Cap. 28 La verdadera

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Akira: No eres más que una asquerosa basura...

Akira estaba agitada, al igual que Kino. Ambos habían recibido daños, pero Kino estaba muy mal.

Kino: Pero ¿qué diablos hiciste para tener esta fuerza?

Akira: ¿Acaso aún no te has dado cuenta de que no soy la Akira de esta época? La Akira de esta época es amable, cariñosa y bondadosa; en cambio, yo soy vengativa, sádica y no tengo piedad ante nadie... No me importa que seas de mi familia.

Kino: Eso es imposible... Tú, tú no puedes...

Akira: ¿Estar aquí? Claro que puedo... Y es más, vine para matarte. Y lo haré si no me dices dónde están los demás.

Kino: Jajaja, eso lo tendrás que averiguar por tu cuenta, maldita.

Akira: Bien, entonces eliges tu sentencia...

Akira siguió peleando con Kino, quien ya estaba débil. Ella tomó esto como una ventaja, así que recurrió a su última opción: llamar a Shiro, Akuma y Tadaka.

Akira: ¡Ahora! Shiro, Akuma, Tadaka.

El dragón se convirtió en un chico albino de ojos verdes y alto; el brazalete es Akuma y se transformó en una chica de cabello azabache y ojos violetas; y Tadaka es el broche de rosa azul, que se transformó en un chico pelinegro de ojos grises y alto.

Kino: Pero ¿qué diablos...? ¿De dónde salieron ellos?

Akira: Chicos... necesito que me ayuden con él.

Shiro: Como ordene, mi señora.

Los cuatro siguieron peleando y Akira tomó aquel regalo de su padre y lo convirtió en una espada de plata.

Akira: Esto es por haber dañado a mi familia.

Akira clavó la espada en el pecho de Kino, quien escupió sangre.

Kino: Al principio... fuiste como una gatita... Pero ahora... solo veo a aquella mujer que alguna vez amé... pero me fue arrebatada por mi padre...

Akira: Tsk... Eso no fue motivo para acabar con cada uno de tus hermanos y tu sobrino.

Akira sacó con brusquedad la espada y la limpió.

Akira: Escuchen bien. Shiro, quiero que te transformes y busques a cada uno de mis hermanos, a mi hermana y a su hijo. ¿Entendido?

Shiro: Como ordene, mi señora.

Akira: Bien... Akuma, Tadaka, quiero que acaben con un humano de cabello rubio y ojos miel; pueden hacer lo que quieran con él.

Los dos mencionados sonrieron sádicos.

Akuma y Tadaka: Como ordene, mi señora.

Akira subió corriendo las escaleras y buscó a los demás.

Akira: ¡MOKAAAAA! ¡MITSUKE! ¡AYATO! ¡REIJI! ¡SHUU! ¡LAITO! ¡SUBARU! ¡KANATO! ¡¿DÓNDE ESTÁN?!

Moka: ¡AKIRAAAAA!

Akira, al escuchar la voz de su hermana, comenzó a correr hasta donde había provenido el grito. La vio junto a los demás; vio a los dos Reiji y a su hijo.

Mitsuke: ¡MAMÁAAAA!

Akira: ¡Mitsuke!

El niño corrió hasta Akira y la abrazó. Ella lo pegó más a su cuerpo y las lágrimas brotaron de sus ojos.

Reiji: Ya me explicaron todo... No sabes cuánta alegría me da verte.

Akira: A mí igual, Reiji... Shiro está buscando a los demás, así que vayamos a la sala; necesito acomodar todo otra vez.

Al estar abajo, Akira volvió a hacer lo mismo que la otra vez, dejando todo en su lugar y limpio. Tiempo después, Shiro llegó con algo en sus garras.

Akira: Transfórmate, Shiro.

Shiro se volvió humano y le dio a Akira un pedazo de tela blanca.

Shiro: Los encontré. Aún siguen con vida, solo que están muy malheridos.

Akira y los demás se dirigieron a una parte oculta en la biblioteca, la cual los llevaba a unas escaleras que, al bajar, daban a un cuarto de piedra. Ahí estaban todos, incluyendo a la Akira de esa época, solo que ella yacía allí sin vida. Los subieron a todos y el Reiji del futuro vio a su esposa inerte.

Reiji: Vamos, amor, despierta... por favor.

Moka: Vamos, Aki, podemos hacerlo.

Akira: Pero es peligroso, recuerda que casi...

Moka: No importa...

Moka tomó de la mano a Akira y la guio hasta el cuerpo de ella misma. Las dos se hincaron y se sujetaron fuertemente. El silencio rodeó la mansión y una luz comenzó a brillar, envolviendo a las hermanas, quienes permanecían con los ojos cerrados y respirando lentamente hasta que aquella luz las encerró; solo se podía ver cómo ambas sangraban de la nariz.

Las Gemelas SakamakiHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora