Ella estaba sentada fumando, como cada día, y él simplemente se acercó y se sentó junto a ella.
Ella no levantó la vista para mirarle.
Él no habló.
Solo miraban el horizonte, cada uno por separado.
A él le latía el corazón como si hubiese llegado de una carrera.
Ella miraba de vez en cuando la mano de él, con algunas cicatrices. Cuando este no miraba llegaba a verle el perfil, y sonreía.
Él miraba cómo fumaba, saboreando cada calada, como si hubiese algo que saborear, como si fuera el último cigarro del mundo.
Pero ninguno de los dos hablaba, por muchas ganas que tuvieran, cada cual más impaciente por hacerlo.
Algunos dirán que por orgullo de él, otros que por miedo de ella.
Pero el verdadero motivo por el cual él no le habló fue porque sabía que podría salir ahogado.
El motivo por el cual ella no le habló, fue porque aquel chico había hecho lo que ningún otro, y eso le gustaba.
Y así pasaron los días, sentados mirando hacia la nada, a veces más cerca, otras más lejos, pero siempre juntos, aunque solos al mismo tiempo.
Hasta que un día, los dos arriesgaron, porque qué importaba calarse, si merecía la pena.
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Otra historia más.
Short StoryTodavía no estoy segura de quién necesitaba más al otro, si ella a él o él a ella.
