El principio de un final.

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Ella volvió a ir, porque no permitiría que cualquiera le impidiera estar en su sitio favorito del mundo.

Él fue porque prefería tener la  esperanza de que apareciera, que quedarse con ese nudo en la garganta.

Y él sabía que ella iría, porque era demasiado testaruda como para no hacerlo.

Y esta vez fue ella quién se sentó a su lado.

Y le devolvió todos los pequeños libros de poemas.

Y con eso, él supo que ya no tenía la más mínima oportunidad, que las tardes que habían pasado juntos habían sido en vano, que él se había convertido en otro idiota que se acercó a ella con ilusión.

Y se marchó, con la intención de no volver.

Otra historia más.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora