Rachel había sido un sueño. Henry también lo era. Por eso no recordaba nada, por eso nada tenía sentido, por eso Rachel dio el final al sueño con esa historia.
Reece no sabía cómo era posible que ese sueño se haya visto tan real. Era imposible leer, y eso tiene sentido, pero aún así no tenía palabras para explicar lo mucho que unas posible ocho horas de sueño hayan parecido tres meses de vida real. Reece se sentó en su cama, y miró el suelo pensando.
Su subconsciente estaba tan desesperado por buscar una fuente de felicidad que alegrara su vida que creó un sueño que podría hacerlo cambiar de opinión sobre la vida real. Su mente trató de comunicarse con el de manera que lograra cambiar el parecer del chico. La vida no había sido tan oscura cuándo él se propuso que no lo fuera, por que había llegado esa rubia chica a cambiarla. Literalmente Rachel sí era una inimaginable fantasía, y era impresionante, la manera en la que de a poco su vida no dejó de ser rutinaria, pero era una rutina que a Reece realmente le agradaba, y estamos en lo cierto de afirmar que Rachel sí fue una chica que cambió la vida de Reece, pero indirectamente. Trató de recordar el momento de la noche anterior, aún estaba sorprendido por lo realista que fue ese sueño, lo real que se sintió. Y había sido aún más sorprendente pensar en que hace apenas ocho horas, Reece quería morir.
Pero ocho horas después, el muchacho no quería hacerlo.
Ese sueño definitivamente cambió la vida de Reece, fue el momento exacto donde él aprendió a volver a ser él mismo.
La mayoría de las veces la vida nos lleva, de alguna u otra manera lo hace, y todos estamos dispuestos a recibir a la muerte de manera literal o en sentido figurado.
Hay gente que muere de vejez, personas que le dieron todo a la vida y que esperan cerrar los ojos y seguir su camino hacia lo que siga después de la muerte. Otras personas se succionan por el alcohol, contraatacan a sus penas con cervezas y mueren en vida. Y otras personas, como Reece Pheeps, murieron a causa del mundo, pero era una muerte temporal de su mente y corazón, Reece Pheeps es todo lo que es gracias a un sueño que produjo su mente, un sueño que logró hacerlo volver a sonreír. Rachel no existía, y se supone que ese era su secreto. Esa hermosa chica fue todo lo que fue para Reece por que su cerebro y alma estaban tan desesperados por buscar una persona para amar, una fuente de felicidad, que lo hicieron, pero no directamente.
Eso era tóxico y venenoso, pero estaba lleno de colores como amarillo, verde y rojo juntos.
A Reece realmente no le apenaba pensar en que todo habia sido un sueño, sí le hubiera gustado que Rachel haya sido real, pero como no fue al caso, esperaba encontrar algo mejor que eso al salir de su casa.
Se preparó el desayuno, se vistió y se dispuso a salir a trotar hasta un lugar específico. Se lavó los dientes y abrochó sus cordones, abrió la puerta de su departamento, bajó las escaleras y al salir al aire libre, Reece sonrió.
Estaba trotando en las calles de Castle Combe con sus audífonos puestos, pero su mirada estaba puesta en la gente, esa gente que hace exactamente ocho horas le temía, ahora él sólo tenía ganas y vida para conocerla. Vio a ese grupo de chicas de ayer, parecía como si fueran años desde que las había visto, pero no había sido así, sólo había pasado un acontecimiento que literalmente cambió su vida en un giro de trecientos sesenta grados.
Una de las chicas paró su trote cuándo lo llamó con un. "Oye, chico del Toxic."
Reece se detuvo en seco, después de todo, era primera vez que hablaba con una chica de verdad con una sonrisa después de cuatro años.
"—Tell me."—respondió amable el chico.
"—¿Cuál es tu nombre?."
El chico sonrió, él se estaba disponiendo a una vida mejor.
"—Reece Pheeps."
"—¿Te veremos en el Toxic esta tarde?."
Reece guardó silencio unos segundos y luego respondió.
"—Claro que sí."
Y sin esperar una respuesta, el chico bajó la cabeza en modo de despedida y siguió su camino, y mientras, entendía cada palabra que Rachel le dijo los supuestos últimos días.
Reece se preguntó muchas cosas. Una de ellas era: ¿Cuántas cosas desaparecen sin siquiera haber tenido tiempo suficiente para verlas?.
Y era verdad, Rachel no existía, y cuándo el lo sabe, se arrepiente de no haberla besado una vez más, imaginariamente.
Llegó a una perrera, rebuscó entre todos los perros que podría adoptar. Reece no recordaba el tipo de perro que adoptó en su sueño, pero intentó buscar cuál le gustaba más.
Encontró a un siberiano de color gris y manchas blancas, tenía heterocronía y era como un pequeño lobo. Se decidió por ese.
Inconscientemente adoptó al perro de su sueño, y eso es lo que era, un sueño es la manera en la que te das cuenta de lo que de verdad necesitas.
"—Henry."—lo llamó.
Y el perro lo miró con la lengua afuera, como si él estuviera esperando que fuera Reece quién lo adoptara, cómo si él supiera que ese chico estaba comenzando un cambio. El chico salió de la tienda haciendo sonar la típica campana que anuncia una entrada y salida.
Reece se pellizcó el brazo para asegurar que todo eso no había sido un sueño, y claro que no lo era.
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toxic. » reece bibby
Fanfiction"Una noche en ese famoso café, un chico sirviendo una taza de la bebida y una chica, buscando una fuente de felicidad en la mirada vacía del chico que parecía haber visto antes, pero éste chico sólo elaboraba un simple café que segundos después entr...
