Capítulo 18. // Final.

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Draco se removía lo más que podía en su cama, debido a que Harry apenas le dejaba moverse.
Todavía no lograba despertarse, y sus suaves suspiros hacían que Harry se sintiese satisfecho.
Sus labios se entreabrían y su miembro comenzaba a despertar ante sus caricias.

Sus labiales se deslizaron por su cuello, subiendo por el mismo, hasta llegar a su oído.

—Draco. — Susurró.

Recibió un quejido por parte del otro.
Su ceño se frunció y Harry sonrió.
Comenzó a mover su mano, masturbándolo lentamente.

—Nnh...
—Draaaco. — Su voz alargó suavemente la a.
Cuando escuchó un ronquido desde alguna cama ajena decidió quedarse en silencio.
Era mejor actuar.

No fue demasiado difícil bajar los pantalones de pijama del chico, y para su sorpresa, Draco no dormía con ropa interior.

Comenzando su actuar, su cuerpo bajó, hasta que su cabeza se encontró con el erecto miembro ajeno. La lengua rozó la punta mientras su mano tomaba la base.
Las caderas del rubio se removieron bajo sí, en forma de aprobación.

Lamió todo el falo, desde la base hasta la punta, y luego sus labios rodearon el mismo.

—Mnnnh... — Notó que Draco comenzaba a abrir los ojos de a poco, y la mano del mismo fue hasta su cabello. — ¿Q-Qué?

Cuando notó al chico ahí, sus ojos se abrieron como platos, pero no pudo hacer mucho más cuando Harry comenzó a devorar su miembro, introduciéndolo y sacándolo de su cavidad bucal.

Draco no pudo evitar gemir.

—Shhh. — Harry le guiñó un ojo desde su posición y sonrió, volviendo a su trabajo.
—Ha-Harry... ¿Por... por qué? — Intentaba susurrar lo más bajo posible, pero entre medio no podía evitar soltar suaves quejidos.

Dejó lo que había estado haciendo. Se deslizó sobre el cuerpo del rubio platinado, acomodándose en medio de sus piernas, que ahora se encontraban abiertas y dispuestas ante él.

—Porque te necesito. —Susurró en sus labios.
—Yo... No quiero. — Sus palabras y sus acciones se contradecían completamente. Sus piernas se habían cruzado y abrazado a las caderas de Harry mientras que sus brazos se habían agarrado a su cuello.
—¿No quieres? — Tomó el labial inferior de Draco entre sus dientes de una manera suave. Draco jadeó.

—No quiero sólo sexo...
—Yo... Yo tampoco, Draco. Me equivoqué.
—Te odio, te odio. Te odio tanto.

Sus palabras salieron en un susurro, y Harry sintió como aquellas palabras decían algo, pero desprendían un sentimiento diferente. Eran suaves, no despreciables, y Harry notó como los ojos del chico rubio se tornaban llorosos. Podía parecer muy malo y todo, pero sabía que era una cosita adorable.

—Te quiero, Draco.

Y como si eso fuera todo lo que necesitaba, sonrió.

—Fóllame.
—Todo lo que quieras.

Todo fue tan lento, tan silencioso.
Pero sus almas gritaban, y sus cuerpos pedían a gritos atención.

Draco se había entregado en ese mismo momento a él.
No de una manera corporal, sino espiritual.

¿Cuándo había ocurrido todo eso?

Sus labiales se habían unido, y sus lenguas chocaban desesperadas. Cuando Draco comenzó a gemir contra su boca cuando sus caderas chocaban, Harry tuvo que recordarle que no estaban solos.

Pronto las prendas se hicieron bastante más molestas y no fueron necesarias.
Cuando el chico de ojos color esmeralda iba a prepararle, Draco le detuvo.

—No... Hazlo... Lo quiero así.
—¿Estás seguro?

No despegaban la vista el uno del otro, y Draco asintió con la cabeza.

Cuando Harry posicionó la punta en la entrada de su ajeno, comenzó a empujar y pudo sentir como el pálido cuerpo se tensaba bajo él. Los brazos de Draco le habían soltado y se aferraban a la sábana con fuerza, mordiéndose los labios para no gritar.
Draco quería gritar, quería gemir, quería entregarse sin restricciones, y en un momento pensó en hacer un hechizo silenciador, pero en ese momento no creyó poder hacer un muy buen trabajo.

Cuando había entrado por completo, finalmente Draco soltó el aire que había estado conteniendo, pero Harry se movió y sin querer se le escapó un hipido.

—Lo siento, bebé. — El rubio se sonrojó completamente casi de inmediato, Harry tuvo que contener una risa cuando vio que ya no lo miraba a los ojos.

Cuando el rubio platinado se relajó, el moreno comenzó un vaivén lento, los brazos del contrario se pasaron hacia su espalda y apenas comenzó a aumentar el ritmo, sus uñas hicieron el trabajo en la carne de la espalda de Harry.
Sus piernas se abrazaron a las caderas del mismo, y así comenzaron un lío de suspiros angustiados y besos desesperados.

Cuando sus pieles chocaban se provocaba un ruido que era extremadamente lascivo, pero a ambos les parecía muy caliente. Las manos de Draco se fueron a su propia boca intentando cubrir los sonidos, pero fueron apartadas por las manos del moreno, quien no dudó ni un instante en entrelazar sus dedos con las mismas, dejándolas a un lado de la cabeza de Draco.

—M-me.. Uh... Me voy a... Mierda, no puedo-ohh más..
—C-córrete para mí...

El moreno soltó las manos ajenas y fue hasta las caderas de Draco, en las cuales hundió las yemas de sus dedos, mientras que las del rubio se hundían y entrelazaban en el cabello alborotado de Harry, atrayéndolo para acoplar sus labios en los propios, sin poder evitar soltar un gruñido en el repentino momento en que Harry se corrió sin aviso en su interior.
Pronto fue su turno, y ambos dieron un último gemido, aún cuando intentaron quedarse lo más callados posible.

No pasó mucho hasta que Harry cayó rendido a un costado de Malfoy, el cual había tomado su varita de debajo de la almohada para limpiar el desastre.

Antes de que pudiera soltar una palabra, escuchó a Blaise hablar.

—La próxima vez, se podrían tomar la molestia de hacer un hechizo silenciador, o simplemente hacerlo lejos de aquí.

Ambos chicos se miraron abochornados y Draco sonrojado a más no poder hizo un hechizo silenciador con la cortina de su cama cerrada.

—¿Por qué tienes que ser tan idiota?
—Seguro que no lo disfrutaste.
—Uhm...
—¿Mh?
—¿Era en serio?
—¿Qué cosa, bebé?

Draco tragó saliva nervioso y sintió su rostro arder.

—E-eso es...
—¿Draco?
—¿Qué?
—¿Te gusto?
—¿Qué?
—Eso. ¿Te gusto?
—¿Yo te gusto?
—Yo pregunté primero.
—Pero quiero que respondas primero. No voy a perder mi dignidad por tu culpa.
—Sí.
—Bien, pues entonces... Espera, ¿Sí?
—Ajám. Entonces, ¿Yo te gusto?
—¿Sinceramente?
—Sinceramente.

Draco besó suavemente los labios ajenos, mientras que simplemente el otro se dedicaba a responder y disfrutar.
Cuando se separó tan sólo unos centímetros, mordió su labio inferior y sonrió.

—Me encantas.

Baño de prefectos - Drarry.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora