Cap. 1 El Despertar del Caos

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Narra Karlheinz:

(Caminando de un lado a otro con paso pesado)

—Carajo, debo decidir si decirles la verdad o no... ¿Arriesgarme o prevenir? Estoy tan confundido, pero creo que ya es hora de que ellas —o mejor dicho, ella— regresen. No puedo arriesgarme a que Akira los mate a todos, aunque confío en que, si la libero, podrá comprender finalmente el propósito de mis planes.

Me detengo un momento, apretando los puños.

—Pero es tan parecida a mí; es terca y nunca entenderá. Jamás me escuchará. En cambio, mi querida Moka-san... ella sí lo hará. Ella puede que me apoye y logre que su hermana me comprenda. Es su gemela; es la única que tiene una oportunidad de hacerla entrar en razón... o puede que Akira termine matándola en un arranque de furia.

Aquel vampiro, el Rey de los Vampiros, el hombre que todos consideran valiente y fuerte, le temía en secreto a su propia hija adoptiva: Akira. Aunque no comparten la misma sangre, ella fue la primera en ser acogida bajo su manto. Hija de una guerrera legendaria, Akira nació con dones y poderes que desafían la imaginación. Aquella mujer es como la misma diosa Venus: hermosa y deseada por cualquier hombre, pero poseedora de un poder devastador que usa a su antojo. Si alguien desea conocer su peor lado, solo debe provocarla; es la manera más fácil de asomarse a su oscuridad.

Es temida por todo el mundo vampírico; con solo mencionar su nombre, los inmortales buscan refugio. Aquella mujer, conocida como "La Diosa del Caos", es digna de ser la primogénita adoptiva de Karlheinz.

Mientras tanto, Moka es su contraparte perfecta, aunque también posee una veta sádica y cruel. Es una mujer de cabellos blancos y ojos rojos, con una figura hermosa que, de igual forma, despierta deseos prohibidos. Ella es la segunda hija adoptiva y, aunque le temen, su nombre no es tan infame como el de su hermana. La apodan "Luz de Luna"; su apariencia albina la hace parecer la misma hija del astro nocturno. Moka tiene un control mucho más estricto sobre sus poderes y es la única que puede ayudar a contener a Akira si esta pierde los estribos.

Aun así... a ambas se les teme por igual cuando caminan juntas, pues el mundo las conoce como "Las Princesas del Apocalipsis".


En el Castillo

En el fondo de un calabozo oscuro y húmedo, se podía apreciar la silueta de una bella mujer de cabello rojo encendido. En sus muñecas pesaban cadenas de plata pura, colocadas para anular su escape; allí se encontraba la primogénita, Akira. Como si pudiera percibir el dilema de su padre adoptivo a través de los muros de piedra, comenzó a reír de una manera malvada, sabiendo que su liberación era inminente.

Akira: Creo que ha llegado la hora de salir de este maldito agujero.

Con un movimiento violento, la mujer tiró de las cadenas, rompiéndolas como si se tratasen de simples cuerdas podridas, y se encaminó hacia la salida de la prisión con elegancia depredadora.

Akira: Será mejor que se preparen para lo que viene... pero sobre todo tú, querido "padre".

La mujer se dirigía a su antigua habitación cuando se encontró de frente con su hermana.

Moka: (Tartamudeando, con el rostro pálido) ¿Cómo... cómo fue que saliste del calabozo?

Akira se detuvo y respondió con un tono serio, frío y cargado de un desdén que heló la sangre de su gemela:

Akira: Sabías bien que, si me dejé encadenar, fue solo para que mi diversión fuera más dulce después.

Finalizó la frase con una sonrisa gélida, dejando a Moka sumida en el silencio mientras pasaba a su lado.

Las Gemelas SakamakiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora