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YoonGi sostenía la gruesa cadena del colgante entre sus dedos mientras la miraba con atención intentando de alguna forma adivinar la historia del tan extraño amuleto.
Sus pensamientos se devolvieron hacia la última imagen que tenía en su mente, JungKook cubierto de sangre mirándolo como si su presencia se tratara de la cosa más molesta del mundo.

Había algo de toda aquella situación que lo había dejado completamente intranquilo.
¿Qué diablos estaba pasando con ese chico?
No había ninguna explicación para lo que vio, para que el muchacho pelinegro se mostrara tan calmado frente a su propia situación.
Era todo muy extraño, le habría gustado saber más, pero estaba paralizado gracias a la actitud fría de JungKook y gracias a sus pensamientos que lo torturaban cada vez un poco más, haciéndolo creer cosas que eran dignas del infierno.
La curiosidad por saber que ocultaba su vecino en aquella tan grande casa le picaba cada vez más, pero se estaba quedando sin opciones.
No podía llamar a la policía y someterlo a falsas acusaciones que podrían rebotar en su contra, tampoco podía ir a golpear su puerta y acusarlo de asesino sin prueba alguna, ni siquiera sabía si aquella sangre era de él o de alguna otra persona.
No tenía razones para ir a su casa a investigar por su cuenta a un muchacho que tal vez era de lo más normal del mundo y aquella sangre no era nada menos que salsa de tomate, al pensar eso a YoonGi se le vinieron a la mente aquellas caricaturas antiguas que le solían sacar una sonrisa.

Suspiró frustrado y recostó su cabeza sobre la mesa, viendo desde la ventana, la puerta de entrada de la casa de JungKook.
Entonces una idea fugaz se apareció en su mente, miró una vez más el amuleto y entonces se le ocurrió.
La verdad, es que sí tenía una razón para ir a la casa de JungKook.
El colgante le pertenecía al pelinegro, y era hora de que él se encargara de devolvérselo.
Armó una especie de plan mental; el iría, golpearía su puerta y le devolvería el amuleto, mientras paseaba su mirada por la sala de estar del chico intentando descubrir algo fuera de lugar.
¡Perfecto! ¡Era el plan maestro!

Ya era bastante tarde, y no quería parecer uno de esos "vecinos insoportables" así que decidió esperar hasta el otro día.
Luego de llegar de la universidad, se ocuparía de aquel asunto que lo tenía tan alterado.

—••—

El día había transcurrido de forma normal para YoonGi, pero no podía quitarse aquellas ideas de su cabeza, había llevado el collar en su mochila porque temía olvidárselo.
Se hicieron aproximadamente las dos de la tarde y su amigo, HoSeok, propuso que ambos vayan por algo para comer. YoonGi, hambriento, aceptó.
Ambos chicos se sentaron en una de las mesas del comedor de la universidad.

— YoonGi, ¿Será que puedes prestarme algo de dinero? Es que necesito comprar unas fotocopias pero olvidé mi dinero en casa. — Dijo el moreno mientras ponía distintos aderezos en su comida, cosa que asqueó al peli verde.

— Seguro. —Dijo y buscó en su mochila el dinero, dejando caer el collar. HoSeok escuchó el sonido del metal al caer y dirigió su mirada hacia el amuleto el cuál levantó entre sus dedos.

— ¿Por qué tienes esto contigo? — Preguntó el moreno inspeccionando el amuleto mientras comía una patata frita.

— No es mío, es de mi vecino. Ayer lo dejó caer. — Respondió YoonGi.

— ¿Qué clase de vecinos tienes? Debes devolverle ésta cosa, rápido. Esto no es nada bueno. —Dijo HoSeok totalmente serio, cosa que era bastante extraña en él.

— ¿A qué te refieres? — Se cuestionó el peli verde, tal y como lo había pensado, había algo mal con todo éste asunto. Sabía que a HoSeok le atraían todo ese tipo de cosas espirituales y demás, pero nunca se le había cruzado por la mente preguntarle porque creía que nunca escalaría a mayores, ni mucho menos a alguna estupidez espiritual.

—YoonGi ¿Acaso eres ciego? Es un pentagrama diabólico. ¡Debes deshacerte de esto rápido! — Afirmó el muchacho soltando el amuleto.

— Vamos amigo, no me asustes, es solo un tonto collar... Además, esto no es cómo esas películas de terror que tu miras. — Rió el peli verde.

— No estoy bromeando, devuélvele ésta cosa y no te acerques a él. — Volvió a afirmar HoSeok completamente seguro de lo que decía.
La verdad es que YoonGi nunca se imaginó que todo esto estuviera conectado de alguna forma con algo "espiritual"
Él no creía en esas cosas, y por el simple hecho de que su amigo loco del espiritismo y fanático incurable de los libros de Edgar Allan Poe, le dijera algo así, no lo volvería creyente ni mucho menos.

—••—

Cuando salió de la universidad, saludó a su amigo, el cuál nuevamente le advirtió sobre el collar, YoonGi suspiró por las intensas advertencias de su mejor amigo, pensó que éste era bastante denso con todo aquel tema de los fantasmas y similares, y entonces recordó esa vez que lo obligó a quedarse durante dos horas dentro de un círculo de sal mientras hacía danzas extrañas y le pedía a los "fantasmas" que se vayan, todo esto porque HoSeok había escuchado un ruido extraño y que al otro día descubrieron que se trataba del viento. «La peor piyamada de mi vida» pensó YoonGi mientras sonreía.

Caminó hasta su casa con paso algo apurado, tal vez en lo más recóndito de su mente si estaba algo asustado por las palabras de HoSeok, pero no le daba importancia a ese insistente miedo.
Dejó su mochila encima de la mesa y tomó el amuleto del bolsillo de ésta.
Llevaba su teléfono celular en uno de los bolsillos de su polera, así que también puso el colgante en esos bolsillos.
Y así, caminó hasta la enorme casa de su vecino.
Estaba bastante nervioso a decir verdad, su corazón latía muy rápido y no tenía idea el porqué.

Dio tres golpes en la puerta de madera, esperando una respuesta y con el corazón en la boca, esperó pacientemente a encontrarse con un rostro familiar e inquietante que con una sola mirada fulminante le dijese todo. 

infierno - yoonkookHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora