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Un año, dos días después.

         — ¡El correo!

Gerard respinga sacándose los auriculares para dejarlos caer frente al monitor, la silla cae al suelo y poco le importa, baja las escaleras corriendo. Mikey se queja cuando le arrebata los sobres de las manos, lanzándose a su lado en el sofá y quedando tendido boca abajo para ojear sobre por sobre. Lee rápido y tira al suelo los que no le llaman atención, chilla cuando tiene en manos lo que buscaba. Se da la vuelta para ver a Mikey de brazos cruzados, y con una sonrisa cómplice por parte de ambos el miope mueve las manos.

» ¡Ya ábrelo!

— ¡Está bien, está bien! —sus dedos juegan por rasgar el papel, se detiene, subiendo la mirada a su hermano— ¿Me vas a seguir queriendo aun si no lo logré?

Mikey bufa rodando los ojos, de un solo movimiento le quita el sobre y rasga el papel por él. Gerard no se lo impide, piensa que es mejor si su hermano lo lee por él, de no ser lo que espera el golpe sería menos fuerte. El castaño saca el papel y lo desdobla, siente su corazón latir fuerte cuando comienza a leer, pero su expresión no es exactamente la que esperaba. Mikey no se emociona, y eso sólo le deja una cosa que pensar: no lo logró.

—Gee... —titubea, alzando apenado su vista al mayor. Los hombros de Gerard caen junto a su vista, comenzando a sentir el mal gusto en su estómago. Sus pensamientos se dirigen a la velocidad de la luz hacia lo peor; y entonces Mikey salta tomándole los hombros— ¡Es jodiendo! ¡Irás a Nueva York! ¡Te dieron la beca!

— ¡¿Qué?!

Otro grito acompaña a su rostro estupefacto. En un arranque toma el papel de nuevo y entre más gritos abraza a su hermano. Su emoción lo hace saltar mientras llena la sala de aullidos que parecen molestar a Donna y la llevan fuera de la cocina a llamar la atención de su hijo. Gerard corre a abrazarla, sin importarle la cara de extrañeza que pone la señora, incluso besa su mejilla, alegando con emoción que obtuvo la beca para la escuela de Bellas Artes en Nueva York. Su madre toma la noticia con entusiasmo, a pesar de todo. Pero lo que él realmente quiere es ver la reacción de Donald al decirle, y grabarla también, si es posible. Sería épica.

— ¡Oh, joder, joder, joder! —salta, buscando la manera de calzarse los zapatos y ponerse la chaqueta al mismo tiempo— ¡Tengo que decirle a Frank, tengo que decirle a Frank, tengo que decirle a Frank!

— ¡Ve a la tienda primero, Gerard! —oye la voz de su madre desde la cocina. Gruñendo el pelinegro se regresa en sus pasos para tomar las llaves de su auto junto a la lista de compras que ella le dejó y corre a la entrada nuevamente. Bien podría hacerlo Mikey, pero el bebé está en reposo por su último ataque de asma y el frío no es les conveniente. Saca el auto del garaje tan rápido como puede y de inmediato está frente a la casa Iero. Sólo con el papel en la mano se baja del auto. Las compras pueden esperar, una noticia como ésta no.

Cuidando de no resbalarse sube las escaleras y toca la puerta, Linda lo recibe con una sonrisa y le hace pasar.

— ¿Por qué tan emocionado?

—Uh, buenas noticias —le sonríe—. ¿Frankie está arriba?

—Todo tuyo —ladea su cabeza—. Estoy preparando la cena, ¿te quedarás?

—Planeaba quedarme, de todas formas, pero jamás rechazaría su comida —guiña un ojo, haciendo a la señora reír.

—Sube antes de que estalles, por favor.

El pelinegro ríe antes de correr escaleras arriba. Sabe que la puerta de Frank nunca está cerrada así que entra de largo. Lo ve acostado en su cama, comenzando a dormirse, pero mejor no dejarlo. De un salto sube a la cama de una plaza, empezando a esparcir besos a lo largo de su rostro que hacen al tatuado despertarse y luego reír en medio del beso que planta el mayor sobre sus labios. Frank acaricia su rostro para luego dejar un último beso y verlo resbalarse hasta caer en el suelo. Con una sonrisa se apoya sobre su codo.

remembering you › frerardHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora