— un milenio o dos.
y es que quizás te he amado
por un milenio o por dos, pero
la verdad es que no lo sé, porque
a tu lado pareciera que el tiempo
no es nada más que una palabra
insignificante en medio de todo
el universo, y que todos nosotros
somos un instante en medio
de tantos otros.
pero a veces tus besos se sienten
cómo milenios, que tardan otros
siglos en pasar, como si tus labios
jamás hubieron tocado los míos y
nuestras lenguas aún son dos
desconocidas que no se han
tocado nunca jamás. sin embargo,
nuestros cuerpos se han tocado
y han estado en la misma cama
durante años, acariciándose y
rozándose bajo las sábanas de
seda que compramos hace unos
meses atrás.
y si ambos no somos nada más
que dos instantes en medio del
universo, si es que simplemente
somos dos segundos de nuestro
millón de besos que nos hemos
concedido, espero poder disfrutarte
hasta que tu tiempo acabe, hasta
que tu cuerpo se haya convertido
en cenizas y tus labios no hayan
sido nada más que un recuerdo
que tengo grabado en mi memoria.
tal vez una década no me sea
suficiente para poder besarte, hasta
me atrevo a decir que ni en esta
vida ni en la siguiente me voy a
saciar de tus besos y caricias, así
que espero encontrarte en mis
próximas vidas, siendo lo que seamos,
aunque te conviertas en la brisa
que recorre los campos en
primavera, prometeré desearte un
buen viaje, y si te conviertes en la
flor de mi jardín voy a regarte cada
tarde antes de que el sol se ponga.
quizás te he amado desde antes,
desde mucho antes que yo naciera
en este cuerpo tan menudo, tal vez
te amé siendo un pájaro que se
posaba en tu ventana cada mañana,
o en los rayos del sol que entraban
por tu ventana cada mañana.
