Cap. 27 Solo una vampira podrida

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Akira: No puede ser... No, no, no...

Akira veía dentro de una de las celdas el cuerpo inmóvil de Reiji, quien estaba encadenado con sus brazos abiertos.

Akira: Reiji, despierta, vamos... Reiji, despierta, por favor, amor, despierta.

Akira le daba pequeñas palmadas en el rostro para que lograra despertar. Dejó de hacerlo cuando él comenzó a abrir los ojos lentamente.

Reiji: A... Aki... ra... ¿Eres tú?

Akira: Estás despierto, qué alivio...

Reiji: Pero ¿cómo fue? ¿Cómo es que estás viva? Nos mostraron tu collar.

Akira: Estoy bien... Mírame.

Akira empezó a quitarle las cadenas a Reiji y él cayó, pero antes de que tocara el suelo, Akira alcanzó a sostenerlo.

Akira: Anda, vamos, sé que puedes caminar.

Lo llevó hasta lo que solía ser la biblioteca y lo dejó descansar en un sillón.

Akira: Toma, estás muy débil.

Akira se mordió la muñeca y se la extendió a Reiji, quien la aceptó con gusto y comenzó a beber de ella.

Reiji: Gracias... Me alegra que no te haya pasado nada. No sabes cuánto me asusté al ver tu collar en manos de Kino... No sé qué haría si te perdiera.

Reiji, con las fuerzas que tenía, se levantó y besó a Akira. Ella no sabía si aceptarlo o no, pero al final lo hizo.

Akira: Y tú no sabes qué haría yo si te perdiera... Pero no es momento para esto; debemos buscar a los demás.

Reiji: Tienes razón.

Akira: Reiji, prométeme que, si pasa algo o Kino nos encuentra, correrás y buscarás a Moka y a Mitsuke. Lo demás ellos te lo explicarán.

Reiji: Pero Mitsuke... ¿Cómo fue que...?

Akira: Pronto lo sabrás, ahora vamos.

Akira comenzó a caminar junto con Reiji. Estaban subiendo las escaleras cuando Akira sintió que alguien se acercaba, así que caminaron más rápido y se escondieron tras una columna.

Kino: Pero ¿cómo es que esa maldita está viva? Yo la maté con mis propias manos. ¡YO LA VI MORIR, REIK!

Reik: Lo sé, mi señor.

Akira no sabía qué hacer y, al otro lado del pasillo, vio a Mitsuke, quien estaba paralizado por el miedo.

Akira: (Solo moviendo los labios) Quédate ahí.

Mitsuke entendió el mensaje.

Akira: (En voz baja) Reiji... tengo que salvar a Mitsuke. Perdóname, pero no puedo permitir que lo vean.

Reiji: (En voz baja) No, espera. ¿Qué pasa si te pierdo? ¿Qué es lo que haré? No podré vivir sin ti.

Akira: (En voz baja) Estaré bien, solo haz lo que te dije.

Mitsuke quería irse de ese lugar, pero al tratar de moverse hizo ruido. Akira y Reiji se alertaron.

Akira: Así que aquí estabas, maldito Kino.

Kino volteó a ver a Akira; tenía una mirada de asombro al ver que ella estaba bien y no tenía ni un rasguño.

Kino: Pero... ¿cómo fue que pudiste? Tsk, sabes que no hay problema, te volveré a matar las veces que sea necesario.

Akira: Eres muy hablador, ¿por qué mejor no actúas?

Kino: Tsk...

Akira atacó a Kino, haciendo que cayera rodando por las escaleras. Ella bajó tras él mientras Reiji aprovechaba para ir en dirección a Mitsuke.

Mitsuke: ¡Papá!

Reiji: ¡Mitsuke, hijo! Vámonos.

Mitsuke: Pero ¿y mamá? La volverán a dañar.

Reiji: Tu madre es muy fuerte; ya verás que podrá escapar.


Las Gemelas SakamakiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora