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Honey I love you, that's all she wrote

01 de Agosto, 2017.
01:03 hrs.
Ophelia.

Dejé que el lápiz corriera rápidamente por la hoja. Era una nota a último minuto, no planeaba dejarle una a Marco, pero de pronto lo sentía necesario.

Tenía que advertirle del peligro que estaba corriendo al ser amigo de Mario, él necesitaba saberlo más que nadie. Yo iba a escapar de él, pero Marco seguiría en la misma ciudad, y si el enfermo de Mario necesitaba una forma de herirme a la distancia siempre lo tendría a él.

Él sabía de mis sentimientos por Marco, siempre lo supo, desde el minuto en que accedí a acostarme con él plenamente por despecho y dolor.

Una vez terminada la nota, la pasé por debajo de la puerta de su casa. Solo esperaba que me creyera e hiciera algo.

04 de Agosto, 2017.
11:49 hrs.
Marco.

Llegamos a la casa de Mario en media hora. Él ya nos estaba esperando en la puerta.

–¿Cómo está Judith?– fruncí el ceño.

–No pensé que tú y Ophelia fueran tan cercanos como para que conocieras a su hermana.

–Oh, no lo éramos, pero he escuchado de ella– murmuró–. ¿Quieren pasar?

Alex y yo asentimos y entramos a su casa. Me gustaba la casa de Mario, aunque era bastante oscura. Me gustaba que siempre tuviera todo ordenado, era diferente a lo que estaba acostumbrado en mi propia casa.

–Entonces, ¿sabes a qué se refería con «el libro»?– preguntó Alex.

–Sí, síganme– comenzó a caminar hasta la puerta que daba al sótano.

No me agradaba para nada su sótano, ¿y cómo podría? Era oscuro, húmedo y tétrico, para nada un lugar en el que pasaría más tiempo del estrictamente necesario. Hasta las escaleras rechinaban, parecía sacado de una película de terror.

–Está en la repisa– su móvil comenzó a sonar, así que lo sacó de su bolsillo–. Mierda, tengo que contestar esto.

–¿Y en qué parte de la repisa?– pregunté.

–Solo búscalo, es obvio– fruncí el ceño. Iba a responder algo, pero ya había subido las escaleras.

No sabía bien por qué, pero sentía una extraña sensación en todo mi cuerpo. Eran como escalofríos, no lo sé, un instinto prácticamente.

–No soy la única que se siente un poco insegura, ¿no?– asentí ante lo que había dicho Alex.

No tenía sentido que nos sintiéramos así, estábamos en casa de Mario, completamente a salvo del acosador desconocido de Ophelia.

–Mejor comencemos a buscar– murmuré, y así lo hicimos.

Mario tenía una gran repisa con libros, pero yo desconocía todos los títulos así que no tenía ni idea de cómo podría alguno de ellos decirnos sobre el paradero de Ophelia. En momentos como estos lamentaba no haber prestado atención en clase de literatura, pero era tan aburrida.

–Esto me pasa por inculto– mascullé, sacándole el polvo de uno de los libros que había sacado de la repisa de manera completamente aleatoria.

–No lo sé, no me consideraría una persona inculta y aún así no tengo idea de a lo que se refería Jud– respondió antes de toser por el polvo–. ¿Qué mierda estos libros? ¿Acaso los leyó en la época de los dinosaurios?

Ophelia // Marco ReusHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora