Capítulo n°9

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Narra Laura.

-Iré al grano. Tú me gustas, mucho.

De seguro mis ojos estaban demasiado abiertos, más de lo que normalmente uno los puede abrir. De repente a mi mente vino la imagen de David. ¿David? Hasta cuando se me declara alguien aparece en mi estúpida mente. Abría y cerraba mi boca sin saber que responderle. Me gusta, pero un poco. Me siento bien a su lado y es muy buena persona conmigo, pero no lo conozco lo suficiente. Es como un efecto invertido, ahora que sé que le gusto no se siente igual.

-¿Pasa algo? Te pusiste seria de repente.- Siento como ordena unos mechones y sonrío forzada mientras acomodo en mi asiento.

-No pasa nada, no creí que serías tan directo, pero gracias.- Juego con mis manos tratando de pensar en algo lindo. ¡Ya sé! Un hamster, no, mejor no, no es mi mejor recuerdo. ¿Un pato? Sí, los patos son tiernos y amigables.

-Bueno, no sé como decir esto, pero de todas formas lo haré.- Veo que Cristóbal se levanta de su asiento y se pone frente a mí. -Me gustaría que fuéramos más que amigos, me gustaría mucho, ¿que opinas?

-Cristóbal no..- Me detengo a mirar su cara de confusión en cuanto empiezo a hablar. -No es que no me gustes o no sienta algo por ti, yo no quiero todavía, no me siento preparada y aún soy pequeña. No quiero ser más que tu amiga, Cristóbal.- Susurro la última parte y me levanto de a poco para retirarme de lugar. -Nos vemos.- Dicho eso me voy caminando a mi casa sin volver a mirarlo. En el camino iba pensando en lo que ocurrió recién y si lo que le dije fue lo correcto.

¿Por qué tenía que pasar esto con él? ¿No pudo ser otra persona en vez de su primo? ¿Por qué pensé en David? ¿Lo rechacé porque no me sentía preparada o por otra cosa, mejor dicho, alguien más?

Comencé a observar el vecindario con detenimiento, y me dí cuenta de que era bastante bonito, además de tranquilo. Jardínes llenos de flores en los patios delanteros de cada casa, las cuales habían de varios colores. La plaza que había a unas cuadras de mi casa, en la cual nos juntabamos a menudo, le daba un toque familiar al vecindario. Lo único que le quitaba el aire pacífico y tranquilo era que en ciertos sectores de la vecindad habían muchas rejas protegiendo locales u hogares haciéndolo parecer un tanto inseguro, lo cual yo no estoy de acuerdo, por que mis padres viven en este lugar por más de 20 años y nunca ha pasado nada.

Hoy había quedado con Elena para pasar la tarde en su casa, y cuando ya la visualizaba me topé con Manuel, que estaba tocando el timbre de la casa de mi amiga. Fuí hacia él con la intención de preguntarle el porque estaba aquí, cuando Elena aparece diciendo animadamente que entremos a su Casa como de costumbre.

-Hola chicos ¿Cómo estan?, Manuel ¿cómo está tu abuelita?- Dice Elena al entrar en su casa.

¿Se conocen? ¿Su abuelita? Que rayos está pasando aquí. Sentí mi ceño fruncido y negué leve relajando mis facciones, este rostro no se mantiene de cremas. Vi que también estaba Alex con Julietta riendo de algo, sonreí leve y fui corriendo hacia Julietta para tirarme sobre ella.

-¡Amiga del alma!- Grité abrazándola por el cuello y con mi mejilla apoyada en la cima de su cabeza.

-Sale de encima, no seas tarada.- Wuau, derrocha amor. Me reí suave y me separé de ella para saludar a Alex.

-Muchachas, no saben del notición que me contaron hoy.- Llegó Elena animada a nuestro lado con Manuel siguiéndola.

-¿Qué pasó ahora? ¿Acaso Joaquín va a jugar en el partido de basquetball de la próxima semana y lo irás a ver a primera fila?- Comentó Julietta y sonreí de lado, levanté mi brazo con mi palma abierta y sentí su mano chocar contra la mía. Era nuestra forma de expresar que la otra estaba en lo correcto.

S I X T E E N.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora