Nick se hallaba en el hospital aún. Habían pasado algunas horas en las que la familia de Antonella estaba haciendo llamadas e intentando calmarse.
Él estaba sentado en una simple silla, mirando hacia la nada.
Y es que ya había pasado su momento de lucidez y volvía a aquella pesadez e incredulidad.
Escuchaba en silencio como llamaban a una funeraria, y como la madre de Antonella ordenaba lirios. Le parecía insultante la calma que se respiraba. Todos estaban ahí, en aquel hospital de aburridos colores haciendo llamadas como si no hubiera tiempo para lamentarse. A Nick le insultaba aquel ruido y aquellas ganas terribles de la familia de Antonella por enterrarla, como si con aquello fueran a enterrar su dolor también.
Y es que, desde que había escuchado la noticia, él no había parado de llorar ni un momento. Ni él ni Malorie; y por un momento se preguntó si ellos dos eran los únicos que realmente amaban a Nelly.
Mientras pensaba en aquello, se le acercó algún familiar de ella para ofrecerle alguna bebida caliente que él aceptó con un gesto.
Incluso eso lo molestó.
¿Como podían estar pensando en comer en un momento como ese?
Para cuando la cólera estaba a punto de estallar, decidió que era mejor idea ir a casa y llorar allá. Era tarde por la noche y no había dormido en lo que parecía una eternidad, pero aquel vacío le había quitado el sueño.
Lo único que Nick quería hacer era ir a casa a beber hasta ahogarse en llanto.
Se levantó en silencio y se dirigió a la puerta decididamente.
Para su mala suerte lo detuvo la madre de Antonella.
- ¡Nick! ¿Ya te vas? Estábamos pensando en que podrías decir unas palabras... a lo mejor. Si te sientes mejor mañana podríamos pasar a tu casa y...
- ¿Tantas ganas tienen de enterrar a... - el dolor que le causó casi pronunciar su nombre lo detuvo - de enterrarla? ¿No pueden solo parar un momento a llorar como una familia normal?
Aquella mujer que casi no conocía lo miró con un dolor palpable en la mirada. Sus ojos se nublaron y de pronto la edad le cayó encima, haciéndola ver décadas más vieja. Su expresión le hizo notar que acababa de romper la única capa de compostura que poseía aquella mujer. Sin mediar mayor palabra, ella se volteó y rompió en el llanto más desesperado que había oído de algún adulto. Y aquello fue un efecto dominó. Tras unos pocos minutos las llamadas se detuvieron, junto con el ruido y lo único que se oía de aquel hospital eran las gargantas lastimadas de una familia rota.
(...)
Era algún momento de la mañana siguiente. Aquel era un día frío de invierno y no paraba de nevar. Hacía tanto frío que no había ninguna otra persona por las calles. Nick no sabía como había sacado la fuerza para vestirse o para salir de casa de su madre, y realmente no lo recordaba.
Los padres de Antonella habían ido por él a su casa y hacían una marcha fúnebre en silencio.
Para cuando llegaron al cementerio, le sorprendió ver la cantidad de personas que estaban ahí y en cualquier otro momento habría reído con ironía al notar que no conocía a la mayoría.
Aquella pequeña multitud vestida de negro estaba ahí, de pie, enfrente de un ataúd mientras un hombre decía unas palabras. Todo era tan silencioso que notaba a las personas moverse, incómodas. Incluso quienes lloraban, lo hacían tan silenciosamente que a Nick le parecía escuchar los copos de nieve caer.
Estaba ahí de pie, abrazando a Malorie, mientras hacía su mayor esfuerzo para mantenerse de pie.
Cuando al fin el hombre de traje dejó de hablar Nick se sintió exhausto. Se sentía cansado y vacío, por lo que creyó que ya no podría llorar más; hasta que empezaron a enterrarla. El ser consciente de que jamás la volvería a ver sonreír, o que jamás podría volver a tocar aquella fina piel le rompía por dentro. Aquel era el dolor más crudo y desgarrador que había sentido en su vida.
