Fue una noche difícil, entre el agobiante calor y el cargo de conciencia Diego no pudo conciliar el sueño.
Si algo caracterizaba a Diego Cohen era que hacía lo que quería cuando quería, nada importaba cuando se empeñaba en conseguir algo. Sin embargo, esta vez, por primera vez, era diferente. Sara si importaba.
Si bien era cierto que nunca le había dicho que la amaba, tenía bien en claro cuán importante era ella. La quería, y mucho. Pero también tenía muy en claro cuanto le importaba Luna.
Mientras estuvo con ella comprendió finalmente que era más que un simple interés, estaba comenzando a tener sentimientos por Luna y eso le preocupaba.
Esta mañana su conciencia lo castigaba internamente, pero era un castigo que estaba dispuesto a soportar después de todo lo que había disfrutado con Luna, después de probar aquellos besos que lo estaban volviendo loco.
No quería apartarse de Luna, pero tampoco quería perder a Sara.
***
Diego no fue el único que no pudo conciliar el sueño. Daniel también había estado dando vueltas en su cama sin poder dormir.
Se cuestionaba si su estilo de vida estaba mal.
Estudiaba una carrera intrínsecamente relacionada con la ciencia, por lo tanto, trataba de analizarlo todo desde un punto de vista científico: Frío y Calculado.
En física había descubierto que para todo había una fórmula y que si se apegaba a ella siempre encontraría la respuesta a su problema. Aun cuando en algunas ocasiones tuviera que organizar las variables para hallar la incógnita.
En su mente trazaba por enésima vez la fórmula que había creado para sus relaciones, se preguntaba qué pudo haber salido mal.
Entonces, después de toda una noche sumido en sus cálculos, se percató de que no había tomado en cuenta una variable: Tiempo. Había estado con Lindsay más de una semana.
Ahora entendía porque sus cuentas, siempre perfectas, no encajaban.
Recordaba cómo había conocido a Lindsay. Aquel día, hace ya un par de años, había venido con su familia a pasar, igualmente, las vacaciones de verano y como era costumbre asistirían a la fiesta del club.
Conocía de memoria a todos los socios, y cómo no hacerlo si era parte de esa pequeña y cerrada élite de personas con mucho dinero y súper influyentes que habían construido ese club.
Su familia tenía excelentes relaciones con todos ellos y su padre, por supuesto, esperaba que él también las tuviera hacerse con aliados poderosos cuando llegara el momento de heredar la empresa y hacerse cargo.
Sabía desde muy temprana edad que ese sería su deber. Aunque siempre tuvo la esperanza de deshacerse de esa responsabilidad, esperanza que se perdió cuando su hermanito menor demostró ser un rebelde sin causa, irresponsable y de mal carácter que nunca sería capaz de hacerse cargo de los negocios familiares.
Aquella noche, como siempre, se paseaba al lado de su padre de un lado al otro del salón saludando a todos los invitados y haciendo lo que éste llamaba "relaciones públicas".
Se corría el rumor de que una familia de "nuevos ricos" se había unido al club y eso generaba cierta incomodidad en algunos de sus más antiguos miembros:
-…A lo que hemos llegado, aceptando ese tipo de gente, cada vez estamos peor"- Comentó un hombre regordete y de pasados los cincuentas al padre de Daniel.
-Ni siquiera sabemos de dónde han sacado todo ese dinero tan repentinamente, a lo mejor y son traficantes o algo así. ¿Usted qué cree señor Cohen? – preguntó un hombre de tamaño realmente reducido mientras se peinaba el bigote.
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Mariposas Negras
Teen FictionDiego Cohen es un joven apuesto y de carácter fuerte que tiene una vida perfecta, hasta que su padre lo obliga a pasar sus vacaciones de verano en el viejo lago dónde solía ir con su familia. Allí conoce a Luna, una chica completamente distinta a él...
