que nos sigan las luces.

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Esta noche he soñado con Alfred. Hacía tiempo que no pensaba en él y creo que lo necesitaba.

-¡Raoulín! -escucho su dulce voz a la distancia. 

Está muy lejos pero le veo, está ahí y necesito abrazarle. Necesito sentirme seguro entre sus brazos como solía sentirme, necesito sus consejos y su positivismo, necesito sus ganas y su fuerza. Su luz. 

-Te echo mucho de menos, Alfred -se me parte la voz.

-Y yo a ti, pequeño, y yo a ti.

-Tengo miedo. 

No necesita escuchar más porque mi voz retumba en la habitación blanca en la que nos encontramos y veo en su rostro que lo comprende, que comprende todo. Mi miedo a avanzar, mi miedo a enfrentar mis sueños y luchas por ellos, mi miedo al fracaso, miedo a perder a las personas que más quiero y mi miedo descomunal a morir. 

-Te necesitan, Wolfie, más que nunca. Él te necesita. 

Corro hacia él, pero al igual que en las pesadillas, mi cuerpo se mueve con lentitud a pesar del gran esfuerzo que hago. No avanzo, me ahogo, me estanco. Y esta es una bonita metáfora de cómo estoy actualmente y qué siento. 

Empiezo a llorar. Desde el atentado no he exteriorizado ninguna emoción, he escuchado varias veces a mi psicólogo llamarlo"estrés postraumático".  No poder me está destrozando, haciéndome sentir un centenar de emociones que no quiero sentir. 

Pero solo quiero que vuelva. Que baje de donde quiera que esté y vuelva a estar con nosotros. Que nos siga su eterna luz. Pero es imposible. Y me rompo. 

-Haced un concierto benéfico. Cantad por quienes ya no pueden hacerlo -y ese es su legado. 

Me tiro a los brazos de Alfred justo en el momento que me despierto e incorporo en la camilla, cubierto en lágrimas y dando un susto de muerte a Agoney que estaba abrazado a mí. 

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