Capítulo 11: Reminiscencia.
El sonido del despertador interrumpió mis sueños. Aún desde mi cama y con los ojos cerrados, busqué el despertador a ciegas que reposaba en la mesita, al lado de mi cama. Tanteé parte de la madera hasta hallar dicho aparato y apagarlo.
Era domingo así que podía seguir durmiendo.
Con ese pensamiento en mente, me arropé de los pies hasta la nuca y me puse la almohada sobre la cara para evitar que la luz del sol me diera de lleno en el rostro. Sin embargo, mi plan se vio frustrado cuando sentí que abrían la puerta con cuidado. Eso fue suficiente para ponerme en alerta. Tal vez era mi hermano mayor Luis que venía a fastidiarme o mi hermanoSantiago, que venía a gastarme bromas pesadas.
Sea quien fuese, estaba preparado.
Pero no pasó nada. En vez de eso, escuché pasos lentos que se acercaban a mi cama y segundos después, advertí como parte del colchón se hundía bajo el peso de una persona. Alguien se había subido. Yo continuaba con los ojos cerrados, en un intento vano de querer dormir. No pude hacerlo, pues fuese quien fuese, ahora gateaba debajo de las sabanas con tal cuidado que si yo no estuviese despierto ya, seguro que hubiese seguido roncando a pierna suelta. Bastaron unos instantes para percibir que ese "alguien" se acostaba a mi lado, acompañando su travesía de una sonrisita suave.
Supe en seguida de quién se trataba y por eso no me incomodé, permanecí en la cama, consintiendo su compañía. Abrí mis parpados y me encontré con unos brillantes ojos verdes y una amplia sonrisa. Ya me lo esperaba, pero aun así casi me caí de la cama al respingar.
—Buenos días, Leandro —saludó aquel mismo niño. Aunque ahora podía ver sus ojos; eran de un verde tan intenso, como el color de las hojas de los arboles. De todas formas, era lo único nítido, lo demás seguía siendo borroso.
—Que susto me diste—dije mientras me ponía una mano sobre el corazón—. ¿Acaso quieres matarme?
—Lo siento... es que me gusta verte dormir
Enarqué una ceja ante esa respuesta. ¿Sabría Elías el poder de esas palabras? Lo dudaba, aun era muy pequeño para entender qué significaba. Atribuí ese detalle a que seguramente lo había escuchado de los mayores. Por eso le pregunté, para cerciorarme de que estaba bien encaminado.
— ¿Por qué?
—Porque mamá dice que ver dormir a la persona que te gusta significa que la amas
Lo sabía, debió de escucharlo más de una vez para repetirlo con tal ímpetu. Suspiré cansado, era misma perorata de todos los días.
—Elías, aun eres un niño para saber lo que es el amor—argumenté al mirarle y mientras lo hacía, noté que el niño ponía cara de fastidio—. Además, hoy es domingo y son las siete de la mañana, ¿Qué haces aquí en mi casa a esta hora? ¿No deberías estar en la iglesia con Luis?
—¡No soy un niño! ¡Y no fui a la iglesia porque quería dormir contigo! —exclamó molesto mientras se arropaba de pies al cuello, acostándose tan naturalmente sobre las almohadas, como si esa cama fuera suya y fingió dormir con el ceño fruncido. ¡Era un niño muy terco y abusador! Siempre hacía lo que le daba la gana...
— ¡Ah, está bien! Haz lo que quieras —dije con resignación. El niño abrió sus orbes y percibí la alegría en sus bonitos ojos.
—Pero ya salió el sol, Leandro. ¡Mejor vamos a jugar! ¡Anda, di que sí!
—Bien. Tú ganas.
Se bajó de la cama, dejándola más desordenada que de costumbre y corrió a la puerta. Se veía feliz e irradiaba alegría en su sonrisa y ojos. Luego se dio cuenta de que no lo seguía y se devolvió.
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Uke Acosador. ME PERTENECES (PARTE I)
RomansaLeandro es un profesor recién egresado que pretende trabajar en el instituto "Ángel de la Guarda". Todo va más o menos bien hasta que conoce a uno de sus estudiantes: Adrián, un chico pelirrojo de timadores y brillantes ojos verdes que lo acosará si...
