Secretos al descubierto

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Capítulo V

Se sentía estúpido. Esa mujer, que ahora dormía tranquilamente le había destrozado el corazón. A él, al más poderoso daiyōkai, quién incluso había superado a su padre. Siempre juró odiar a los humanos, pero nunca pensó que sería vencido por uno. La joven comenzó a moverse, dando indicios de que estaba despertando. Las garras del peli plateado estaban marcadas en su cuello pero él no se arrepentía, lo tenía bien merecido y cuando viera al híbrido lo mataría sin dudarlo.

—Mujer...— Le dijo en un susurro. Ella abrió de golpe los ojos, aun no podía procesar sus ideas hasta que vio a Sesshomaru recostado a su lado. A Kagome esa mirada le causaba temor y no sabía qué hacer, de pronto se dio cuenta de algo.

Estaba sin ropa, y solo la estola de su captor le cubría el cuerpo, aunque era una sensación agradable no le tomo importancia. Notó que él estaba en las mismas condiciones y se puso nerviosa.

—¿Sabes que significa esa marca que te hice?— Le preguntó el Lord delineando la pequeña media luna de color púrpura, la cual ahora decoraba el cuello de la joven.

—N-no...— Le dijo con la voz quebrada y a punto de soltar el llanto.

—Esto, querida mía, significa que eres mi mujer y como tal debes cumplir con tus obligaciones de esposa.— Lo que escuchó le cayó como un balde de agua fría. ¿Acaso estaba bromeando?

—P-pero, tú dijiste que te ibas a casar con Rin, no conmigo...— Era cierto. Él se detuvo un momento, viéndola fijamente. Era muy hermosa y... ¡Maldición! Se había enamorado como un idiota de esa humana. ¿Cómo explicarle que desde antes de que se marchara a su época, ya sentía algo por ella? Aunque esos sentimientos no los había definido completamente, hasta que tuvo aquella charla con su madre. La yōkai sabía que él deseaba casarse con su protegida y de hecho así sería, si Kagome no hubiera regresado.

La poción que le diera fue preparada por la propia Irasue, poniendo de manifiesto el amor que le tenía a su vástago. Deseaba que fuera feliz con Rin y por eso le proporcionó esa sustancia para que aquella se conservara joven al pasar de los años e incluso viviría mucho más tiempo que un humano común.

El daiyokai había elegido a su pareja y se sentía satisfecho con su elección, pero el recordar que ella pertenecía a alguien mas, hizo que su furia comenzara a aumentar.

Las ansias de venganza en contra de Kagome e Inuyasha estaban a flor de piel y deseaba en ese momento destrozar a quien tuviera enfrente. Muchos de sus siervos no vivieron para contarlo pero esto no le había ayudado a menguar el dolor. Se había dado cuenta de que los humanos por naturaleza eran traicioneros, así que antes de que le abandonara la haría sufrir tanto que suplicaría la muerte para terminar su suplicio. La joven se dio cuenta de cómo la veía el demonio y se levantó de la cama, cogiendo una sábana y cubriéndose lo mejor que pudo. Nunca en su vida había sentido tanto miedo, parecía que quería matarla.

Él se acercó amenazadoramente hasta donde estaba su esposa. Ella por el contrario, se había quedado paralizada y empezó a llorar. Ese hombre no tenía buenas intenciones, trató de moverse y con torpeza lo esquivo antes de que le pusiera una mano encima.

Pero ágilmente le halo de los cabellos hacia atrás y con fiereza mordió sus dulces labios lastimándola, la atrajo más hacia él y aspiró su delicioso aroma. Luego la arrojó sobre la cama y sin ningún remordimiento destrozó la manta que la cubría, dejándola completamente desnuda. Su nívea piel le hacía una sutil invitación a hacerla suya, la deseaba. La mujer suplicaba que la soltara, pero el daiyokai estaba más que decidido a no dejarla tranquila hasta que hubiera logrado su cometido.

Despertar contigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora