Capítulo 2

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Nelly estaba desnuda.
Se encontraba en una habitación oscura y maloliente. El piso estaba cubierto de algún líquido amarillento, que parecía ser la fuente del peculiar olor.
Ella estaba de pie, frente a una pared tan alta que parecía no acabar, pues sin importar que tanto Nelly arqueó su espalda, no pudo ver el techo. Aquella pared estaba pulida e inmaculada, por lo que le devolvía su reflejo.
Pese a que estaba un poco distorsionado, Nelly notó de inmediato que había alguien observándola desde sus espaldas.
Consciente del peligro, se giró rápidamente y se encontró con unos grandes ojos color terracota que le devolvían la mirada.
Allí había una mujer de rostro redondo.
Le pareció que aquella mujer la devoraba con la mirada y aquello la incomodó, por lo que sin notarlo envolvió su cuerpo con sus brazos, intentando protegerse.
Aquella mujer curvó sus pequeños labios para dejar salir un graznido, que era entre risa y lloro. Tras aquello el duelo de miradas continuó durante algunos segundos, aunque para Nelly fue una eternidad. Lo único que la mantuvo mirando fue encontrar formas y matices danzantes en aquellos ojos.
Notaba como la esclerótica era del blanco más liso que había visto nunca y le asustó notar la ausencia de venas.
Sin aguantar más, Antonella desvió la mirada, para mirar a su alrededor.
Entonces la mujer volvió a soltar aquel extraño graznido mientras estiraba su mano. Se notaba por sus movimientos que quería tocar la cara de Antonella, a lo que ella retrocedió lo más rápido que pudo, solo para llegar a un borde y empezar a caer en picada. Lo último que escuchó fueron los graznidos de la mujer, esta vez, incesantes.
Nelly se revolvió mientras caía y, sin saber dónde estaba el fondo de aquel precipicio, se despertó al lado de Nick.
Al abrir los ojos, sus agitadas respiraciones se convirtieron en sollozos: estaba aterrada.

- ¿Cariño? Son las... Dos de la mañana... ¿Tuviste una pesadilla?
- No... Bueno, sí. Pero duerme cielo, mañana debes estud...

Nelly no acabó la frase al notar que Nick roncaba. Antonella intentó sonreír y le dió un besito en la frente.
Ella estuvo intentando calmarse por algunos minutos y, tras estar más serena, intentó volver a dormir, pero solo consiguió dar vueltas en la cama y recordar aquellos ojos y los graznidos. Así que al fin, se dio por vencida y se levantó de la cama.
El frío suelo recibió sus pies con normalidad, cosa que calmó a Nelly.
Ella, para aprovechar el tiempo, se fue a la sala de estar y se puso a leer. Se devoró un libro que le había llevado Nick: La Turba. Aquel libro corto era sobre el engaño y la traición hacia un hombre, lo que le costó la vida, y como él estuvo dispuesto a morir para salvar a sus conocidos.
Lloró al finalizar el libro, pues admiraba la abnegación y la valentía de aquel personaje y muy en el fondo le dolía la falta de aquellas virtudes en ella misma.
La cobardía la había llevado a retroceder y por ello había caído.
¿Qué hubiera pasado si la mujer le hubiese tocado el rostro?
Recordar aquellos ojos le hizo querer vomitar. Notó como aquello erizaba su piel y le daba arcadas. Pensar en aquellos ojos de muñeca; perfectos e inertes, pero siendo consciente de que estaban con vida...
Aquello fue la gota que colmó el vaso y tuvo que correr al baño, donde devolvió toda la cena.
Al incorporarse se encontró con un adormilado y preocupado Nick, quien tras preguntarle si estaba bien, la había ayudado a volver a la cama y hasta le había hecho un té, para que pudiera conciliar el sueño.
En un tibio abrazo, Antonella de alguna manera consiguió arrastrarse a las profundidades del sueño una vez más, aunque esta vez no vio ojos desagradables, mujeres que graznaban ni hombres abnegados.
Cuando el reloj marcaba las ocho y catorce de la mañana, Nelly salió de la cama.
Le dolía terriblemente la cabeza por la falta de sueño y aquel día parecía advertirle que debía quedarse en casa.
El clima estaba lluvioso y encapotado, siendo uno de los días más fríos que Antonella recordaba haber vivido.
Pese a todo, a Antonella le quedaban pocas horas antes de salir a trabajar.
Se acababa el año, y gracias a eso la cafetería estaba muy ajetreada y a Nelly le pagaban extra, por lo que aceptaba cada hora que su jefe le ofrecía.
Nelly llenó la bañera con el agua más caliente que pudo y se dio un baño, en el que perdió unos cuarenta minutos.
Al salir del baño cobijada por su toalla y dirigirse a la cocina, notó que Nick había dejado unos cupcakes para ella en el horno y lo amó por ello. Con cuidado, tomó dos y se preparó un café con agua hirviente.
Notó su error al tomar un trago.
Con menos ganas de salir, si eso era posible y con la lengua quemada, se dirigió a la habitación para tomar un cambio de ropa.
Tras una dubitativa media hora, recordó que debía comer y volvió a la cocina.
Encendió la televisión y se tomó su café frío mientras pensaba en si llamar a la cafetería para inventar algún resfriado.
En la tele pasaban otro reportaje sobre Denntrey, aunque ya habían pasado varios días desde su muerte.
Antonella dejó su taza en el fregadero mientras corría al auto porque; sin notarlo, el tiempo corría y ya eran las nueve y media e iba a llegar tarde al trabajo.
Entre maldiciones y sin lavarse los dientes salió de casa de Nick a las nueve y cuarenta.
Aunque, técnicamente salió de su casa también, pues la última vez que había dormido en casa de su madre había sido algunos años antes. Aún así le parecía más sencillo referirse a esa casa como la de Nick. Tal vez porque él nunca le había pedido que vivieran juntos. Había sido una situación gradual que había acabado con ella durmiendo allí todos los días.
Condujo con prisas, intentando tomar atajos, pero al final eran las diez y doce cuando llegó a la cafetería.
Aparcó sin notarlo, porque estaba atrasada, pero al acercarse caminando se dio cuenta de que la cafetería estaba rodeada de cinta policíaca y había una gran multitud congregada.
Incluso estaba la prensa local, con una de las reporteras más conocidas narrando lo ocurrido.
- Esta mañana a eso de las seis y treinta el dueño del local fue hallado muerto por su esposa...
Nelly tragó con dificultad.
¿Muerto?
Rápido, corrió hacia la gente, buscando un oficial de policía que le indicara lo sucedido.
A lo lejos, la reportera seguía informándole a los desinteresados ciudadanos de High Hills.
Nelly no escatimó y repartió golpes y codazos para buscar un lugar por el cual pasar.
- ¡Oficial! No entiendo... ¿qué ocurre?
La voz de Nelly temblaba, junto al resto de su cuerpo.
- Señorita, ya la reportera ya se encargó de decírselo a medio pueblo y...
- Usted no entiende, yo vine a trabajar para el señor De La Rosa.
La expresión de el oficial cambió.
- Acompáñeme, por favor.

