mi nombre es Christian Martínez, tengo 17 años de edad y ya estoy a punto de regresar a casa.

Me hallaba en la calle fuera del reformatorio. Tenía una mochila en mi espalda y cargaba en mi mano derecha una libreta de color azul. En esa libreta había apuntado todos los acontecimientos que viví en tercer año de secundaria. Esa libreta azul era mi diario, y ahora no me daba pena leer de nuevo lo que había escrito y lo que había pensado de Mónica.

Mónica era otro de los motivos por lo cual ya ansiaba regresar a casa y a la escuela. Había pasado un año sin verla, y no quería pasar más tiempo sin verla.

En el reformatorio no pude estar con mi celular debido a que me lo arrebataron los del reformatorio.

Mis padres, más bien mi familia vendría por mí. Llegarían en una hora, a lo cual me puse a leer el primer acontecimiento de mi diario. Lo había empezado a escribir desde que empezó el tercer año de secundaria.

***

Me había leído tres acontecimientos de mi diario, y al fin había llegado mi familia.

Al parecer ahora ya tenían una camioneta. La camioneta era una verdadera joya.

Como el asiento del piloto estaba al frente mío, la ventana de ese asiento bajó, sorprendiéndome que ahí estaba conduciendo mi hermana María.

-Sube hermanito. -me dijo mi hermana y me abrió la ventana del co-piloto.

Me subí y me senté. Era reconfortable el estar de nuevo en un lujo.

-¿Qué tal te la pasaste en ese lugar? -me preguntó mi hermana mientras conducía.

Yo solamente me hallaba callado, pero no por estar enojado, si no más bien por recordar aquél lugar.

-Nada mal. -le respondí a mi hermana calmado.

Mientras mi hermana conducía por Bernardo Quintana, me puse a contemplar el cielo con cierta nostalgia.

-Pasado mañana es inicio de clases. -me avisó mi hermana.

-¿Y ya sabes conducir? -le pregunté a mi hermana.

-Ya. Mi tío me hizo conducir por una autopista llena de trailers cuando cumplí los 18 años. -me respondió mi hermana cuando ya estaba dando vuelta en los arcos.

-Vaya. Nuestro tío si que es loco para tus regalos de cumpleaños. -le comenté a mi hermana.

-Sí. Ah, por cierto, verás la sorpresa que tienen para tí mamá y papá. -me dijo mi hermana.

Noches De Nostalgia [Editando]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora