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Era un día normal en la ciudad de Stoke, pequeños niños corrían por los parques, algunos ancianos admiraban a las palomas y les daban un poco de comida para aves, mientras que dos adolescentes enamorados tenían un feliz picnic, dándose comida entre ambos.

Entre toda la multitud de personas normales, se encontraba un singular peliazul que a la vista de los demás, era el fenómeno más raro que hayan visto en la vida.

Pero eso no detiene al chico de seguir su vida.

Hacia lo que le daba la gana, fumaba y tomaba en lugares donde a el le den por hacerlas.

Especialmente vigilar con lasividad al aquel sensual médico que se iba a su trabajó.

Esta vez ideo algo bastante cliché, pero era lo único que tenía.

El joven peliazul esperaba en aquel parque, aguardando con ansias ver al médico pasar por aquí.

Y así fue, vio como un hombre de al menos treinta dos años caminar tranquilamente por la entrada del parque.

El chico se paró de la banca y se dispuso a seguirlo a unos metros de distancia del contrario para que no sospechara.

✝✝✝✝✝✝✝✝

El azabache se encontraba en su pequeña oficina, donde enfrenté de el se encontraba una anciana japonesa y en la camilla estaba sentada su pequeña nieta.

- De acuerdo señora misaki, tendrá que darle a la niña estás pastas cada ocho horas durante el día, y estás pastas de cápsula deberá dárselas cada doce horas.- decía mientras anotaba en un papel el nombre de los medicamentos con letra no prometedora, para luego sellarlo.

- Se lo agradezco, que tenga un buen día- dijo la amable señora para luego irse con su nieta que no tardó en darle una reverencia al azabache para luego salir dando saltitos.

Al médico le dio risa, apesar de su enfermedad, la pequeña es igual de feliz y llena de esperanza.

Después de un rato oyó que tocaron su puerta, a lo cual el respondió con un "pase"

Un chico de aproximadamente veintitres años se encontraba en el marco de la puerta.

El hombre de asombro por la apariencia del chico, alto, cabello azul, ojos completamente negros, y con vestimenta rebelde.

- Cómo está su día doctor- habló el peliazul de manera pasiva, sentándose en la silla delante del azabache.

- Buenos días- saludo cordialmente- ¿En qué puedo ayudarlo el día de hoy?-.

- Oh, no lo va a creer pero es que...- se quitó su chaqueta para luego mostrar su pecho herido con una cortada bastante grave y demás habían partes de hilo en esta, haciendo alterar al mayor.

- ¿P-pero qué?- susurró para luego pararse y coger su estetoscopio- ¿Podría hacerme el favor y sentarse en la camilla?-.

- sería un placer señor Niccals- dijo de manera lasiva y dirigiéndose a la camilla.

Murdoc empezó a escuchas los latidos del peliazul, todo iba en orden.

- ¿Sabes? Creí que podría parar el sangrado si me lo cosía pero...no funcionó- dijo el menor- haci que mejor se lo dejé en manos de un experto- terminó para luego acercársele disimuladamente.

- esto es muy peligroso, si no hubieras venido antes pudiste haberte desangrado- dijo para luego sacar de su maletín un hilo y aguja.

- quitarse la camiseta por favor- dijo el hombre.

- y con mucho gusto lo haré para usted- dijo pícaramente y quitándose su camiseta ensangrentada.

- y dime señor...?- preguntó el azabache.

- Stuart, Stuart Pot- dijo sin quitar su sonrisa pícara.

- Señor Pot- habló el mayor mientras cosia la herida del peliazul- ¿Que fue lo que le pasó?-.

- verá, estaba en mi habitación y un ave se estrelló con mi ventana, hizo que se rompiera y como yo estaba tan cerca, hizo que me hiciera esa herida- mintió. La realidad era que el chico se había cortado con un cuchillo de cocina.

- que atroz- susurró el mayor.

- ¿Sabe algo señor Niccals?- dijo el menor- a mi me gustan mucho los hombres con doctorado-.

El mayor lo miro con gracia, eso fue muy barato para siquiera interesarlo.

- te he estado mirando desde hace un tiempo... Y la verdad me pareces bastante atractivo- dijo el peliazul para acercársele pícaramente, el mayor solo se sorprendió por la precosidad del menor.

- Yo siempre he pensado en usted- deslizó sus manos por su cuello- dime ¿Tú también piensas en mí?- dijo el chico haciendo un puchero.

- y-yo- el mayor no sabía que decir, la verdad era que desde que lo vio le pareció un chico muy lindo, y que se estuviera entregando lo tomo desprevenido- Tu...¿Estás jugando conmigo?- preguntó solo para saber si sus intenciones eran ciertas o si solo era una broma de un mocoso rebelde.

- Solo si tú quieres que juege contigo- enrolló sus piernas en la cintura del azabache- por que yo estoy dispuesto a hacer todo lo que me digas- susurró a su oído para luego darle una mordida.

Como cualquier hombre normal le hubiera dicho al joven "pues yo quiero que te larges en este instante" pero Murdoc sabía que el no era normal y con los insistentes coqueteos del menor no lo ayudaban a controlarse.

Cuidadosamente puso sus manos en la cintura del menor haciendo que este se acercara más y provocando que ambos miembros chocaran.

- ¿Sabes doctor Niccals?- dijo el menor acompañado de un jadeo- tengo un pequeño problema-.

- ¿Y que es lindo?- habló el mayor.

- m-mi pantalón, me estorba, creo que tengo algo en mi entrepierna, ¿Cree que podría ayudarme doctor?- dijo el chico tirando por la borda la cordura de Murdoc.

- será un placer honey- hablo para luego atacar el cuello de Stuart.

Ambos estaban sumisos ante el placer, y no tenían que preocuparse, la sala siempre está vacía y afuera de la puerta nadie está esperando.

Además, el doctor estaba ocupado.

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Latronudia: Excitación por desnudarse ante el médico.

He's My JesusHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora