JungKook invitó a pasar a YoonGi, quién subconscientemente admitía estar algo asustado e impaciente. No podía esperar por ver los secretos que el tan misterioso y cambiante muchacho aguardaba en su gran casa, pero, aun así de entusiasmado, había una parte de él que se seguía repitiendo que tal vez era un chico "normal" como cualquier otro de su edad, aunque su apariencia, era otra historia.
JungKook volvió a sonreírle a YoonGi, la combinación de esa sonrisa algo macabra y/o fingida y esas ojeras enormes, era aterradora. El peli menta suspiró, le devolvió la sonrisa y recorrió la habitación con su mirada. Admitió que se sentía un ambiente pesado que incluso daba algo de nauseas, una extraña incomodidad y una pesadez que, rápidamente, invadió su cuerpo. JungKook, por su parte, borró esa sonrisa de sus labios inmediatamente cuando YoonGi volteó. Aseguró la puerta y avanzó hasta dónde el muchacho.
— Siéntate aquí. Tengo que ir arriba, la cocina está allí. ¿Podrías esperarme? — Preguntó el pelinegro mientras señalaba las escaleras, la verdad, es que aquella puerta blanca justo al lado de las escaleras, daba a la cocina, pero se tenía que tomar el tiempo de preparar aquella mezcla especial como un extra saborizante para el té de su tan especial invitado, después de todo ¿Quién tendría ácido Gamma-Hidroxibutírico* en su propia cocina?
— Por supuesto. — Afirmó YoonGi. Se sentó en el sofá, que parecía ser algo antiguo, y efectivamente lo era, desprendía una fragancia a antigüedad bastante peculiar.
— Intenta no tocar nada, ni tampoco pasearte. La verdad es que todo está lleno de polvo y muy sucio, no he tenido oportunidad de limpiar y me da algo de vergüenza que lo veas así. — JungKook mencionó una excusa rápida para que YoonGi no se moviera de ese sofá y fuera mucho más fácil todo aquel proceso.
— Está bien, no te preocupes. — Dijo el peli verde mientras sonreía de una forma algo incómoda. Pues estaba mintiendo. Obviamente se pasearía por la casa, no estaba en sus planes, eso era evidente, pero ya que el chico se iría hacia el segundo piso, le facilitaría más las cosas. JungKook confió en la palabra de su contrario, tal vez pensando que era muy tonto y asustadizo como para desobedecerlo. Subió las escaleras a paso lento lo cual ponía a YoonGi más nervioso aún. Apenas el chico llegó al último escalón, YoonGi se aseguró de esto y revisó las escaleras, efectivamente ya no estaba allí.
Miró toda la habitación dónde se encontraba una vez más, se sentía algo mal por violar la privacidad del chico, husmeando en su propia casa sin más, pero si descubría algo, sería para una buena causa, así que dejó la culpa a un lado. Se armó de valor y comenzó a pasearse por los pasillos de la amplia casa, que constaba con decoraciones anticuadas nada apegadas a la época, los muebles y las paredes también intentaban seguir el estilo de las decoraciones, éstas últimas tenían un papel de pared color rosado apagado, estaba algo sucio y roto en ciertos lugares, al parecer la humedad había tomado la delantera. Algo particular le había llamado la atención, había una barra de metal, que no parecía tan pesada apoyada en el barandal de la escalera, le llamó la atención por la simpleza que presentaba la locación del objeto, pero decidió ignorarlo por ahora.
Se percató de dos puertas blancas, una que conectaba la sala con la cocina y la otra que estaba justo al lado de la escalera, que precisamente daba a la cocina también, decidió ir a por la segunda, ya que le parecía más extravagante, la abrió muy lentamente intentando no hacer ningún tipo de sonido, y mirando con desconfianza las escaleras. Se sorprendió bastante al ver todos los electrodomésticos que delataban que de una cocina se trataba. Miró con atención todo, a diferencia de la anterior sala, lucía limpio y en buen estado. Pensó que tal vez la mismísima cocina-horno no funcionaba, y tendría otra en el piso de arriba, y a que a simple vista, lucía perfecta y funcional. No había nada extraño en la habitación que lo hiciera quedarse, así que cerró la puerta enseguida, pero sin olvidar que debía hacerlo con toda la suavidad del mundo, volvió a revisar las escaleras en señal de desconfianza. No quería ni pensar en que sucedería si aquel muchacho lo pescaba husmeando por su casa. ¿Qué diría? ¿Qué explicación inventaría?
"Solo buscaba el baño" pensaba que sería la excusa más adecuada para la situación, aunque el husmear por cada habitación era inexcusable. Mientras planeaba sus palabras, se paseó por varias habitaciones repitiendo el mismo procedimiento, chequeando las habitaciones, y revisando las escaleras. La pequeña chispa de esperanza que se había encendido en él cuando JungKook lo invitó a pasar, se extinguía a medida que abría las puertas y veía las—lamentablemente normales—habitaciones. Cada puerta invitaba a su subconsciente a que deje las estupideces y acepte de una vez que el anfitrión de la casa era un joven adolescente universitario común y corriente. Quedaban dos puertas más, y habían pasado como unos diez minutos desde que JungKook lo había dejado solo. YoonGi se preguntaba cuál podría ser la razón de su tardanza, pero aun así agradecía que se tomara su tiempo.
Se rindió y pensó que no tendría sentido seguir revisando las habitaciones, de todas formas ni siquiera sabía que buscar. Chasqueó la lengua y se dio la vuelta.
Un silencio invadió todo el ambiente, permitiendo que YoonGi con su no tan atento oído, pero algo refinado al fin y al cabo, escuchara una especie de rasguños, como un gato rasguñando un pedazo de madera. Creyó que tal vez el muchacho tenía algún felino, pero le parecía extraño ya que nunca vio ningún gato rondar por los alrededores, descartó esa opción rápidamente y se le ocurrió que tal vez podrían ser ratas, la casa era antigua y muy grande y no parecía ser muy cuidada, así que era una opción razonable. Se volteó y dirigió la mirada a una de las puertas que había dejado sin abrir, una que estaba justo enfrente a él. Entrecerró los ojos y frunció el ceño. Creía que el sonido venía de aquella puerta, avanzó lentamente hasta ella, algo nervioso. El ambiente le resultaba realmente pesado, su cuerpo se sentía cansado y para rematar, la oscuridad del lugar y aquel olor a antigüedades. Con la mirada fija, se acercó, hasta que sus pasos acompañados con el sonido de la madera, dejaron de hacer éste ruido, y pasó a ser un ruido acuoso, como si estuviera pisando sobre agua. Bajó la mirada y entonces su cuerpo se congeló.
Estaba pisando sobre un gran charco de sangre rojiza y espesa.
Se hizo hacia atrás tapando con sus manos su boca, intentando no emitir sonido para no alarmar a el anfitrión de la casa. Aquellos sonidos de arañazos se escuchaban más fuertes al acercarse a la puerta, y también una especie de lloriqueo o gemido. Tragó saliva, se acercó de nuevo a la puerta sudando frío y completamente asustado.
¿Qué es lo que había allí?
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[*] Ácido Gamma-Hidroxibutírico: El ácido gamma-hidroxibutírico, ácido 4-hidroxibutanoico, ácido oxíbico o GHB es una sustancia que se produce de forma natural en pequeñas cantidades en las células del sistema nervioso central de mamiferos, incluidos los humanos, en las bayas ácidas y también aparece como producto de la fermentación en el vino y la cerveza. Uno de los tantos usos de el GBH es como una drogapsicotrópica sedante por lo que es una sustancia controlada en varios países. Como fácilmente produce pérdida de la consciencia y perdida de la memoria momentáneamente, se ha usado también, como droga de violación. También se le atribuyen fuertes propiedades afrodisíacas en numerosos ambientes de vida nocturna.
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