¿Qué crees que haces Daniel? Haz caído muy bajo, usar a una pequeña niña para intentar darme celos es lo último que hubiera esperado de ti.
¿Acaso crees que me afecta? Soy libre y así cómo tú hay muchos más y siempre encontraré a alguien que me satisfaga de igual manera. No pierdas tu tiempo en causas perdidas.
Puedes volver a estar conmigo, siempre y cuando dejes a un lado toda esa estupidez del amor. No olvides aquello tan perfecto que solíamos tener: satisfactorio, libre y sin ataduras.
Daniel leía el mensaje por enésima vez mientras desayunaba.
Como siempre su celular se encontraba lleno de los mensajes de todas aquellas chicas con las que alguna vez había coqueteado y que últimamente había ignorado. Un mensaje de Lindsay había sido algo nuevo en aquella cotidianidad, hacía un buen tiempo que no hablaba con ella. Pero era de esperarse luego de la escenita que había montado con Natasha en el centro comercial.
Justo en ese momento recordó a la joven pelirroja, quien de un momento a otro se había puesto furiosa con él.
-Daniel, podrías hacerme el favor de dejar el aparatico ese a un lado y terminar de desayunar- exigió su madre sacándolo repentinamente de sus cavilaciones.
-Lo siento- comentó con una sonrisa y colocó el celular en uno de los bolsillos de su jean.
Volvió a prestar toda su atención a la escena que se desarrollaba alrededor de la mesa, su padre devoraba una mini torre de panquecas mientras Diego se burlaba de él y su madre intentaba reprenderlo.
Después de uno de sus típicos desayunos en familia, se fue hacia el patio. Sostenía nuevamente el blackberry y revisaba el mensaje de Lindsay reiteradamente. Después de leerlo detenidamente un par de veces más, decidió borrarlo.
Aquellas palabras no aportaban nada nuevo, era de su perfecto conocimiento cuales eran las condiciones de su relación con ella, además de que había descubierto que su presencia ya no incitaba nada en él. Hace tiempo, aquel mensaje hubiera provocado de Daniel tomara su carro y fuera inmediatamente a buscarla, estaba embrujado por las curvas de su cuerpo y la forma tan misteriosa en la que hablaba, pero no había nada más.
En aquel momento, sentado bajo el sol, había llegado a la conclusión de que Lindsay era una bruja con voz de sirena, que poco a poco lo había arrastrado hacia su cueva convirtiendo a esa relación en una poco saludable obsesión. Pero ahora podía ver el sol.
Con todo lo que esa nueva visión le había aportado, sintió como se quitaba un peso de encima y le permitió a su mente viajar por otros lares. Lo primero que le vino a la cabeza fue Natasha, seguía preocupado porque su pequeña amiga estaba molesta.
Recapituló en su cabeza todos los sucesos del día anterior, intentando encontrar el porqué de su molestia, pero aún no hallaba la solución.
Se sentía cómo cuando estaba en la universidad y debía resolver algún problema de Cálculo, pero en este caso no tenía una fórmula que le ayudara a solventarlo.
Intentó hacer memoria nuevamente, fijándose en todos y cada uno de los detalles, entonces recordó aquel beso que se habían dado en el centro comercial y cayó en cuenta de que a partir de ese momento fue cuando su actitud cambió completamente.
Nunca lo vio venir, simplemente sintió el contacto de los labios de Natasha sobre los suyos y consiente que su amiga lo hacía para ayudarlo, le siguió el juego. Sin embargo, mientras la besaba olvidó por completo la presencia de Lindsay en aquel lugar y se dedicó simplemente a disfrutarlo.
Cuando se separaron, notó un brillo especial en los ojos de su amiga, pero no le prestó mucha atención porque volvió la vista para fijarse en la expresión de Lindsay.
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Mariposas Negras
Teen FictionDiego Cohen es un joven apuesto y de carácter fuerte que tiene una vida perfecta, hasta que su padre lo obliga a pasar sus vacaciones de verano en el viejo lago dónde solía ir con su familia. Allí conoce a Luna, una chica completamente distinta a él...
