"Y en otras noticias, se presume la cura del que se creía el último infectado de Christal, estamos presenciando un milagro, ya son 3 semanas sin ninguna muerte por esta causa por lo que el gobierno ha declarado el exterminio total del virus Christal"
Jazmín apagó el televisor y se paró frente al espejo de su cuarto. Se fue retirando la venda que cubría su brazo izquierdo y en efecto, la marca había desaparecido. "Si tan sólo esto hubiera pasado antes" pensó al recordar con dolor a su hermano. No tuvo el valor de confesarle a sus padres lo que había descubierto de su hermano, después de todo sólo abriría una herida que ya estaba empezando a cerrar, al final hasta Christian había desaparecido.
—¡Jazmín! ¡Se te hace tarde para ir a la escuela!
—¡Voy! — tomó sus cosas y se fue directo a la escuela.
Había pasado un mes desde la última vez que había visto a Christian, tomó ese tiempo para poder procesar sus sentimientos, deshacerse del odio y rencor que carcomían su alma, y pese a que ya se sentía curada, por dentro había cambiado por completo.
Ya no era aquella joven alegre y sociable que con su presencia podía hacer sentir mejor a cualquiera, se había vuelto aislada, no respondía a los saludos de los pasillos y con el paso de los días todos aquellos compañeros que siempre la rodeaban se adaptaron a la nueva Jazmín y empezaron a ignorarla como si se tratara de un adorno más del salón.
María fue la única que le había dado importancia aquel cambio negativo en quién fue su mejor amiga, pero desde la noche en que descubrió que no confiaba más en ella y tenían tantos secretos no le había vuelto a dirigir la palabra, ese silencio era especialmente incómodo durante las horas de clases pues sus asientos eran continuos.
Pero ese día iba a ser diferente o al menos eso era lo que María pensaba. Llevaba horas ensayando la manera en que retomaría una plática con su amiga, necesitaba saber que ella estaría bien, que sólo estaba atravesando un mal momento pero pronto pasaría.
Sin embargo su plan se vio frustrado al notar que Jazmín no entró al salón tras sonar el timbre. Su instinto le decía que algo malo estaba pasando, esa chica tan responsable jamás faltaría a clases y menos teniendo el examen final.
—Profesora, antes de empezar ¿puedo ir al baño?
—¿Le parece oportuno?
—Su examen está para cagarse del miedo.
Las risas de los compañeros no se hicieron esperar, y la maestra sin querer tolerar el lenguaje de la chica le dio el pase de salida. María corrió por los pasillos hasta llegar al casillero de Jazmín, estaba intacto.
Siguió caminando y a la distancia pudo ver la silueta de su amiga frente a su casillero, la vio depositar algo por la apertura y se marchó. María esperó a que Jazmín se hubiera perdido de vista para correr a su casillero, quitar el cerrojo y ver lo que le había dejado; ni más ni menos que una carta.
La abrió y apenas leyó las primeras líneas inmediatamente cerró su casillero y corrió por el camino por donde se había ido Jazmín. A paso apresurado sentía que el aire se le iba acabando y sus mejillas eran humedecías por las lágrimas.
—¡Jazmín! —gritó al salir del instituto. Jazmín estuvo a punto de tomar le autobús pero al escuchar a María se detuvo, perdiendo su transporte.
—María ¿qué haces aquí afuera? A esta hora deberías estar en examen.
—¿Debería o deberíamos? ¿Qué crees que estás haciendo?
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Destino
Ficção AdolescenteLa continuación de El Laberinto del Vampiro. "Ni la enfermedad de Christal ni la muerte de mi madre fueron una casualidad o una cruel jugada de la vida que no tenía remedio. Entre la unión de un inmortal y una humana privilegiada, iba a nacer un mo...
