La tensión se podía cortar con un cuchillo.
La mirada aterrada de Violet definía lo terrible de la situación, pues en el momento en el que Roxanne hizo contacto visual con ella, el tiempo pareció detenerse.
Violet dejó de resistirse al agarre de sus captoras, pues estaba tan aterrada que incluso moverse le daba miedo.
Pese a todo, Roxanne solo le dedicó una mirada desinteresada, pues su vida le importaba más que tomar venganza en aquel momento.
- Chicas - dijo Roxanne, dirigiéndose a sus hijas, en medio de sollozos - ustedes deben quedarse. Por favor, perdónenme por hacerlas pasar por esto.
- Madre, no llores, - dijo una en medio de su propio llanto - nosotras protegeremos la mansión, para que vuelvas.
Aquella frase se quedó en el aire, mientras todas lloraban, sabiendo que nunca volverían a verse, y que aquella mansión sería destruida en pocos minutos.
- Gracias por todo, hijas mías. Y a esa alimaña, que tienen ahí, asegúrense de muera de forma lenta, en medio de sufrimiento.
- Como ordene, señora.
- Nos veremos si es que hay otra vida.
Tras aquello Roxanne y su grupo salieron de allí, corriendo lo más rápido que podían, tratando de ganar tanta distancia como fuera posible.
En tanto salieron de la parte poblada de la ciudad, se adentraron lo máximo posible en el bosque, y allí cada una alteró su cuerpo, para que esto les permitiera correr aún más rápido. Entre algunas de las alteraciones, hubieron unas que alargaron sus piernas, otras vomitaron su grasa y parte de sus músculos, para hacerse más ligeras... al final, los cambios fueron tantos y tan dramáticos, que lo que iba corriendo por aquel bosque no era un grupo de humanos reconocibles ni mucho menos: por allí huían monstruos que habían mantenido su forma humana demasiado tiempo, para pasar desapercibidos.
(...)
Había llegado el punto en el que ni siquiera el alcohol lo distraía de su dolor.
Nick no entendía cuánto más tendría que sufrir. Tampoco entendía por qué aquello le pasaba a él.
¿Sería acaso que existía alguna fuerza que lo estaba castigando? ¿Sería sólo mala suerte? ¿Habría hecho enojar a alguna persona poderosa?
La falta de respuestas estaba a punto de volverlo loco.
En poco menos de dos meses había perdido a su novia, a su mejor amiga y algún enfermo había exhumado el cuerpo de su novia.
En toda su vida Nick nunca había estado más delgado, ni más demacrado.
Debía de ser que el lugar que antes ocupaba su vitalidad y su grasa, se había llenado de desesperación, pues él ya no le hallaba sentido a su propia existencia.
Si algo lo mantenía con vida era su madre, a la que se negaba a hacer sufrir más.
Y además, no tenía un arma, o algo que le hiciera irse en paz.
A Nick le avergonzaba pensar en cuántas veces le había dado vueltas a la idea en los últimos días, pues cada vez le importaba menos el posible sufrimiento de su madre.
Incluso, la idea de que así le ayudaría a descansar de cuidarlo, crecía cada vez más.
Casi le hacía reír el pensar en lo inocente que era hasta hacía poco, yendo a la universidad, con la esperanza de formar una familia con Antonella en el futuro.
Incluso, la idea de ser padre que había tenido hacía relativamente poco, le parecía ridícula. Pensar en lo mucho que le había alegrado la idea le dolía, pues ahora se alegraba de que no hubiera sido verdad.
Nick realmente se consideraba incapaz de soportar alguna pérdida más, y enterrar a un hijo hubiera sido demasiado para él.
Tenía todos estos pensamientos mientras miraba al techo de su antigua habitación, en la que había estado durmiendo desde que Nelly ya no estaba.
Pese a todo, y si es que podía sacar algo positivo de su vida actual, era que tenía a su madre con él.
Aquella mujer era una excelente persona e incluso una mejor madre. Desde que Nick podía recordar, había estado ahí para apoyarlo y para sacarlo adelante.
Sin importar la situación de Nick, siempre tenía las palabras correctas, y cuando no las tenía, le daba fuerza con sus abrazos.
