Capítulo VIII
Kagome aún estaba encerrada en la burbuja de energía. La mujer estaba abrazada de sus rodillas, su largo cabello cubría su desnudez y sus ojos se encontraban cerrados. Naraku sonrió maliciosamente, por fin le haría sentir el verdadero dolor a Kikyo por haber despreciado sus sentimientos y es que después de todo ese tiempo aún seguía amando a la sacerdotisa. Fue una suerte que el espejo de Kanna había guardado un poco de su esencia para volver a la vida y ahora esa mujer que estaba aumentando sus poderes, estúpidamente lo había regresado del mas allá. Fue fácil adueñarse de su voluntad debido a la oscuridad que habitaba en su corazón, haciéndole creer que él entendía su dolor y a través de los días alimentaba su sed de venganza en contra de los que eran sus amigos. Había un problema y ese era su esposo, Sesshomaru, por lo cual lo había borrado de su mente. Pero el amor que sentía la mujer estaba intacto en su alma y para él, era divertido jugar con sus sentimientos porque solo así llevaría a cabo sus planes.
El Lord del Oeste observo al invitado que estaba ante él, por alguna extraña circunstancia su aroma le era imposible de distinguir, pero definitivamente esos pabellones lo delataban. Ya que solo los miembros del clan de los Inugami Daiyōkai al tener descendencia con los humanos, podrían nacer con esas orejas tan particulares como las de Inuyasha.
El joven hanyo se comportó de forma tranquila al tener la mirada de su padre tan fija en él y eso le inquieto en gran manera y sí, estaba nervioso.
—Mi esposa me ha pedido que te quedes esta noche y espero que mañana temprano te vayas...— Le dijo mientras se levantaba y se retiraba a sus aposentos. —¡Jaken, hazte cargo!— Ordenó al pequeño diablillo, mientras desaparecía por la puerta.
—Bien chiquillo, antes de que te vayas a dormir. ¿Podrías explicarme porque tienes esas espadas tan parecidas a las del amo? Tal vez el no haya notado ese detalle, pero como podrás darte cuenta yo sí...— El yōkai se le quedo viendo con sus amarillentos ojos y el joven se mantuvo imperturbable, lanzándole una fría mirada.
—Aunque no tengo porque explicarle, debo decir que se debe a una coincidencia ya que estas armas son un obsequio de mi abuela...—Le dijo como si de cualquier cosa estuviera hablándole.
Jaken notó que ese pequeño hanyō era muy parecido al daiyōkai, demasiado. A su mente llego la imagen de Sara, después de todo la joven había estado enamorada de su Señor, tanto como para vender su alma con tal de que él se fijara en ella. Pero lo descartó de inmediato, ella había muerto.
—Podrías explicarme... ¿Quiénes son tus padres?- Le preguntó, esperando que el chico soltara la sopa y le dijera la verdad.
—Mi padre murió hace años y mi madre, está en casa. Aunque no debería importarle, es como si yo quisiera indagar sobre su familia. Así que le pido que se abstenga de incomodarme con su interrogatorio.— Esto descontrolo al sirviente que muy a su pesar lo envió a la habitación que Kagome había preparado para él. Pero ese mocoso o era hijo del difunto Inutaisho o del amo Sesshomaru. Ya lo averiguaría pero de una vez descartaba al antiguo Lord del Oeste.
Kagome había salido de la tina y el agua escurría por su blanca piel, mientras caminaba el largo trecho hacia la habitación contigua para tomar una manta que le había dejado una de las criadas. Inmediatamente se cubrió con esta y quito el exceso de humedad de su largo cabello, para después sentarse al borde de la cama y comenzar a cepillarlo.
Al terminar se levantó y después de ponerse la ropa interior y una yukata de color azul, se vio al enorme espejo que había en la habitación de Sesshomaru. El peli plata había insistido en que se quedara allí, por lo cual acepto al fin de una larga disputa en la que el Lord había resultado vencedor.
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Despertar contigo
FanfictionSesshomaru tenía un sinfín de planes en mente y la ex mujer de Inuyasha, jugaba un papel importante en ellos.
