Sorpresas y nuevos acontecimientos

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Capítulo IV

—¡Inuyasha, reacciona!— Gritó la sacerdotisa saliendo del claro donde estaba la tumba y corriendo hacía la espesura del bosque en un intento de evitar el ataque de su esposo, que paso casi rozándole. Antes de que arremetiera contra ella una vez más, utilizó una flecha purificada que dio de lleno a la burbuja que protegía a Kagome y esta se desvaneció en el acto. El hanyō cayó inconsciente al suelo, pero ella dudo en acercarse porque inmediatamente la esfera volvió a retomar su forma.

—¿Qué es lo que quieres?— Le preguntó  con firmeza volviendo a tensar una nueva saeta en su arco y dispuesta a disparar en cualquier momento de ser preciso.

—Sólo busco que paguen...— Esa mujer hablaba en serio.

—¿Por qué te comportas así? Nosotros no te hemos hecho nada...— La pelinegra estaba tranquila, mientras que Kagome se acercaba amenazante hacia ella.

De pronto se detuvo a escasos metros de la miko, como dudando y desapareció sin dejar rastro. Kikyo observó a su alrededor con detenimiento y aunque ya había dejado de sentir su presencia, lo mejor sería asegurarse de que estuvieran a salvo. Cuando confirmó que no había peligro se acercó a Inuyasha y lo ayudo a volver en sí.

—¿Qué ocurrió?—Preguntó con la voz apagada y de repente se puso en guardia.—¿Huh? ¿Dónde está ese miserable?— Ella lo observó sorprendida.

—¿De qué hablas?— Le preguntó la joven.

—Él tiene a Kagome...— Dijo con molestia en su voz.

—Inuyasha, tienes que decirme de que estas hablando, porque no te entiendo...— Kikyo estaba molesta.

—Cuando llegamos al castillo de Sesshomaru, mi medio hermano intento atacar a Kohaku por lo que yo interferí antes de que ocurriera una desgracia. De pronto Kagome apareció ante nosotros y...— Él se detuvo en esa parte, no hallaba si decirle o no que ella lo había besado, pero optó por omitir ese pequeño detalle.

—Pero, ¿Qué hacía allí?— Le pareció raro que su acérrima rival estuviera con el daiyokai.

—No lo sé... Yo no recuerdo más, solo que regresé de nuevo para hablar con ella y él me ataco...— Se llevó una mano a la frente como si esta acción le ayudara a recordar que es lo que había pasado después. —Sesshomaru la hizo su esposa...— La joven se sonrojó un poco.

—Entonces... ¿Quién era ella?—Se cuestionó en voz baja la sacerdotisa.

—¿A qué te refieres?— Indagó un tanto extrañado.

—Inuyasha, algo muy raro está pasando aquí...— Le contó todo lo que había sucedido, lo de las voces, la aparición de aquella mujer y lo del ataque, sin omitir ningún detalle. Él estaba muy sorprendido y al verlo en ese estado, ella se apartó de su lado con lágrimas en los ojos. —Entiendo si ya no deseas estar conmigo, sé que fue egoísmo de mi parte pero...— Creía que definitivamente el hanyō la dejaría.

—Te equivocas Kikyo, yo jamás te dejaré... Te elegí a ti, porque yo te amo... Y bendigo esa perla que te trajo de vuelta a mí.— Le hizo saber abrazándola con fuerza a lo cual ella correspondió con un dulce beso.

—¡Amo Inuyasha!— Los ojos de los jóvenes se posaron en la pequeña pulga que saltaba alrededor de ellos.

—Pero vean a quien tenemos aquí...— Dijo el Inuyasha cogiendo al bicho de su vestimenta.

—Tantos años de no vernos...— Myōga estaba un tanto alterado por ver a la joven que estaba al lado del peli plateado.—Señorita Kagome, que linda se ve usted...— Inuyasha tenía ganas de aplastar al insecto, de ser posible.

Despertar contigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora