Capítulo IV
El sendero a la aldea se les hizo eterno. Kohaku llevaba a Rin en los brazos y a su lado caminaba Miroku. Más adelante iba Inuyasha, apartado del grupo. El peli plateado aun no podía creer lo que había hecho su medio hermano y en frente de todos. Eso sí que era algo fuera de lo común. La actitud de Sesshomaru y el beso de Kagome... ¿Qué rayos estaba pasando? No podía entender por qué correspondió, si él amaba Kikyo.
—Inuyasha, tal vez deberíamos descansar aquí— Le sugirió el monje, a lo cual no respondió pero en su lugar asintió levemente. El hanyō se encaramó en la rama de un árbol, lucía triste al igual que Rin. Ella había llorado durante el viaje porque su querido señor no había actuado como esperaba. Prácticamente los echó de sus tierras, y aunque Kohaku le daba ánimos, aún seguía algo llorosa. Pero le agradecía con tiernos besos que estuviera a su lado. Poco después la morena se acercó a hablar con el joven de ojos dorados y los otros acompañantes la observaron, pero no dijeron nada.
—Señor Inuyasha... ¿Está despierto?— Preguntó con timidez.
—No, es solo que... Olvídalo... ¿Qué se te ofrecía?— Al menos él quería cooperar.
—Necesito respuestas.— Le dijo solícitamente, esperando no molestarle.
—Bien. Pregunta.— La alentó a proseguir.
—¿Qué es lo que obligó al Señor Sesshomaru a morder a la señorita Kagome de esa forma?— Cuestionó un tanto preocupada. El joven suspiro, no era algo que se pudiera contar como si de cualquier cosa se tratara. Pero tenía que ser honesto, así que se armó de valor.
—Sólo estaba marcando a su mujer.... O sea, que ella es ahora... Su esposa...— Cuando terminó de decírselo, la chica se llevó las manos a la boca asustada, era verdad que eso la había sorprendido. Nunca, en el tiempo que estuvo al lado del daiyōkai, el mostró afecto por nadie.
Y la pregunta del millón era: ¿Que hacía aquella miko en los territorios del Lord del Oeste? Otra incógnita que se agregaba a las ya tantas sin respuesta. Si tan solo pudiera comprender un poco de lo que pasaba por la mente de los dos.
Porque en su cabeza estaban tan presentes las palabras de Kagome, ella lo amaba y al escucharla decir eso de sus labios, algo se removió dentro de su ser. Rin lo observó por el rabillo del ojo, el hanyō se había quedado encerrado en su mundo. Supuso que aparte de eso, había más cosas que él no podía explicarle, así que le dejo para no perturbarlo más y se acercó al fuego, donde la esperaban su novio y el monje Miroku.
De pronto, Inuyasha se bajó y corrió devuelta al castillo de su medio hermano, dejando a los presentes atónitos porque no les dijo nada, simplemente desapareció.
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Kagome se había despertado desde hacía un buen rato, ya era de noche pero ignoraba la hora. Se llevó las manos al cuello, recordando lo que había pasado. ¿Por qué Sesshomaru había intentado matarla? No lo podía entender.
Y ahora, estaba abandonada a su suerte en medio del bosque y con una herida que al parecer ya había sanado. Que extraño, ¿sería uno de los beneficios de ser joven por siempre? No lo sabía ni quería averiguarlo, eso no tenía la mayor importancia. Verificó que no hubiera nadie cerca y corrió alejándose del lugar, sin rumbo fijo. De encontrar el pozo, se arrojaría dentro sin pensarlo, pero no le duró mucho el gusto. Varios monstruos se interpusieron en su camino, riendo con sus amarillentos colmillos. Tenían el aspecto de minotauros y eran enormes.
—¿A dónde vas, mujer?— Le cuestionó el que parecía ser el que comandaba el grupo.
—No tengo porque decirles nada, aléjense de mí o se arrepentirán...— Intentó amenazarlos.
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Despertar contigo
Fiksi PenggemarSesshomaru tenía un sinfín de planes en mente y la ex mujer de Inuyasha, jugaba un papel importante en ellos.
