Por qué me esquivas?- preguntó el joven, pegándola contra la pared para que no tuviera ninguna oportunidad de escapar.
La chica, quien tenía la mirada perdida, simplemente giró el rostro para verlo fijamente con una expresión de disgusto:
-No te esquivo, simplemente no quiero verte más. ¿Te cuesta mucho entender eso?
-¿Y por qué no quieres verme más?- cuestionó seriamente el muchacho
-Pensé que entenderías, pensé que eras como yo, que simplemente buscabas placer, divertirte, pero que equivocada estaba. No eres como yo, solo eres otro niño estúpido que se enamoró de mí.
-Yo nunca dije que estuviera enamorado de ti- corrigió él gentilmente.
-No es necesario que lo digas, puedo verlo en tus ojos, en la forma en la que me tratas. Y como si eso no fuera suficiente, creo que 20 llamadas perdidas tuyas lo dejan todo muy claro.
- Y si así fuera, si realmente me gustaras, cuál es el problema. Hasta donde sé ni siquiera tienes un novio- contraatacó él con una sonrisa y agachando su rostro para estar más cerca de los labios de su acompañante.
-Esa es la cuestión, no tengo ningún problema en que gustes de mí, tú también me gustas, eso es lo que hace el sexo contigo tan divertido. El problema es cuando quieres algo más. No tengo novio, no porque no pueda, sino porque no quiero. Para mí los hombres son algo puramente banal, sexo y diversión. Y tú no vas a ser la excepción.
-Palabras rudas, pero solo palabras. Cuando te conocí me dijiste lo mismo: solo una noche. Y mira, ya perdí la cuenta de cuantas veces lo hemos hecho. Es más, creo que rompí tu record.
-Muy gracioso, pero tienes razón, fue mi culpa por acostarme contigo más de una vez. Gracias por hacerme recapacitar en mi error. No lo haremos de nuevo
-No creo que puedas cumplir eso
-Creo que te equivocas
-Ya veremos- retó el joven
Y sin más preámbulos bajó el rostro para terminar de acortar la poca distancia que lo separaba de la muchacha. Ésta en un principio forcejeó, pero luego se dejó llevar.
Cada vez estaban más apretados, una de las manos del joven se encontraba por debajo de la camiseta de ella y la otra acariciaba sin pudor sus muslos. La chica, que estaba atrapada entre la pared y él, lo besaba intensamente mientras hundía los dedos en su cabello y buscaba desesperadamente acercarse aún más.
Sabía que su regla de solo una noche con un hombre no podía ser aplicada con él. Siempre era lo mismo, se decía que no iba a caer, pero ahí estaba, en la oscuridad de un pasillo dejándose desnudar y acariciar por Daniel Cohen.
El intenso momento fue cortado por el estridente sonido de un celular repicando. Ambos dejaron de besarse para mirarse fijamente, sorprendidos por tal intromisión.
Daniel, furioso, sacó el teléfono de su bolsillo dispuesto a apagarlo, pero al ver quien era se vio forzado a contestar:
-¿Qué quieres?- prácticamente gritó
-Necesito que me ayudes- se escuchó al otro lado del teléfono
-¡Que extraño tú pidiendo mi ayuda! Se puede saber ahora qué quieres- Daniel, solo destilaba molestia en sus palabras.
Lindsay, por su parte, utilizó ese momento para recapacitar sobre lo que estaba haciendo.
Aprovechando que Daniel se encontraba distraído con el celular, se le escapó por un lado, pero antes de poder dar tan siquiera un paso éste ya la tenía sujeta nuevamente por la muñeca.
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Mariposas Negras
Teen FictionDiego Cohen es un joven apuesto y de carácter fuerte que tiene una vida perfecta, hasta que su padre lo obliga a pasar sus vacaciones de verano en el viejo lago dónde solía ir con su familia. Allí conoce a Luna, una chica completamente distinta a él...
