—Estoy bien, Lilian, ¿de acuerdo? —Elliot caminaba de lado a lado con el móvil en la mano. Lo tenía en altavoz porque se le hacía más cómodo así. La voz de su hermana se dejaba escuchar por toda la sala de su apartamento cada vez que intentaba sacarle alguna información, Elliot estaba comenzando a desesperarse por ello.
—De acuerdo, de acuerdo. No te molestaría si no estuviera preocupada. Sam dice que te expulsaron de la guardia y eso no es cualquier cosa.
—Sam tiene que dejar de meterse en asuntos que no le interesan. —Elliot se agitó los cabellos rojizos con molestia, se detuvo frente al escritorio y observó su última búsqueda en google. Al igual que las anteriores los resultados no eran los que esperaba.
—Sam es tu amigo y se preocupa por ti, igual que yo. Casi no sales de tu depa, perdiste tu lugar en la guardia y Sam dice que no tienes muy buen aspecto. Dime la verdad, Elliot, ¿en qué andas metido? —Elliot soltó un sonoro ja que esperaba irritara a su hermana.
—¿Qué es lo que preguntas, Lilian? Sé sincera por una vez. ¿Quieres saber si ando en drogas, negocios ilegales, qué, qué carajos quieres saber?
—Quiero que te calmes Elliot, eso es todo lo que quiero. Y que me digas si hay algo en lo que pueda ayudarte.
—¿Quieres ayudar? Pues ahí te va una idea: deja de llamar.
Elliot finalizó la llamada y arrojó el móvil en el escritorio al lado de la pc. Se sentó frente a ella, mordiéndose las uñas de la mano izquierda y navegó por la web; pero era siempre lo mismo, no conseguía ningún buen resultado.
En primera instancia existían miles y millones de Fernandas en el mundo. No importaba qué datos pusiera, las Fernandas que aparecían una tras otra en sus búsquedas no era la que él deseaba encontrar. Luego estaba esa otra búsqueda cuyos resultados eran aún más exasperante que los de la primera: hadas. ¿Es que de verdad no existía nadie en el mundo entero que pudiera darle algo verdadero sobre ellas?
Cada cosa que encontraba sobre el respecto eran invenciones y fantasías absurdas. Bien era cierto que algunas cosas acertaban con la experiencia que él había tenido, pero otras eran pura falsedad. Hacia un par de días había dado con un sitio en internet que ofrecía un ritual interesante para la convocación de las hadas y él lo realizó la noche anterior, pero hasta el momento ningún hada se había presentado, lo que solo significaba que aquello no era real, por más que lo parecía.
Elliot golpeó el teclado y luego descansó la cabeza entre las manos, reprimiendo la ira y la frustración que rectaba por su espalda y se instalaba en su garganta, haciéndole querer gritar, golpear algo. Se levantó del escritorio, recorrió su departamento con la mirada, pasando la vista por el caos reinante. Cajas vacías de pizza, envases con restos de comida china, moscas revoloteando por alrededor, ropa sucia desperdigada por el suelo. Las llaves estaban dentro de un cenicero, hundidas entre cenizas y cigarrillos a medio fumar. Las tomó, igual que el móvil. Tomó una chaqueta de mezclilla del respaldar de una silla y salió del departamento. El sol de la tarde le encandiló. Se hizo visera con la mano con que sostenía las llaves y vagó por las calles de su ciudad.
Se detuvo en un semáforo, esperando la luz para cruzar, tratando de que no lo atormentaran los pensamientos cotidianos. Hacia un par de días su correo se saturó con facturas por pagar. Electricidad, agua, teléfono, aseo. No había pagado ninguna, no tanto por falta de dinero como por falta de interés. Al mismo tiempo que llegaran las facturas había llegado el último cheque de la academia militar. Pero ni siquiera gastarlo le apetecía. Nada le apetecía, cocinar, comer, comprar, existir. Lo peor de todo era que nadie podía entenderlo, las cosas que pudo tener y que había perdido.
Solo existía una persona con la que podría compartir sus pensamientos, pero no tenía ni idea de dónde encontrarla. La luz cambió y Elliot cruzó la calle, preguntándose una vez más si Fernanda pensaba alguna vez en él, si al igual que él lo estaba buscando.
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La senda de las espinas [La senda #2]
FantasySEGUNDA PARTE DE LA SENDA. Luego de haber quedado en tercer lugar en el torneo realizado por las hadas en Daha, Elliot fue regresado al mundo humano. Sin embargo al quedar entre los primeros sus recuerdos sobre la magia y las hadas no fueron borrado...