Habían sido cinco años de relación. Cinco años de amor, risas, compañerismo y confianza. Cinco años memorables y ahora los veía terminar. Cada segundo que pasaba, mientras observaba en silencio, enterraba un recuerdo, junto a su Nelly.
Cada lágrima que salía de sus ojos era otro recuerdo, pasando por su mente solo para dañarle más.
Tras un largo rato al fin aquel infierno acabó. Los padres de Nelly lo llevaron a casa de su madre, quien lo abrazó en el umbral de la puerta.
Nick entró en aquella casa solo para entrar a su antigua habitación y desplomarse a llorar de nuevo. No supo cuánto tiempo estuvo llorando, porque aquel infierno nunca acababa.
Aún le parecía estar abrazándola. Y en aquel momento realmente necesitaba uno de aquellos abrazos.
(...)
Nick había salido a comprar whisky. Ahora estaba dándose un baño con la botella entre las manos.
Aquella agua estaba tan caliente que lo quemaba, pero Nick tenía tanto frío que realmente no le importaba.
Se encontraba tranquilo, pues por fin había encontrado la paz necesaria para dejar de llorar. Estaba allí, sin pensar en nada, mientras se emborrachaba lentamente.
Nick se incorporó tras un rato y tras ponerse una toalla, se fue a la habitación de nuevo. El espejo del armario le devolvió el reflejo de otra persona, porque él no reconocía a aquel ser famélico que lo miraba con los ojos hundidos e irritados. Tenía la barba más larga que había tenido nunca y sus costillas se marcaban. Era como si su vitalidad hubiera muerto también.
No tardó ni un segundo en darse cuenta de lo que acababa de pensar y aquello no hizo más que ponerlo a llorar de nuevo.
(...)
Habían pasado algunos días, pero aquella noticia aún le parecía irreal. Cada noche la buscaba inconscientemente y cada mañana se levantaba solo para notar que ya no tenía que prepararle el desayuno.
Lo único que lo hacía tener calma era beber. Nick nunca había sido un bebedor, de hecho, ni siquiera le gustaba, pero aquel líquido le hacía no pensar en nada, y era lo único que le dejaba dormir.
Su madre ya le había dicho varias veces lo mucho que le preocupaba la cantidad de alcohol que estaba bebiendo pero Nick no podía hacer otra cosa.
Aquella mañana, tras otra discusión con su madre, decidió que había tenido suficiente, y decidió volver a su casa.
Tomó un autobús, porque su madre le había escondido las llaves del auto y el trayecto lo hizo calmarse un poco.
Caminó algunas cuadras, mientras respiraba profundamente, intentando desviar los pensamientos; aunque aquello fue imposible cuando vio la entrada de su casa.
El correo estaba apilado a un lado de la puerta, las ventanas estaban sucias y a un costado estaba el auto de Nelly estacionado. Aquello lo hizo vomitar. Se agachó a un lado del cesto de basura y vomitó todo el alcohol que tenía en el estómago. Pero ni siquiera su garganta ardiendo le distrajo de todo el dolor que sintió de repente.
Como el flash de una cámara, algunos recuerdos fueron asaltando su mente.
Le dolía pensar en ella, pero no en las cosas grandes, pues aquellas cosas las había bloqueado. Le dolía recordar lo poco que se permitía: aquel lunar pequeño que tenía en el cuello. Las pocas pecas que tenía en la mejilla izquierda. Sus impactantes ojos que lo dejaron sin aliento la primera vez que los vio.
Nick se sacudió en un sollozo. El suelo estaba mojado, pero su alma estaba seca e inerte a su lado, mientras lo jalaba, intentando secarlo a él también.
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Voluntad De Sangre
Ficção CientíficaEl pánico no puede existir si el peligro no es inminente. Es por ello que todo transcurre con normalidad en High Hills, mientras el peligro acecha. Nadie sabe que entre lo oculto, las sombras escuchan. Nadie sabe que entre lo que aparenta ser norma...