(...)

Luego de unas largas horas en la comisaría y de cansinas preguntas repetitivas, Nelly pudo al fin irse de ese horrible lugar que olía a café y a mugre.
Era tarde y ese día tenía clases importantes en la universidad, aunque por la hora, ya no podría llegar a la mayoría.
Sin perder el tiempo Nelly se subió al autobús, para ir a buscar su auto a la cafetería. Allí, sentada a la par de una chica muy joven, revisó su celular. Tenía 27 llamadas perdidas y 5 mensajes.
Preocupada, se dio cuenta de que la mitad de las llamadas eran de Nick, las otras eran de Malorie, su mejor amiga.
Llamó a Nick primero, quien no le contestó. Luego llamó a Malorie quien tomó el teléfono en el primer timbrazo.
- Hola nena.
- ¡Antonella! ¡Idiota, estaba tan preocupada! Ví las noticias y la cafetería, me preocupé y no atendías el teléfono, por eso...
Nelly interrumpió a su amiga, pues estaba segura de que esa cadena de susesos acabaría con Malorie contándole que había montado un poni rosado en Alaska.
- Estoy bien, parece que fue un robo que salió mal. Yo no conocía mucho a el señor De La Rosa... Pero me dio mucho miedo, ¿Y si yo hubiera estado ahí?
- Lo sé, lo mismo pensé yo. ¿Ya hablaste con Nick? Me llamó preocupado hace un rato y no sonaba nada bien, chica.
- No atiende el teléfono, voy a volver a intentarlo...
- De seguro salió a comer waffles otra vez. Sabes que eso calma a Nick, por alguna razón.
- Lo sé. Espero que sea eso. Bueno, Malorie. Te llamo más tarde se acerca mi parada.
- ¿Andas en autobús? Creo que el fin del mundo está cerca.
- Sí... Me llevaron a la comisaría para hacerme preguntas, así que dejé mi auto ahí.
- Que miedo Nelly. ¿Te llevaron como a una criminal?
- No, no. Fueron muy amables, pero te cuento más detalles luego.
- Está bien, cuídate.

(...)

Tras bajarse del autobús y entrar a su auto Nelly suspiró. Revisó que todas sus pertenencias estuvieran allí y cuando notó que sí, llamó a Nick, aún sin respuesta.
Sin más remedio, se rindió, y suspiró preocupada.
Luego de conducir a la universidad y asistir a sus últimas clases, al fin Nelly volvió a casa.
Se notaba pesada, sin energía y hasta mareada, lo que atribuyó a su día y sin pensarlo dos veces, se metió en la cama.

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