Capitulo 2: El Lago

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El viaje fue peor de lo que hubiera pensado, casi seis horas con el trasero aplastado contra el asiento y escuchando música inclusive más vieja que él. Por suerte su Ipod poseía un volumen lo suficientemente alto como para no sentir más nada dentro de la camioneta, pero luego de un par de horas la batería había confabulado en su contra y se había apagado.

-Ya estamos por llegar- le comentó su hermano mayor al percibir el enfado en el rostro de Diego y adivinar el futuro que corría el pobre equipo si seguía en sus manos.

-¿Cómo es posible que recuerdes el camino si tenemos tanto tiempo sin venir?

-Pues obviamente porque soy mayor que tú

- Daniel eso no tiene nada que ver

-Bueno, por eso y porque tuve que venir…

Daniel se quedó repentinamente en silencio al darse cuenta del terrible error que había cometido

-¿Tú hiciste qué?- preguntó Diego al borde de la histeria

-Mira lo que sucede…

-Lo que sucede es que tú lo sabías y no me dijiste nada

-Papá me pidió que no te dijera nada

-Claro y como tú siempre le haces caso

-Eso no tiene nada que ver, la cuestión aquí es que si te hubiéramos avisado antes te habrías fugado

-No tiene sentido, se supone que somos hermanos ¿Dónde quedó la lealtad?

-Pareces una niña pequeña, ya deja de quejarte, sabes perfectamente que te habrías fugado o por lo menos hubieras inventado alguna excusa para escabullirte.

Diego no tenía ningún argumento para refutar eso, inclusive en la mañana mientras empacaba su mente maquinaba alguna idea para fugarse. Pero era mas que obvio que su padre contaba con ello y por eso le había avisado solo unas horas antes de partir, increíblemente su ingenio no se había limitado exclusivamente a apartarlo de la civilización, sino también a evitar cualquier intento de fuga que arruinara sus vacaciones. Lo que era imperdonable es que su hermano lo hubiera ayudado con eso.

-Traidor- logró decirle antes de bajarse.

Sorpresa, fue la única palabra que le vino a la mente al observar la casa en la que se hospedarían.

En aquel lugar no quedaba ni rastro de la vieja cabaña en la que habían estado antes. Frente a sus ojos tenía una hermosa casa de campo con un pequeño patio delantero y pintada casi en su totalidad en blanco.

-Te dije que te gustaría- le comentó su madre al notar la expresión en su rostro.

-Yo no he dicho que me guste- corrigió fieramente.

-No te quedes ahí parado y ayuda a bajar las cosas- le reclamó su padre mientras hacía malabares con las tres maletas que llevaba en manos

Luego de tomar lo poco que quedaba del equipaje en la camioneta, por fin se encontraba en el interior de la casa.

Nuevamente la expresión de sorpresa cruzó su rostro. Por dentro la casa era completamente distinta de lo que hubiera imaginado. Tenía una pequeña sala con un juego de sofás que a simple vista parecían muy cómodos, acompañados de una TV de plasma que por el aparato colocado en la parte de abajo supuso tenía cable. También halló un DVD y una colección de películas apostadas en el mueble.

En la esquina, en una mesa de madera, pudo observar una computadora que supuso tendría Internet.

Más atrás se encontraba la cocina perfectamente equipada y con todo lo indispensable para pasar allí casi dos meses, un baño y las escaleras que daban a la planta de arriba, donde debían estar las habitaciones

Mariposas NegrasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora