Se dejo caer suavemente en el frío suelo de madera aún con lágrimas corriendo por sus rosadas mejillas.
— ¿Por qué?.— Susurró bajo para si misma.
Ya en aquellos momentos las lágrimas empapaban con más fuerzas sus mejillas. Sentía como se destrozaba, cada vez más por dentro.
— ¡¿Por qué?!.— Grito esta vez.— ¡¿POR QUÉ?!.— Empezó a pegarle puñetazos al suelo.— ¿Por qué?.— Susurró casi inaudible.
Se paro del suelo y camino hasta el baño, se miró al espejo. Estaba con la cara roja, una que otra lágrima corría aún por su rostro, ojos cansados e hinchados, su nariz con mucosidad y su labio inferior temblando levemente.
Empezó a llorar de nuevo mientras gritaba una y otra vez: “¡¿POR QUÉ?!”.
