Un día la vio, por casualidad, fumando, en la orilla del lago y él tuvo que contenerse para no ir hacia allí, pero pensó en otra forma mejor de conocerla que apareciendo ante ella como otro de los muchos estúpidos que habían intentado eso antes, acercarse a ella, calarse de ella, hasta que ella les rompe el corazón, porque eso es lo que hace, rompe corazones.
Pero no simplemente los rompe, sino que los destroza, deja que te hagas ilusiones y después te ahogas con las mismas.
Pero él sabía que esa no era su intención, que esa chica era frágil como el cristal, aunque no quisiera mostrarlo.
Y por eso estaba allí, buscando libros de poemas por las estanterías, para dejárselos en ese sitio donde se perdía en sí misma, donde quería perderse con ella.
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Otra historia más.
ContoTodavía no estoy segura de quién necesitaba más al otro, si ella a él o él a ella.
