Un alma espantada y triste que se arrastra y gime

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Tengo frío… pero, no es un frío cualquiera,

Éste me cala los huesos, me horada las entrañas,

Y me quema tan adentro… que hasta escucho, ronco;

El grito zafio y extraño, del vacío, insondable e inmenso.

Me grita, rencoroso y vil, desde mis adentros.

No hago oídos, no quiero escucharlo,

Que grite hasta que reviente, no le haré caso,

Seré roca, mármol, o, quizás solo… estiércol.

No demuestro gran cosa, lo sé,

Hasta mis ojos se niegan a llorar,

Sin embargo,

Detrás de esos espejos, hay un alma que grita y llora.

Un alma espantada y triste que se arrastra y gime,

En silencio, muda e hierática, sin hacerse notar.

Tal cual se siente la oda de un poeta ya muerto,

A quien solo lo han de entender,

quienes se atrevieron a leer su verso.

Duele la memoria (poemas en el aire)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora