—echas de menos tu vida joven? —me pregunta mientras se apoya en el barandal al lado mía
—claro, no es fácil acostumbrarse a todo esto. Echo de menos mi vida común
—con el tiempo le pillaras el gusto
Quería creer en sus palabras, quería creer verdaderamente que algún día podría acostumbrarme a esto pero tenía claro que no iba a ser así. En mi interior siempre iba a estar esa chica gritando libertad.
A la semana siguiente ya estábamos aterrizando en España, Madrid.
Dejamos todas nuestras cosas en la habitación del hotel y nos fuimos a recorrer Madrid, pero yo le notaba distraído. Miraba muy a menudo el móvil pero otras veces miraba hacia todos lados como buscando a alguien.
Ya en un restaurante español me atrevo a preguntarle
—que te ocurre?
—eh? A mí nada—murmura distraído
—estás distraído, todo el tiempo buscando a algo o alguien y mirando el móvil sin parar. Puedo saber que te ocurre?
En ese momento se para una chica al lado de nuestra mesa interrumpiendo nuestra conversación. Yo la miro con fastidio mientras que Spencer abre mucho los ojos
—Spencer, eres tu?
—Adriana? Cuánto tiempo no? —dice alegre mientras se levanta y le abraza
—como estás mi príncipe?
Yo carraspeo mi garganta para que me tomen en cuenta
—Oh, Adri, ella es Laura Marano, mi esposa, Laura, ella es Adriana, una gran amiga
—y ex suya—agrega
—noo, no se notaba, yo pensaba que era tu prima lejana—pienso con sarcasmo—un gusto—murmuro hipócrita
—con qué al final seguiste con la tradición no? —empieza a hablar Adriana ignorandome de nuevo
—te marchaste y me dejaste solo. No me quedó más remedio—le contesta
—vale, gracias por decir que no valgo nada—pienso con sarcasmo
—sabías que tu madre no me quería junto a tí. Me obligó a dejarte amenandome con mi familia. Entiéndeme mi amor—dice acariciandole la cara
—vale, demasiado amor para mí hoy—pienso con repugnacia
Termino mi almuerzo en silencio mientras ellos siguen hablando.
Cuando termino pido la cuenta aún sin darse cuenta Spencer.
Cuando ya por fin me levanto para irme se dan cuenta de mi presencia
—oh, a dónde vas Laura? —me pregunta Spencer
—oh, a Narnia con mi unicornio mágico que lo tengo aparcado fuera esperándome —le contesto sarcástica
—en serio Laura—se pone ahora serio
—y a tí que te importa? Para cuando haya que volver a la maldita isla estaré allí pero por el resto no te preocupes
Salgo sin esperar su respuesta. No es que estuviera celosa de Adriana ni mucho menos, solo supe que sobraba entre ellos y preferí marcharme.
Me pasé recorriendo monumentos lo que quedaba de tarde y cuando llegué a la habitación antes de entrar escuché de lo que hablaban
—Spencer, por qué no te quedas aquí en España y dejas a tu mujer??—le pregunta Adriana
—que diga que sí, que diga que sí —pensaba en mi interior
—no puedo Adriana, mi madre nunca me lo perdonaría y no puedo hacerle eso a Laura—murmura decaído
—tu madre lo aceptará con el tiempo y a Laura no la amas, por qué seguir con ella?
—porque ella dio su felicidad por mí, ahora no la puedo dejar tirada y menos con un reino que gobernar
—no estás pensando con el corazón —se nota su enfado en la voz
—si lo estoy haciendo Adriana
Escucho como Adriana camina hacia la puerta así que rápidamente me escondo hasta que veo que pasa enojada hacia la salida.
Cuando veo que ya se ha ido, salgo y entro en la habitación.
Veo como Spencer esta en la terraza mirando a la nada. Supongo que a ella es a quién ama.
Me acerco a él y me apoyo a su lado
—estás bien? —le pregunto con voz suave
—supongo, Adriana se marchó enfadada y dudo que la vuelva a ver
—ya la vi salir y por eso no te preocupes. Si tienes que cruzartela te la cruzarás de nuevo
La semana en Madrid pasa sin inconvenientes. Pero lo bueno se acaba y ya nos vamos de nuestra luna de miel. Y me toca enfrentarme a mi dura realidad.
Cuando llegamos al castillo es por la mañana así que simplemente me limito a ordenar mis cosas en mi habitación nueva.
Termino y salgo a mi balcón para observar el jardín lleno de flores mientras mis pensamientos vuelan muy lejos de aquí.
Unos golpes en mi puerta me hacen salir de la ensoñación.
—pase—murmuro
A los segundos veo entrar a Thalia
—que ocurre? —pregunto girandome de nuevo para observar el jardín
—venía a avisarte de que el almuerzo estará en unos minutos
—eso es todo? —pregunto fría
—no, Laura, quería disculparme contigo. No debí reaccionar de esa manera hace dos semanas. Eras nueva en esto y solo querías sentirte feliz
Me giro y la observo, se nota arrepentida. Sonrío levemente
—todo olvidado Thalia, no te preocupes.
Ella me abraza fuertemente demostrando que se alegra.
A la mañana siguiente me despiertan unos golpes en mi puerta
—adelante—murmuro aún con sueño
Entra una del servicio
—su majestad, venía a avisarle que en dos horas tendrá que ir al muelle a inaugurar un barco
—gracias por avisar
Me doy un baño de media hora y cuando salgo decido ponerme un vestido burdeos de tiranta y espalda al aire acompañado de un cinturón de piedras plateadas. Me pongo unos tacones iguales que el cinturon junto un chal de seda negro.
Me dejo el pelo suelto y me maquillo.
Al salir todo está en silencio y solo se escuchan mis tacones resonar contra el suelo.
Cuando llego al comedor ya están todos allí salvo el antiguo rey y reina que se fueron a su mansión de la costa.
Me siento en el lugar de la reina y como en silencio. No por protocolo sino porque no tengo ganas de hablar con nadie.
Al terminar me levanto de la mesa sin mirar a nadie y salgo hacia la entrada para esperar a Spencer. Antes de salir escucho a mi prima
—que le ocurre? Ella no es así
Pero no me detengo a responderle.
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This Is Me
FanfictionUn compromiso obligado con motivos secretos; un príncipe apunto de ser coronado rey; una chica de Los Ángeles que vive la vida a lo loco... Él es de una isla que pocas personas conocen. Es educado y culto, con sus objetivos en la vida muy claros. E...