Era por ella que había dejado de beber, y era por ella que estaba vivo.
Justo mientras pensaba en aquello, la mujer entró a la habitación, con un plato humeante, lleno de alguna comida deliciosa.
- ¿Cariño? Ah, estás despierto. ¡Mira! Hice de tus favoritos, ¿quieres comer?
Nick la miró en silencio y, por primera vez desde hacía demasiado tiempo, se permitió sonreír.
- Gracias mamá.
Su madre lo miró atónita mientras sus ojos se humedecían. Tras dudar un poco, le sonrió de vuelta y le dio un beso en la frente mientras le entregaba la comida.
- Mírame, llorando porque me hablas, ja, ja. Jamás pensé que llegaría este día. Toma, está calientito.
(...)
Caía la noche y con ella el frío se elevaba. Ella estaba mirando a la nada, perdida en su propia cabeza.
Uno de sus hijos le hablaba mientras ella asentía en silencio, tratando de escucharle.
Estaba sentada en aquella silla tan incómoda que le habían dado, pero era tan bonita que se rehusaba a quejarse.
Estaba en medio de su calma, cuando la puerta se abrió.
Por ella entró otro de sus hijos, Ahgar.
Él estaba calmado, como siempre, pero había algo en su mirada que le alertaba.
- Ha pasado algo Madre.
(...)
La noche ya estaba avanzada, pero no nevaba.
Roxanne y sus hijas estaban demasiado cansadas para seguir, pero el destino aún estaba demasiado lejos.
- Señora, ya a esta hora de seguro que han enviado a alguien tras nosotras.
- Necesitamos parar.
Roxanne razonó que aunque continuaran corriendo, lo harían de forma ineficaz, y que por eso era mejor hacer descansos breves, en los que recuperar la fuerza.
- No iremos a la otra casa. Ese destino se lo sacarán a sus hermanas con torturas, así que debemos ir a otro lugar. Vera, lleva a algunas de tus hermanas y empiecen a cavar, pasaremos la noche aquí.
- Sí señora.
Habían recorrido una distancia bastante razonable. El grupo seguía completo y no parecía que alguna otra Portadora estuviera cerca. Todo estaba en demasiada calma, y eso molestaba a Roxanne, quien estaba ansiosa.
Al darse el lujo de parar, se dio también el lujo de pensar, y debido a ello se entristeció muchísimo.
Su propia falta como líder había hecho que dos terceras partes de sus hijas estuvieran probablemente muertas. Aquello le pesaba en su corazón, y le traía recuerdos que prefería haber olvidado.
Roxanne sabía que no podría huir por siempre, y que tarde o temprano las iban a encontrar. Pero, es que había salido en busca de una oportunidad de vivir. Si conseguía ser considerada una fugitiva fuerte y peligrosa, entonces un juicio sería llevado a cabo. Aquello le daba la oportunidad de atrasar su sentencia, y con suerte, le daría también la capacidad de defenderse con palabras. Porque, si no huía y se quedaba en su mansión, la matarían sin pensarlo dos veces.
Roxanne dejó a su grupo, mientras éstas cavaban para hacerse un refugio, y se alejó para poder llorar en soledad.
Cuando estuvo lo suficientemente lejos, dejó de fingir fortaleza y se desmoronó en llanto, recordando su vida, antes de que aquella cosa la convirtiera en un monstruo.
Roxanne siempre había sido una mujer fuerte, pero perder a tantos allegados estaba llevándola a un punto sin retorno.
No entendía porque la Matriarca había sido tan cruel, dejando que aquel parásito se reprodujera, obligándolas a todas a sufrir aquel destino tan cruel.
Aquella Sociedad que se había situado no dejaba de cometer injusticias, y de hacer sufrir a cada vez más personas. Y es por eso, que tal Sociedad debía dejar de existir.
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Voluntad De Sangre
FantascienzaEl pánico no puede existir si el peligro no es inminente. Es por ello que todo transcurre con normalidad en High Hills, mientras el peligro acecha. Nadie sabe que entre lo oculto, las sombras escuchan. Nadie sabe que entre lo que aparenta ser norma...
