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Cuando se reunió con Arwin ninguno de los dos mencionó palabra. Era posible que la consternación en su rostro fuera muy notoria, porque Elliot intuía que era por ello por lo que Arwin no le molestaba desde que salieran del palacio de la reina. Luego de varios minutos de caminata en silencio, fue que Elliot se sintió en la necesidad de romper el silencio.

—¿A dónde vamos?

—A mi apartamento —ella contestó—. Supongo que necesitas descansar y pensar. Sobre todo pensar. —Elliot frunció el ceño.

—¿Qué te hace creer que debo pensar?

—La reina ha debido de contarte sus planes y lo que espera de ti. En eso tienes que pensar.

—Correcto, pero ¿qué te hace creer que no he aceptado ya? —Arwin soltó una risita.

—Si ya aceptaste eso quiere decir que eres un idiota en toda regla y tengo la ligera esperanza de que no lo seas. —Elliot lo consideró un instante y entonces preguntó.

—¿Por qué sería un idiota? —Arwin reviró los ojos.

—Bastante obvio. Estas en una posición privilegiada por el momento y ese tipo de cosas no se dan muchas veces en la vida, sobre todo cuando tienes una vida humana tan fugaz como la de ustedes. Si aceptaste el trato sin chistar y sin pedir nada más, eres un completo imbécil y más que eso, no te mereces pertenecer a Adah y la corte de las Espinas, porque un hada de Espinas jamás acepta un trato sin regatear antes lo suficiente. —Caminaron en silencio unos segundos más. Cuando las residencias donde Arwin vivía se perfilaron a lo lejos, Elliot comentó con suavidad.

—Pues que suerte que le pidiera tiempo a la reina para pensar. — Lanzó una mirada de soslayo hacia Arwin. Esta tenía el cabello verde suelto enmarcándole el rostro, pero no le impidió a Elliot apreciar una ligera sonrisa, y una autentica.

—¿Qué más piensas pedirle? —Estaban repantingados en el sofá de Arwin, esta tenía un cuenco de moras oscuras y acidas en el regazo, Elliot estaba en aquel momento chupándose los dedos pegajosos por el jugo de la fruta.

—No lo sé. Convertirme en un hada suena bastante bien, pero no puedo evitar pensar en los supervillanos.

—¿Los qué? —Arwin preguntó con el ceño fruncido, examinando una mora. Elliot miró el techo del departamento.

—Es que la reina Eliza parece una supervillana en toda regla. Y según las películas nunca se debe confiar en las promesas de un supervillano.

—No sé de qué hablas. —Elliot bajó la vista al advertir el tono de enfado en la voz de Arwin, nada más verla supo que el tono no era en vano, estaba enfada pero no entendía por qué, ella se lo hizo saber enseguida—. Pero me parece que estas insinuando que mi reina no es de confianza, y no pienso permitirte que hables mal de ella. Si la reina Eliza dijo que cuando venciéramos te convertirá en un hada, entonces es porque es justo lo que piensa hacer.

—Está bien, lo siento. No pretendía ofenderte.

—Pues cuida tus palabras. —Arwin mordisqueó su fruta y retomó su tono neutral—. Así que volviendo a la contraoferta, ¿qué piensas pedirle a la reina?

—No lo sé, ¿algún consejo? —Arwin lo pensó un instante.

—Podrías pedirle una corona. —Elliot la miró fijamente, intentado averiguar si se estaba burlando de él o que. Quizás ella comprendiera su mirada, pues luego de revirar los ojos, dijo—. La reina planea acabar con todo Daha y la corte de las Flores, por lo que mucho terreno quedaría desierto. Podrías fundar un nuevo reino, una nueva corte y una nueva corona. Si le pidieras eso ella no podría decirte de entrada que no.

La senda de las espinas [La senda #2]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora