-Me gusta cuando el viento hace ondas en el agua, y cuando mece las hojas de los árboles, pero, sobre todo, me gusta cuando hace que se te revuelva el pelo y este quede a tu alrededor -Dijo él, lo suficientemente alto para que ella lo escuchase.
Y ella se quedó mirándolo, porque no se creía que ese chico, al que no conocía, le acabara de confesar tal cosa.
Y ella podría no haber contestado, pero dijo -Me gusta cuando las gotas de lluvia se deslizan sobre mi ventana, cuando mojan mi pelo, cuando suenan y emiten ese sonido que tanto me tranquiliza.
Y los dos se quedaron callados, mirando al frente de nuevo.
-¿Por qué vienes aquí, cada día, sola? -preguntó él finalmente.
-¿Por qué vienes tú?
-Para sentarme a tu lado.
-Yo venía para estar sola -y vio que él le dedicaba una mirada, pero no quiso reconocer que, cuando el chico empezó a ir, ella se quedaba más tiempo, solo para estar con él.
Y otra vez, silencio.
-¿Por qué dejas que me quede?
-¿Por qué te quieres quedar?
-Así no vamos a llegar a ninguna parte.
-Lo sé.
Y ella se levantó y se marchó, sin mirar hacia atrás ni una sola vez.
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Otra historia más.
Historia CortaTodavía no estoy segura de quién necesitaba más al otro, si ella a él o él a ella.
